27 de febrero de 2026
PERFIL
De aliado a enemigo: trasfondo e historia del barón que coronó la derrota a Kicillof
Intendente de José C. Paz desde los ’90, Mario Ishii construyó un poder territorial propio que lo convirtió en pieza clave del peronismo bonaerense. Aliado y luego adversario interno de Axel Kicillof, hoy se reposiciona con respaldo cristinista y vuelve a gravitar en la disputa por el control político provincial.

Desde hace más de dos décadas, Mario Ishii se erige como una de las figuras más resonantes y controvertidas del peronismo bonaerense. Intendente de José C. Paz desde 1999, con un breve paso por la Legislatura provincial entre 2013 y 2015, su hegemonía territorial le permitió construir un poder local sólido, ajeno a los altibajos de la política nacional.
Al inicio de la gestión de Kicillof, Ishii fue uno de los mandatarios municipales más cercanos al gobernador. Fue significativo, por ejemplo, que varios funcionarios del actual mandatario encontraron en la Universidad Nacional de José C. Paz, bajo la órbita política de Ishii, un refugio académico tras la derrota del kirchnerismo en 2015, cuando la Casa Rosada y la Gobernación pasaron a manos de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal respectivamente.
Esa cercanía inicial con Kicillof se cimentó tanto en la gestión como en la articulación política al interior del peronismo bonaerense. Ishii respaldó públicamente al gobernador como “único líder capaz de enfrentar la crisis” y alertó contra las disputas internas que, a su juicio, erosionaban al partido.
Al mismo tiempo, Ishii no tuvo empacho en criticar a La Cámpora, a la que acusó de “asesorar mal” a Cristina Fernández de Kirchner y de condicionar las decisiones políticas del espacio. Sus declaraciones públicas dejaron al descubierto una tensión interna que va más allá de simples diferencias tácticas.
Esa confrontación explícita con los sectores más cercanos a Cristina marcó un punto de inflexión. Ishii dejó de ser un aliado automático del kirchnerismo tradicional y pasó a erigirse como una voz crítica frente a la conducción que, según él, priorizaba pugnas internas por sobre la gestión y la unidad partidaria.
Sin embargo, el panorama político cambió radicalmente en los últimos meses de 2026. Ishii organizó encuentros con militantes para expresar un apoyo personal a la ex presidenta y definir la condena que la Corte Suprema confirmó como “un juego mediático y político”, al tiempo que convocó a marchas en su respaldo.
Esa aparente reconciliación con Cristina Fernández de Kirchner contradice, en cierto modo, sus críticas previas a La Cámpora, lo que deja en evidencia un oportunismo táctico más que una alineación ideológica clara. La jugada ha sido interpretada por los analistas como un intento de Ishii por realinear fuerzas en medio de tensiones internas del peronismo de cara a 2027.
La disputa no se limita al ámbito discursivo. En febrero de 2026, Ishii encabezó una cumbre de intendentes peronistas que presionó a Kicillof para que desistiera del desdoblamiento electoral provincial, marcando una confrontación abierta con la Gobernación sobre decisiones estratégicas de enorme impacto político.
La estrategia de Ishii no está exenta de polémica. Sectores opositores, como La Libertad Avanza, acusaron a su gestión municipal de instigar agresiones contra militantes durante actos políticos, lo que potenció las críticas sobre su estilo de liderazgo.
Este vaivén entre la cercanía con Kicillof, la crítica a La Cámpora y el posterior gesto público de apoyo a Cristina revela la profunda improvisación estratégica que marca la carrera política de Ishii, más preocupada por la supervivencia en escenarios de fractura partidaria que por la construcción de proyectos a largo plazo.
Tal como su experiencia política en la Primera Sección Electoral lo demuestra, Ishii es un “barón” del conurbano capaz de moldear alianzas políticas a su conveniencia, siempre atento a los movimientos de poder dentro del peronismo provincial.
En definitiva, la historia reciente de Mario Ishii muestra a un caudillo con peso propio que transita entre contradicciones y reacomodos tácticos sin perder de vista el horizonte, conservar su hegemonía regional y ganar espacios en las definiciones del peronismo provincial.