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Antes de dar un show, no todas las estrellas se conforman con un vaso de agua y un poco de silencio. Algunas de las mayores figuras de la música han incluido en sus contratos de camerino (los famosos riders) exigencias tan particulares que se han convertido en l
Entre las peticiones más recordadas figuran las de Britney Spears, Mariah Carey, Rihanna y Katy Perry.
Britney Spears, en uno de sus periodos más complicados, pedía proteger el teléfono de su camerino. Muchos interpretan esta solicitud como una forma de resguardar su privacidad y evitar el constante acoso mediático al que estaba sometida.
Por su parte, Mariah Carey, fiel a su estilo de diva, solía exigir champán... pero servido con popote (pajita). Una forma elegante y práctica de disfrutar de su bebida favorita sin arruinar el maquillaje.
Rihanna pedía caminar descalza sobre una alfombra animal print. Un detalle que buscaba crear un ambiente más relajado y personal antes de salir al escenario.
Y Katy Perry prohibía terminantemente los claveles en su camerino. La razón, según se ha comentado en varias ocasiones, es que es alérgica a estas flores.
Madonna, suele pedir espacio suficiente para un séquito de hasta 200 personas (incluyendo 30 guardaespaldas, instructor de yoga y chef personal vegano), 20 líneas telefónicas internacionales y que su camerino se vea exactamente igual que su propia casa. Para lograrlo, a veces transporta sus propios muebles. También exige rosas rosadas pálidas con los tallos cortados a una medida precisa y telas con aroma a flores.
Van Halen, la banda de hard rock hizo historia con una de las cláusulas más famosas de todos los tiempos, pedían un bowl de M&M’s con la advertencia en mayúsculas y subrayada: “ABSOLUTELY NO BROWN ONES” (absolutamente ningún marrón). Lejos de ser un capricho, servía como test. Si encontraban un solo M&M marrón, sabían que el promotor no había leído con atención el contrato completo (de más de 50 páginas), lo que podía significar fallos graves en la seguridad del escenario, el peso de las estructuras o la instalación eléctrica.
Estas exigencias, lejos de ser meros caprichos, forman parte de una tradición en la industria del espectáculo. Muchas veces se incluyen en los contratos para garantizar condiciones mínimas de confort o, en algunos casos, como cláusula de penalización si no se cumplen.