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Sábado, 1 agosto 2026
Argentina
CONGRESO NACIONAL

Un sainete sin guionista

La falta de Presupuesto 2011, para la Presidenta no presupone un grave problema, pero igualmente se nota la ausencia de un jefe político capaz de modificar el escenario. Nuevos interlocutores

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Una escena teatral, más que una bronca real. Así puede describirse la actuación del oficialismo en la Cámara de Diputados de la Nación, cuando el propio partido de gobierno daba por cerrada la discusión del Presupuesto 2011 y despotricaba contra una oposición que, por primera vez desde el retorno de la democracia, “priva a un presidente de contar con el Presupuesto”.

En la intimidad, para el kirchnerismo no es la peor noticia carecer de Ley de Leyes. Con la prórroga, el Ejecutivo nacional dispondrá el próximo año “a su antojo, de los brutales excedentes que se vaticinan”, según comentó alguien desde la cocina del poder. Igualmente, tampoco es del todo bueno afrontar un ejercicio completo con el uso y abuso de los Decretos de Necesidad y Urgencia para reasignar partidas.

Desde allí que surgieron algunas críticas tanto para los conductores dentro de la Cámara como para quienes llevaron las negociaciones desde el Ejecutivo. Quedó al descubierto otro flanco provocado por la ausencia de Néstor Kirchner: falta el interlocutor entre la Rosada y el Congreso.

El ex presidente era el guionista casi exclusivo de la obra que los actores propios y no propios interpretaban en el escenario parlamentario. “El gran déficit en el rearmado es el Congreso, se perdió ese efecto temor que infringía Néstor y ahora nadie ejerce”, dijo una fuente de la Rosada.

Aunque sabían de las dificultades, y hasta el propio Kirchner antes de su muerte había vaticinado este final para la Ley de Leyes 2011, y aunque el resultado de la riña (incluida la arremetida física de Graciela Camaño sobre Carlos Kunkel) terminaría casi favoreciendo al Gobierno, era también demostrativo de poder para el oficialismo sacar sin grandes retoques un Presupuesto que los anti K pretendían modificar.

Difícil demostrar para los denunciantes los supuestos llamados intimidantes o con presunción de cohecho realizados, supuestamente, por emisarios del Ejecutivo. Pero sí se sabe de intentos por parte de la Casa Rosada para contar al fin con la previsión presupuestaria aprobada. Eso no se logró, por más que no incomode la conclusión.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, fue quien se puso al hombro la responsabilidad de coordinar con el Congreso el tratamiento del Presupuesto. Al menos en este primer intento por erigirse en el reemplazante de Kirchner, en esa tarea las cosas no le salieron como esperaba.

Cristina Fernández se reúne con ministros y operadores, por separado, y les asigna tareas puntuales. Todavía no encuentra quién tome el rol de guionista -hasta para la letra de ciertos sectores de la oposición- que hasta hace un mes ejercía su esposo.

Aníbal Fernández alinea a los legisladores bonaerenses. El ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, tiene ascendencia sobre lo que llaman “la pingüinera”. Carlos Zanini y Oscar Parrilli hacen de nexo con los movimientos sociales y con los “halcones K”, cuyos interlocutores internos son Kunkel y Carlos Cuto Moreno. A Hugo Moyano responden quienes llegaron a la Cámara de la mano del sindicalismo. Y, en tanto ministro del Interior, Florencio Randazzo también debe asumir un rol más importante en la comuicación con el Congreso.

Además de ser muchas voces que a la larga deberán sintetizarse en una, a lo sumo dos, para los diputados la mayoría de los ministros nacionales son pares, no jefes. Según pudo averiguar La Tecla, sólo De Vido y Zanini podrían ser vistos como responsables superiores interlocutores válidos; uno (De Vido) porque en su poder está la caja y las obras, y el otro (Zanini) porque es el constructor político en quien confía la Presidenta, y a eso lo saben todos.

Para el próximo año, cuando se prevé una difusa y escasa participación parlamentaria, Agustín Rossi, en Diputados, y Miguel Angel Pichetto, en el Senado, requerirán que, si no es la Presidenta en persona, haya una decantación de voces y sea uno solo, como ocurría con Néstor, quien lleve las riendas de la relación Ejecutivo-Legislativo. Sobran candidatos, pero es obvio que faltan líderes.


Lea la nota completa en la edición de esta semana de La Tecla.

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