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Jueves, 13 agosto 2026
Argentina
DENTRO DEL PJ

Macri y De Narváez van por el voto disidente

Ambos tienen grandes aspiraciones de cara a las próximas elecciones. Quieren desplazar a Duhalde para quedarse con los votos del peronismo disidente. La maniobras para lograr este objetivo

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El actual debilitamiento de la oposición en el Congreso también tiene sus consecuencias en las filas del peronismo anti-K. Felipe Solá no mostró hasta ahora un perfil de liderazgo desde la presidencia de su bancada y el Peronismo Federal perdió -por el cambio de opinión de los radicales- la posibilidad de colocar a Juan Carlos Romero como Presidente Provisional del Senado. A salvo de los contratiempos legislativos, Eduardo Duhalde sigue en carrera, pero ahora debe hacer frente a las maniobras de sus ex aliados Mauricio Macri y Francisco de Narváez. Éste, convencido por José Luis Manzano y otros de que la gobernación de Buenos Aires suele ser una estación terminal de la política, arremetió anunciando el inicio de su ofensiva judicial para que la Corte Suprema lo habilite para presentarse como presidente. El apuro lo complicó, porque Félix Loñ, Gregorio Badeni y Daniel Sabsay, entre otros constitucionalistas, se inclinaron en forma unánime contra las pretensiones del empresario con argumentos difíciles de rebatir: ningún país del mundo acepta que pueda ser presidente un ciudadano nacido en otro país. Aunque, debilitado en sus chances, De Narváez seguiría tanteando el camino a la Casa Rosada. Y de tener que conformarse con buscar la gobernación, aspiraría a convertirse igual en el factótum del peronismo disidente a través de su capacidad de financiar la campaña, digitando la mayor parte de las listas a través de una estructura partidaria propia. La competencia con Macri se exacerba ahora por una serie de motivos. Los dos tienen un perfil semejante, el del empresario que intenta renovar la política y, sobre todo, ambos intentan absorber el voto peronista. Las barreras jurídicas que encuentra De Narváez hicieron renacer las esperanzas del Jefe de Gobierno porteño de volver al plan de dos años atrás. Es decir, ser el candidato del peronismo disidente, llevando un vice de pura cepa justicialista. Como es obvio, esto desalojaría a Duhalde de la carrera presidencial y lo obligaría a replegarse a Buenos Aires, perdiendo influencia nacional. Sólo la aparición de Carlos Reutemann -que es dudosa- obligaría a que Macri y De Narváez se conformen con una vicepresidencia.

Mucha agua bajo el puente

Sin embargo y pese a nombrar al peronista Humberto Schiavone como su jefe de campaña, las relaciones de Macri con la dirigencia peronista se enfriaron. Con Duhalde hay una marcada desconfianza recíproca y ninguno de los caudillos peronistas del interior simpatiza demasiado con él. Además, el balance de su gestión como Jefe de Gobierno no es precisamente su mejor carta de presentación para aspirar a la Casa Rosada. Como puntos a favor, maneja el tercer presupuesto del país y cuenta con una estructura política nacional (el PRO) que puede permitirles a los peronistas disidentes armar listas en todo el país. También hay que agregar que el jefe del Pro está entre la espada y la pared. Las encuestas que hay en capital indican que, si se presenta para la reelección el año que viene, podría perder, por ejemplo, con Pino Solanas. Y esta derrota sería aún más grave si los candidatos son Gabriela Michetti, Diego Santilli u Horacio Rodríguez Larreta. Así es que el PRO corre serios riesgos de perder lo único que realmente tiene.

El juego del adelantamiento

Los fuertes indicios de que Néstor Kirchner planea adelantar las elecciones desataron la carrera de Macri y De Narváez por tratar de capitalizar al peronismo disidente y desplazar o condicionar a Duhalde. Ambos pueden poner también en la balanza sus puentes con los Kirchner. En el caso de De Narváez, funciona la vieja relación entre Manzano y su maestro Juan Carlos Mazzón, el principal operador presidencial. Macri arrima por el lado de los negocios, ya que tanto su primo Angelo Calcaterra, dueño de IECSA, como Nicolás Caputo (Caputo Construcciones) no sólo son contratistas y concesionarios del gobierno nacional, sino que mantienen una muy fluida relación con Julio De Vido. A través de estos puentes Kirchner estaría encontrando el modo de complicarle la vida a Duhalde. Por ejemplo, si Macri y Duhalde se llegaran a presentar a elecciones por separado, esto le garantizaría al kirchnerismo llegar a la segunda vuelta junto con la UCR, porque el centro derecha y el peronismo opositor quedarían partidos. Tanto Macri como De Narváez y Duhalde lo saben perfectamente: la única chance de llegar a la segunda vuelta es que haya una sola fórmula que capitalice al peronismo anti K y a la centroderecha. Pero también es cierto que quien resulte candidato estaría en inmejorables condiciones de ir desplazando a los otros dos. De Narváez ya demostró en las elecciones del año pasado su fuerte tendencia a no negociar las listas con la dirigencia del peronismo bonaerense. Macri, por su parte, nunca le dio un solo cargo de primer nivel en la ciudad a un justicialista, lo que es todo un mensaje. Y Duhalde, aunque ya está de vuelta, no olvidaría que, después de haber impulsado a Macri durante años, éste le devolvió los favores diciendo que era un impresentable. Con De Narváez, también le pasó algo semejante. Ante el avance de dos empresarios dispuestos a relegarla a un segundo plano, la vieja guardia del peronismo se aglutina alrededor de Duhalde como la única garantía de evitar, o por lo menos, controlar, el surgimiento de un Piñera argentino.

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