El ministro de Defensa se anotó en las PASO presidenciales del FpV, con el sello de CFK. Aunque esquiva hablar de sus contrincantes internos, el funcionario, en diálogo con La Tecla, no regatea definiciones políticas de alto voltaje
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“Empecé a pensar en esta posibilidad entre diciembre del año pasado y febrero de este año. Me tomé un tiempo prudencial, recorrí el país y charlé con dirigentes y militantes del FpV. Y me encontré con dos voces: una que me pedía que acompañe a la Presidenta y otra que me decía que la mayor aspiración era darle continuidad al cambio que empezó el 25 de mayo de 2003. Y creo que una candidatura mía puede ser capaz de interpretar estas dos intenciones. Por eso consolidé y maduré la idea de formalizar mi candidatura a Presidente”, explica con detalle el ministro de Defensa, Agustín Rossi.
La entrevista se desarrolla en su amplio despacho, donde conviven con exquisito orden una mesa de reuniones, un escritorio de corte antiguo, un rincón adaptado para cuatro pantallas de TV y un coqueto espacio con sillones, que simula un living.
La excusa principal de la nota es hablar sobre su precandidatura presidencial en el FpV.
La gestión, la campaña y los shows mediáticos a los que recurren muchos candidatos se mezclan durante la charla.
“Cada uno trata de transitar la vida política en los lugares donde se siente más cómodo; yo no impugno nada, si alguien cree que el show es el camino donde puede posicionarse mejor, bueno. En mi caso, la política es algo más que eso; es, fundamentalmente, debate, defender ideas, valores, convicciones, propuestas; la política no puede ser solamente un posicionamiento o un debate de colores. Los colores tienen que significar cosas, no tiene que ser solamente marketing; me parece que a Argentina le vendría muy bien que en esta campaña electoral se vea a los dirigentes debatiendo cuestiones que importen a los ciudadanos.
-¿Cree que hacen falta debates políticos en los medios?
-Independientemente de si el escenario es un set de TV o no, el debate debe tener una agenda con los temas que preocupen
a la gente. En este marco es que me parece importante plantearlo. Por ejemplo: la movilidad jubilatoria fue una ley que votamos casi en soledad los diputados y senadores del oficialismo. ¿Los candidatos opositores la van a mantener? Porque, como votaron en contra, uno presupone que están en contra. Escuché a Sergio Massa, sobre el final de la campaña de candidatos
a diputados, en una reunión con empresarios y banqueros, que dijo que podía llegar a modificar la ley que nacionalizó las AFJP. Creo que si él la quiere modificar, que lo diga. Hay muchos dirigentes políticos que hablan claramente de bajar las retenciones; habría que decir cómo se van a seguir sosteniendo con menos ingresos fiscales una cantidad de políticas que lleva adelante el Estado. Cuando uno plantea bajar derechos de exportación, plantea bajar ingresos del Estado, y el Estado tiene una gran cantidad de compromisos que lleva adelante.
-¿Cree que el debate político actual es muy pobre?
-Me parece que a veces queda reducido a uno o dos puntos: si hay inflación o no, si hay seguridad o inseguridad. No digo que no sean temas importantes, pero me parece que hay una gran cantidad de cuestiones en las que uno tendría que fijar una posición. Porque en Argentina el debate electoral tiene que tener más ideas y menos colores. Un candidato no es solamente marketing, no es sólo publicista.
-¿Está en contra de estas nuevas formas de hacer campaña?
-No, pero eso debe ser sólo una herramienta para que tus ideas se comuniquen mejor y lleguen a la mayor cantidad de argentinos. Ahora, si el candidato es solamente un envase, sólo un color, sólo frases hechas, sólo lugares comunes, no terminás sabiendo qué es lo que piensa, y después, para gobernar, no le sirve sólo el envase. Tiene que tomar decisiones, plantear planes y estrategias de gestión. Si todo es marketing, en una de esas abrís el envase y no encontrás nada. Hablo en términos generales, claro.
-Cuando CFK peleó la senaduría por Buenos Aires (2005) no participó de ningún debate, y la campaña se basó en su imagen y la de Néstor Kirchner.
-Cristina maneja discursos cargados de ideología, con un fuerte sentido de la política. Esa era una elección en donde, claramente, tenía por sí misma una cantidad de significados: la aparición de Cristina como candidata en la provincia de Buenos Aires, la confrontación con Duhalde, a través de “Chiche”; se marcaba bien una situación donde el liderazgo del proceso político que había empezado en 2003 quedaba claramente consolidado. Me parece que si hay algo que a la Presidenta no se le puede decir es que no haya tenido propuestas, o no haya hablado de política.
-Pero, llamativamente, nunca aceptó conferencias de prensa con repreguntas.
-Entiendo que desde la mirada de un periodista la repregunta sea un valor inmaculado a preservar, pero me parece que un candidato se puede mirar desde diferentes lugares: en un discurso, en una acción de gobierno. Igual creo que después de que nuestro jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, estoicamente ha dado conferencias de prensa todos los días desde que asumió, esto de que los kirchneristas no damos conferencias ya quedó absolutamente desmitificado (sonríe).
-¿Antes de anunciar su candidatura lo habló con CFK?
-Lo que se habla con la Presidenta no se dice (vuelve a sonreír).