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Domingo, 9 agosto 2026
Argentina
SIGNO DE ÉPOCA
Por Sebastián Lalaurette

Fantasmas del pasado: el trueque resurge en los barrios alimentado por la crisis

Originado al calor de la crisis de 2001, el sistema vuelve con fuerza en un nuevo tiempo de penurias. Te contamoas las historias e ideas de quienes llevan adelante grupos de intercambio. Y además, las similitudes y diferencias con la experiencia de hace un cuarto de siglo.

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Surgido a principios de este milenio, alumbrado por la crisis económica sin precedentes que desató la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, el trueque se diseminó por el país con una potencia avasalladora. Más de 300.000 personas se subieron a la ola, empujadas por la necesidad, pero también, muchas veces, por la efervescencia de lo nuevo, de lo que nunca se había probado. Los proponentes más entusiastas del sistema lo veían como una alternativa a la economía tradicional que podría sostenerse en el tiempo.

¿Retroceso a una forma de intercambio antigua, avance hacia una nueva forma de organización o huida en zigzag para encontrar un nuevo camino en la debacle de la economía? Quizás las tres cosas al mismo tiempo: hacia atrás, hacia adelante y hacia los costados, el fenómeno supo pisar fuerte en un país que se caía a pedazos.

Un cuarto de siglo después, el trueque vive un resurgimiento. Y los motivos no son auspiciosos. Otra vez son las penurias económicas las que llevan a más y más gente a participar de grupos donde se intercambian comida, ropa y otras mercaderías, y también servicios, sin dinero de por medio. Porque dinero es lo que no hay.


Variantes en ascenso
Ferias y clubes, las dos caras del fenómeno

Hay dos maneras en las que el trueque está volviendo. Una es la más “tradicional” y consiste en la creación de nuevos grupos (a veces llamados “nodos” por estar vinculados a la red nacional) que congregan generalmente a unas pocas decenas de personas en barrios del conurbano bonaerense y otros puntos del país. La otra manera es más espontánea y precaria: en las ferias, a las que la gente fue a comprar toda la vida, es cada vez más frecuente que se instalen pequeños puestos en los que, en lugar de vender, se propone el intercambio.

“Lo que sucede muchas veces en las ferias, que cada vez son más grandes, que se van ampliando más y más porque son la manera en que la gente puede tener algún ingreso, también se está sufriendo la falta de dinero, porque la gente no tiene plata. Entonces, a veces se da, no formalmente, como en los clubes de trueque, el intercambio de bienes y servicios”, explicó Silvia Saravia, referente nacional de Libres del Sur.

Fantasmas del pasado: el trueque resurge en los barrios alimentado por la crisis
Silvia Saravia

Johanna Duarte, secretaria gremial de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), observa también el fenómeno y lo vincula a la crisis de endeudamiento de las familias. Antes, la gente se endeudaba para comprar herramientas para trabajar; ahora lo hace para comprar alimentos. Y el trueque es la alternativa para quienes ya están endeudados de sobra o no quieren caer en esa espiral.

“Hoy, la forma de resolver el problema de la comida en el territorio es endeudándose o yendo a los trueques”, señaló Duarte.

La precariedad siempre estuvo ahí, pero, según Duarte, ahora todo es peor: antes la gente se endeudaba para comprar alguna herramienta de trabajo para hacer una changa, por ejemplo, mientras que ahora se pide dinero para comprar comida. Incluso en algunos barrios se registra el retorno del trueque: hay ferias con puestos donde no se venden productos sino que se canjea, por ejemplo, ropa por alimentos.


Ana Barreto
“Hay muchas diferencias con el 2001, pero la desesperación de la gente es igual”

Pero el modelo organizado en forma de clubes y nodos de trueque también está en expansión. En Pilar acaba de debutar uno en Villa Astolfi (ayer tuvo lugar el primer encuentro de intercambio). Lo fundó Ana Barreto, coordinadora de Libres del Sur en el distrito.

Fantasmas del pasado: el trueque resurge en los barrios alimentado por la crisis
Ana Barreto

Oriunda de Derqui, una localidad pegada a Villa Astolfi, Barreto organizó a través de WhatsApp un grupo de personas que buscan intercambiar productos y servicios. La idea es realizar encuentros frecuentes, posiblemente cada quince días. “Podemos garantizar por lo menos 50 puestos. Vamos a traer mesas de un comedor cercano y cada persona también puede llevar su propia mesa”, destacó, en diálogo con La Tecla. “Y ya me hablaron de otros barrios de Pilar que quieren replicarlo”.

La coordinadora del club, cuyos encuentros se realizarán en la sede de la Sociedad de Fomento local, contó que la idea surgió a partir de asambleas vecinales que se realizaron luego de que Libres del Sur hiciera un relevamiento sobre emergencia alimentaria. Y es que la comida es lo que más se busca en estos emprendimientos.

