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Jueves, 1 octubre 2026
Argentina
MIRANDO AL VERANO

La “industria sin chimenea” en alerta: crece la preocupación por el turismo en Mar del Plata

La pérdida de poder adquisitivo, la retracción del consumo, la caída de visitantes y el impacto de la inseguridad conforman un escenario que genera inquietud entre empresarios y trabajadores de cara a la temporada.

La “industria sin chimenea” en alerta: crece la preocupación por el turismo en Mar del Plata
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La “industria sin chimenea” vuelve a encender una luz amarilla en Mar del Plata. Con la temporada de verano cada vez más cerca, entre los sectores vinculados al turismo crece la preocupación por un escenario que combina pérdida de poder adquisitivo, menor consumo, caída de visitantes, establecimientos que cierran, costos que siguen en aumento y una rentabilidad cada vez más difícil de sostener. No se trata solamente de cuántos turistas llegan a la ciudad, sino también de cuánto pueden y quieren gastar una vez que pisan La Feliz.

Los últimos números alimentan esa inquietud. Durante la temporada 2025/26 llegaron 3.141.472 visitantes, 122.255 menos que el verano anterior, lo que representó una caída del 3,7%. Además, la ocupación global promedio se ubicó en 50,7%. El invierno tampoco permitió cambiar la tendencia: entre el 17 de julio y el 1° de agosto de 2026 arribaron 303.876 turistas, un 11,8% menos que durante el mismo receso de 2025.

Pero detrás de las estadísticas aparece una preocupación todavía más difícil de medir: el turista que sigue viajando, pero gasta menos. El bolsillo condiciona la cantidad de días, el alojamiento elegido, las salidas gastronómicas, las excursiones y hasta la decisión sobre el destino. Algunos optan por lugares más cercanos; otros directamente resignan las vacaciones. Y quienes conservan capacidad de viaje también llegan con la calculadora en la mano. Para una ciudad cuya economía depende fuertemente del movimiento turístico, esa modificación en los hábitos de consumo puede ser tan relevante como una caída en la cantidad de visitantes.

A ese cóctel económico se sumó durante 2026 otro ingrediente que preocupa especialmente: la inseguridad y su impacto sobre la imagen de Mar del Plata. Los hechos delictivos que tuvieron fuerte repercusión en la ciudad también encontraron eco en medios nacionales, con coberturas sobre homicidios, robos y episodios violentos. Y allí aparece una ecuación que el sector turístico mira con particular atención: una familia que puede viajar no solamente evalúa cuánto le cuesta el hotel, la nafta o salir a comer; también puede preguntarse qué pasa si deja su casa sola y, eventualmente, qué tan segura será la ciudad que eligió para descansar.

La discusión, entonces, trasciende el delito puntual. La repetición de malas noticias sobre Mar del Plata puede convertirse en una mala publicidad involuntaria, especialmente cuando esas imágenes circulan fuera de la ciudad y llegan justamente al público que debe decidir dónde pasar sus vacaciones. La preocupación de los sectores turísticos pasa por evitar que la inseguridad termine incorporándose al menú de argumentos con los que un potencial visitante descarta a La Feliz. 
 
Con ese escenario, el reclamo comenzó a salir de las fronteras de General Pueyrredon y llegó al Congreso. El 30 de septiembre, la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados recibió a representantes del sector para abordar la situación de la actividad y proyectos vinculados al turismo. En este escenario, el concejal Gustavo Pulti (AM-MDF) aprovechó la oportunidad para capitalizar la situación con la vista puesta en sus aspiraciones políticas para 2027. 

Y tampoco pasó inadvertido el planteo de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de Mar del Plata, que ahora puso el foco en las familias que sostienen la actividad. Allí apareció una respuesta desde otro lugar: trabajadores no sindicalizados cuestionaron que la preocupación por las familias aparezca ahora, cuando durante buena parte del año —según su mirada— no tuvieron el mismo nivel de atención. La discusión abre así otra grieta dentro de la propia actividad: quiénes son escuchados, quiénes quedan afuera y si el reclamo llega cuando la temporada ya está encima y las dificultades resultan imposibles de disimular.

Porque el problema, a esta altura, no parece concentrarse en un único dato. Menos turistas, menor poder de compra, menor consumo, costos más altos, cierres y una imagen de inseguridad que gana espacio en medios nacionales forman parte de un mismo escenario que genera preocupación. El próximo fin de semana largo del 12 de octubre aparece, en ese sentido, como el primer termómetro antes del verano. Será una foto anticipada de cuánto está dispuesto a gastar el turista, cuánto movimiento puede generar la ciudad y, sobre todo, si la “industria sin chimenea” consigue recuperar algo del aire que viene perdiendo.

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