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Domingo, 25 octubre 2026
Argentina
LEGISLATIVAS 2013

El déjà vu y los fantasmas

En un escenario muy similar al de 2009 comienza a pensarse en algunos sectores el posible adelantamiento de las elecciones. Razones para hacerlo, trabas legales y cómo cambia el esquema para unos y otros

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Escenario: repetido, elecciones legislativas.
Contexto: calcado, crisis económica global y una larga pelea con un sector fuerte. Actores: casi los mismos.

A un año de la fecha fijada por ley para los comicios de medio término, y a poco más de nueve meses de las Primarias Abiertas Obligatorias y Simultáneas (PASO), la Argentina vive un déjà vu de la previa a las elecciones de 2009. Y en ese marco, fantasmagórica, la figura del adelantamiento del cronograma electoral vuelve a cernirse sobre el espectro político.

La percepción del momento ya vivido cierra perfectamente con alguna jugada del oficialismo para modificar los tiempos establecidos por ley, y terminar lo antes posible con la incertidumbre, ofreciendo la posibilidad de plebiscitar la gestión cristinista.

Por el momento, la idea sólo ronda algunas cabezas, con la particularidad de que ahora hay pensamientos coincidentes en el oficialismo y parte de la oposición. Para todos, el 7 de diciembre (cuando debiera quedar resuelta la pelea con el grupo Clarín) es un punto de inflexión. También para todos, una vez culminada esa pelea encarnizada llegará el tiempo exclusivo de la puja electoral. Y de diciembre a agosto (primarias) hay demasiado trecho.

Si bien el marco legal actual es más condicionante que en 2009, cuando las PASO eran sólo un proyecto, las coincidencias contextuales son demasiadas. Allá, el primer mundo caía en una crisis sin precedentes, de la que sigue sin salir. Por en-tonces, la guerra era con el campo; ahora es con el grupo Clarín. Hace cuatro años la relación de la Rosada con el peronismo aliado flaqueaba; ¿y no es así en el presente con los gobernadores cuando las arcas provinciales boquean por recursos que Nación mezquina? Sólo la notoria ausencia de Néstor Kirchner y un escenario económico más complicado desfiguran la copia perfecta.

El fenómeno de tener la sensación fuerte de que un evento o experiencia que se vive en la actualidad se ha experimentado en el pasado no podría tener mejor ejemplo.

El déjà vu es poco grato para el kirchnerismo que mordió el polvo de la derrota y, obviamente, de repetirlo lo imagina con otro final. Un recuerdo que el macrismo y el denarvaísmo, probablemente reunidos de nuevo, querrán prolongar. Una vivencia que para el radicalismo y sus satélites fue otra pesadilla, entre tantas de los últimos años.

Cada uno en su mundo Poblado de los fantasmas del pasado, el año electoral comenzará a jugarse con todo desde la temporada estival, más allá de la fecha concreta de los comicios. Esa antelación puede ser incluso una excusa para apurar tiempos.

En el búnker K todas las alternativas son analizadas, incluso hasta la posibilidad de suspender las PASO, con el objeto de limitar “avivadas de gobernadores que por ahí quieren presentar listas alternativas a las de Cristina”. El operador kirchnerista usó el plural, pero quien puede hacer verdadero daño con esa jugada es Daniel Scioli.

La convocatoria reciente para llamar a comicios en el PJ bonaerense para marzo del año próximo operó como un llamado de atención hacia dentro y hacia fuera. ¿Un ordenamiento previo para evitar internas por las listas? Muchos lo ven de ese modo.
El Frente para la Victoria necesita poblar de legisladores el Congreso y dejar las puertas abiertas para la reforma constitucional. El momento será cuando la economía y el humor social repunten. Se cree que eso podría suceder en la primera parte del año entrante. La traba es la necesidad de modificar la ley de las PASO y el Código Electoral. ¿Y el temor? Una derrota aceleraría el síndrome del pato rengo.

“Apuramos el armado porque estamos convencidos de que después del 7 de diciembre el Gobierno comenzará a trabajar sobre el escenario electoral y va a adelantar las elecciones”, confesó una legisladora de Unión Celeste y Blanco. Su jefe, Francisco de Narváez, sostiene que “a nosotros no nos cambia nada, pero sería otra desprolijidad, a las que nos tiene acostumbrados el oficialismo”. Para el Colorado, la clave estará en la imagen pública de la Presidenta al momento del sufragio.

Después del cacerolazo hubo sectores del macrismo entusiasmados con el corrimiento de las fechas, y hasta invitaron a la oposición. Ahora prefieren ser cautos, esperar y apostar por un desgaste del Gobierno de aquí a agosto-octubre.

En el antikirchnerismo, las posturas son encontradas. El peronismo disidente y el sector de Mauricio Macri apuestan a una polarización, y si bien mencionan el resguardo de la institucionalidad con el respeto de las normas vigentes, no les molestaría un adelantamiento que incluso los lleve a una polarización. Les gustaría una avanzada de gobernadores capaces de desdoblar el cronograma.

En el radicalismo, el Frente Amplio Progresista y la Coalición Cívica, las posiciones son más firmes, y también tienen que ver con el propio interés de contar con tiempo para acomodarse y cerrar alianzas, empresa siempre compleja para ellos, pese a las aparentes coincidencias.

Hoy es un déjà vu. En febrero y marzo se sabrá si llega a ser una realidad calcada o, simplemente, un tiempo pasado poblado de fantasmas.

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