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Jueves, 21 mayo 2026
Argentina
21 de mayo de 2026
DESCONFIADOS

La caja de Pandora de la Bonaerense: salarios por el piso, estrés, depresión y malos tratos

Efectivos denuncian precariedad, abusos jerárquicos y condiciones laborales extremas. El deterioro interno ya impacta en la salud mental y en el funcionamiento de la fuerza.

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La Policía de la Provincia de Buenos Aires, la fuerza de seguridad más numerosa del país con cerca de 100 mil efectivos, atraviesa una profunda crisis interna atravesada por el agotamiento, la precarización laboral y el deterioro de la salud mental de sus integrantes. Detrás de los anuncios oficiales sobre aumentos salariales y mejoras operativas, crecen las denuncias por jornadas extenuantes, sanciones económicas, falta de recursos y situaciones de maltrato dentro de la estructura policial.

Uno de los indicadores más alarmantes es el aumento sostenido de suicidios dentro de la fuerza. Según datos oficiales del Ministerio de Seguridad bonaerense, durante 2024 se registraron 37 suicidios de efectivos, una cifra que superó ampliamente las ocho muertes ocurridas en acto de servicio. La tendencia continuó durante 2025, con alrededor de 35 casos, y en lo que va de 2026 ya se contabilizaron más de 30 suicidios, de acuerdo con reportes internos relevados hasta mayo. La estadística expone una problemática estructural que desde hace años permanece relegada del debate público.

La caja de Pandora de la Bonaerense: salarios por el piso, estrés, depresión y malos tratos

El malestar atraviesa distintas áreas de la fuerza. Un efectivo bonaerense que brindó su testimonio en Desconfiados describió un escenario de desgaste permanente: “Muchos hacen 24 por 48 y además les suman recargos de hasta 12 horas. Terminás trabajando 36 horas seguidas. El cansancio y el estrés son enormes”. A esa sobrecarga se le suma, según el testimonio, la falta de personal, las malas condiciones edilicias y la precariedad del equipamiento provisto por el Estado, desde chalecos antibalas y armamento hasta móviles policiales y camas en dependencias y escuelas de formación.

Las denuncias también apuntan al funcionamiento interno de la estructura jerárquica. Efectivos describen prácticas de abuso de autoridad, hostigamiento y sanciones disciplinarias que impactan directamente sobre el salario. “Por cualquier motivo te quieren tocar el bolsillo”, aseguró el uniformado, quien explicó que las suspensiones pueden extenderse durante semanas y dejar a agentes sin cobrar gran parte de sus haberes durante meses. El temor a represalias y traslados punitivos desalienta además la posibilidad de formalizar reclamos.
 



En paralelo, los aumentos salariales otorgados por el Gobierno provincial aparecen lejos de resolver el problema de fondo. Durante 2026 se aplicó un incremento acumulado del 11%, distribuido en distintos tramos, además de actualizaciones en adicionales como el POLAD y compensaciones por uniforme. Sin embargo, los descuentos por aportes obligatorios y otros conceptos reducen considerablemente el ingreso de bolsillo, especialmente entre los efectivos de menor antigüedad. En muchos casos, policías aseguran que deben sostener un segundo empleo para poder afrontar gastos básicos.

La combinación entre extensas jornadas, bajos salarios, presión interna y ausencia de contención psicológica configura un escenario crítico dentro de la fuerza. Diversos efectivos coinciden en que el desgaste emocional y físico se volvió parte cotidiana del trabajo policial. La falta de descanso adecuado y la necesidad de complementar ingresos fuera del horario de servicio profundizan un cuadro que especialistas en seguridad y salud mental vienen advirtiendo desde hace años.

La caja de Pandora de la Bonaerense: salarios por el piso, estrés, depresión y malos tratos

La situación vuelve a poner bajo la lupa las condiciones laborales dentro de la principal fuerza de seguridad de la provincia. Mientras el delito y la inseguridad continúan ocupando el centro del debate político, puertas adentro de la Bonaerense se acumulan reclamos por una estructura que, según denuncian sus propios integrantes, funciona al límite. La crisis ya no solo se refleja en salarios deteriorados o equipamiento insuficiente: también aparece en el impacto psicológico sobre quienes integran la fuerza y en una estadística que crece año tras año en silencio.

Consultados por este testimonio y respecto a la problemática planteada por el testimonio anónimo, desde el Ministerio de Seguridad una vez más cuestionan la decisión de visibilizar este tipo de problemáticas pero, evaden las respuestas reales a
lo expuesto. 

 


Muchos efectivos atribuyen esta realidad al agotamiento crónico por jornadas extenuantes, maltrato interno, sanciones económicas y sueldos insuficientes, tal como reflejan los testitmonios incluidos en el presente informe. 

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