“Mucha gente quiere canjear cosas por comida. Hay casos puntuales en que se piden alimentos específicos. Por ejemplo, una chica cambia un jean por un kilo de harina y un aceite; otra cambia zapatillas por un yogur bebible y galletitas”, contó.

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Ayer tuvo lugar el primer encuentro en el club del trueque de Villa Astolfi

Barreto vivió la experiencia original de los clubes del trueque durante la crisis de principios de este milenio. “Yo en 2001 tenía diecisiete años. No tenía mucha conciencia de lo que estaba pasando. Pero mi famlia era de clase baja y la pasamos muy mal. Contábamos moneditas para comprar alimentos”, recordó. “Vi y escuché muchas experiencias; me contaron la dinámica que se usaba a través de tickets de la Red del Trueque. Ahora surgió de unos vecinos esta idea y me van llegando historias, experiencias, anécdotas”.

Para ella, hay diferencias marcadas entre la situación actual y la que se vivió en 2001 y 2002, en cuestiones estructurales y en la dinámica social. Pero apunta: “La gente desesperada por un alimento es igual. Es lo mismo que en 2001”.


Carina Cantero
“El trueque es una forma de reconectar con el otro”

La movida se amplía en el conurbano y el interior provincial, y también fuera de Buenos Aires. En Bahía Blanca se está por abrir un nuevo nodo, y en Quilmes hay dos. El segundo arrancó a principios de este año, coordinado por Carina Cantero.

Ella es una de las personas que creen que el trueque no es sólo una forma de gambetear la crisis, sino también una actividad que tiene beneficis en términos sociales.

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Carina Cantero

“Yo ingresé al Club del Trueque en 2001, cuando la movida ya era muy grande, a nivel nacional. En aquel momento se distorsionó su esencia. Ahora, en el grupo de nodos donde yo participo, se está cambiando la perspectiva”, dijo.

“El trueque es una herramienta para varias cosas”, subrayó Cantero. “Es una forma de reconectar con el otro también. Sirve como acompañamiento para la gente que está encerrada, con miedo a salir, algo que pasó mucho en la pandemia. Nosotros hacemos una capacitación para que la gente vea las nuevas posibilidades que se abren”.

En el nodo que ella coordina participan activamente unas quince personas. Hay quienes cocinan y quienes cosechan (la propia Cantero lleva naranjas, paltas y limones a las mesas de trueque). Otros llevan ropa o mercadería. Hay quienes venden productos en la feria y también los llevan al nodo para canjear. Bijouterie, artículos de limpieza y de librería, llaveros y mucho más: el universo de lo que se puede encontrar en el club de trueque es amplio.


Claudia Mura
“Queremos que los hombres también vengan”

Los clubes del trueque tuvieron un primer resurgimiento hace pocos años, durante la irrupción del COVID-19 y la pandemia que azotó al planeta. Fue entonces cuando Claudia Mura decidió abrir un nodo en Ensenada. Al principio habilitó una habitación de su casa, con dos mesas, para que las vecinas fueran a ofrecer ropa y alimentos para intercambio. Luego mudó la iniciativa al garaje, para tener más espacio. Ahora, Claudia comanda los “regionales” que se realizan una vez por mes en el Club Unidos de Villa Tranquila, con medio centenar de puestos en promedio.

Un regional es una jornada de intercambio con la participación de integrantes de distintos nodos de la región. En este caso, de partidos ubicados al sur de la Capital Federal. Mura contó que muchas veces “las chicas” se guardan las cosas más nuevas para el regional porque ahí generalmente hay mucha más gente y se pueden lucir.

Mura coordina los encuentros de su propio nodo y los regionales con mano de hierro: se puede ofrecer un mínimo de prendas si se trata de ropa, por ejemplo, “porque si no, hacen una feria americana”. También descarta de inmediato los productos vencidos o en mal estado, para mantener todo sobre rieles. En Ensenada no es tan común intercambiar directamente un producto por otro, sino que se emplean créditos, equivalentes a diferentes valores monetarios, que permiten hacer una compraventa sin dinero real.

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La primera jornada de trueque en Villa Astolfi, Pilar

Su especialidad es la cocina (hace pizzas, bizcochuelos, empanadas, canelones, guisos, ensaladas), pero también activa la cuestión con sorteos de diferentes artículos, como cajas de verduras, maples de huevos, juegos de toallas y pavas eléctricas. Como coordinadora, busca que la actividad no caiga en los vicios que, según cuenta, terminaron por “desvirtuar” la experiencia del treque hace un cuarto de siglo.

En las experiencias relevadas por La Tecla se verifica que la mayoría de quienes participan en los grupos de trueque son mujeres. Claudia Mura apunta a que haya una mayor participación masculina.

“En mi nodo en este momento hay tres hombres. Uno de ellos me corta el pasto a mí y yo le doy la mitad en créditos y la mitad en productos míos. Estamos tratando de que los hombres también se adapten a nosotras. Ellos pueden hacer cositas que nosotras no podemos”, resaltó.
 

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