No olvidar, un legado para las próximas generaciones
Hoy se cumplen 34 años del comienzo de la última y más cruel dictadura militar que vivió la Argentina. Por qué recordar lo que pasó sirve para que las próximas generaciones no cometan los mismos errores del pasado y el terror no vuelva a suceder Nunca Más en nuestro país
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El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas destituían a la presidenta Isabel Martínez de Perón, usurpando el poder por medio de la violencia, dando comienzo al período más oscuro que vivió la Argentina en toda su historia.
Más de 30.000 desaparecidos, miles de detenidos políticos, cientos de miles de exiliados por cuestiones políticas, el establecimiento de una política económica que desindustrializó la Argentina y benefició a las grandes corporaciones internacionales, un brutal crecimiento de la deuda externa pasando de 6.500 millones de dólares a deber más de 45.000 millones, decenas de centros clandestinos de detención a lo largo y ancho del país, una política de represión en todos los ámbitos de la cultura y la educación, fueron algunos de los saldos lamentables que dejó la dictadura que encabezaron Videla, Massera y Agosti.
La desaparición física de personas, es sin duda el legado más atroz que dejó el accionar de las fuerzas armadas durante la década del ’70. Los secuestros de miles de personas se llevaban siempre a cabo en la oscuridad de la noche, todos camuflados y en el más absoluto anonimato, apropiándose de las cosas de valor de las casas de los secuestrados y llevándolos a centros clandestinos de detención donde eran sistemáticamente torturados hasta la muerte.
La mayoría de las víctimas eran estudiantes, obreros, representantes sindicales que luchaban contra la implementación de un plan económico que llevaban al hambre a millones de argentinos, ciudadanos que ayudaban en las villas miserias, periodistas que querían mostrar lo que verdaderamente sucedía en nuestro país, curas obreros, o simplemente amigos o supuestos amigos de todo aquel que los militares de entonces consideraban “subversivo”.
Pero sin duda una de las consecuencias más atroces de la dictadura militar y que todavía hoy tienen incidencia en la vida del país, es el haber llevado adelante un plan sistemático de apropiación de los bebés nacidos bajo cautiverio, teniendo como destino las familias de los militares y cómplices civiles que no podían tener hijos. Esto ha hecho que más de 500 chicos hayan sido despojados de su verdadera identidad, pudiendo ser recuperados hasta el momento 101, gracias a la acción de las Abuelas de Plaza de Mayo.
La valentía de los militares de la época, llegaban siempre cuando atacaban en grupo, armados y contra personas desarmadas e indefensas. Casos como el secuestro, tortura y desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, que pasaron sus últimos días en el medio de los peores vejámenes en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), muestran a hombres muy valientes contra seres indefensos, pero que cuando tuvieron que luchar por la soberanía del país, se rindieron mansamente y sin disparar un tiro frente al imperio inglés.
El secuestro y posterior asesinato de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor de Vicenzi por parte de un entonces desconocido Alfredo Astíz, querían dar el aviso a la sociedad de que no se toleraría ningún atisbo de resistencia en la ciudadanía, pero la valentía de miles de madres llevó a que la lucha se hiciera reconocida en todo el mundo y fuera una esperanza latente en el medio del corazón del pueblo argentino.
Nombres de torturadores como Rubén Chamorro, Jorge "El Tigre" Acosta, Héctor Febres, Antonio Pernías, Julio Simón más conocido como “El turco Julián”, José Alberto Sosa, Ricardo Cavallo, Jorge Vildoza, Ramón Camps, Alfredo Etchecolatz, etc, han quedado grabados en la memoria de los argentinos, como los representantes del peor accionar humano.
Pero igualmente resulta increíble encontrar en la Argentina a personajes que se encargan de defender lo imposible, y eso está dado por todos aquellos que defienden el accionar genocida de las fuerzas armadas durante los años ’70, que dejó tristes saldos en nuestro país y centenas de miles de parias sociales por las políticas económicas llevadas adelante por Alfredo Martínez de Hoz y los militares que tomaron el poder.
La imposibilidad de rever lo actuado durante los ’70 por los militares y sus colaboradores civiles, que los lleva a reivindicar sin piedad el genocidio cometido por quienes usurparon el poder en 1976, como son los casos más notables los que llevan adelante Cecilia Pando, Abel Posse, Antonio Domingo Bussi, Emilio Eduardo Massera, Luciano Benjamín Menéndez, entre otros, deja en claro la poca autocrítica de quienes implementaron un régimen de terror en nuestro país, demostrando que no se arrepintieron de sus actos, sino que los reivindican y defienden, a pesar de la casi unánime condena que despiertan los mismos tanto en nuestro país como en el extranjero.
La llegada de la democracia y la promesa de Raúl Alfonsín de que “la justicia será más dura que la venganza”, hizo creer a los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado de la proximidad de Justicia, pero los hechos políticos hicieron que el gobierno radical dictara las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, con las que cientos de represores quedaron sin castigo, y caminaron durante años por las calles sin juicio y castigo.
La llegada de Néstor Kirchner al poder, significó que se llevara adelante una política diferente en materia de derechos y se acabaran con las leyes de impunidad en nuestro país. Con la anulación de estas leyes, han comenzado en todo el territorio nacional una serie de juicios con el objetivo de dictar Justicia y esclarecer los terribles hechos acaecidos en los años ’70.
Una sociedad partida al medio, con múltiples particiones desde lo más hondo de la cuestión social, ha sido uno de los principales y tétricos legados de una dictadura que se autoproclamó como el Proceso de Reorganización Nacional, para terminar realizando las peores matanzas jamás conocidas en nuestro país, y que junto a la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, implementaron un régimen de terror que duró poco más de 7 años.
Todo lo acaecido lleva a un pasado al que más de 40 millones de argentinos no quieren volver y que esperan que las próximas generaciones aprendan de los errores cometidos por sus antecesores para que los mismos no se vuelvan a cometer en el futuro cercano. Nunca más.
Un accionar delincuencial por parte de las fuerzas armadas en los ’70 que invita a pensar sobre el verdadero rol que deben cumplir las mismas en una sociedad democrática y que hace que los argentinos griten con toda su fuerza que todo el terror de esos años no vuelva a suceder en nuestro territorio Nunca Más.