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Lunes, 14 septiembre 2026
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LA TECLA MAR DEL PLATA

Merlini, una eterna contradicción

Es el presidente del Consorcio Portuario, su afinidad con la política, y sus discursos optimistas confrontan con una realidad de un puerto abandonado.

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El “Consorcio Portuario Regional de Mar del Plata” es el ente provincial responsable de la administración y explotación del Puerto local. Funciona a través de un órgano colegiado de once miembros, cuyo presidente es designado por el Poder Ejecutivo Provincial.

Desde abril de 2016, Martín Merlini fue la persona designada por el Gobierno de María Eugenia Vidal para ocupar el sillón presidencial. Sus discursos desde entonces son rimbombantes, y prometedores, pero sus actos siempre quedan a mitad de camino.


¿Quién es Martín Merlini?

Según consignó La Tecla Mar del Plata (www.lateclamardelplata.com.ar), es un militante del PRO, integrante de la Fundación Pensar. Se define como amigo de Guillermo (Guillo para él) Dietrich, y se piensa cercano a la Gobernadora. Sus antecedentes de más de 20 años como Agente Marítimo lo depositaron en el oficina principal del Consorcio Portuario de Mar del Plata cuando Cambiemos ganó las elecciones del 2015.

En el gabinete de Vidal, su principal sostén es el Ministro de Producción Javier Tizado, no así el Subscretario de Puertos, Rodrigo Silvosa, quien está más alineado a la política de Gonzalo Mórtola, interventor del Puerto de Buenos Aires.

Después de 30 meses de gestión, Merlini puede asegurar que la gestión desgasta. Su estrecha relación con los pulpos del Puerto local se fue desgastando, al igual que con el personal del propio Consorcio, menos con el nucleo cercano que llevó al ente de su actividad privada. Su sobrino, ahora empleado de planta oficia como chofer.

Comenzó la gestión con una idea de austeridad, que lo mantiene en el discurso, pero sus hechos demuestran lo contrario. Su administración llego a tener tres gerentes generales; a quien él eligió, Ricardo Manocchio, no terminó el secundario.


Merlini sin Código

Muchos dicen que es desinterés de Merlini, otros incapacidad, mientras que otros tantos aseguran que los intereses personales están primero; pero lo cierto es que la gestión de Merlini hasta llegó a algo histórico: la pérdida del “Código Internacional para la Protección de los Buques y de las Instalaciones Portuarias” (Código PBIP).

El código se perdió por varias razones, si bien se tardó poco en recuperarlo (y costó $1.100.000) la mancha no se borra, y las cosas no se solucionaron del todo. Los motivos por los que la Prefectura quitó el código que habilita al Puerto de Mar del Plata a la operatoria de buques internacionales en las terminales 2 y 3 (que son las terminales certificadas) son varios, y todas tienen que ver con el abandono de Merlini.

La falta de recursos económicos que llevó al Consorcio a perder el código, se explica por el modelo de “autosustentabilidad” que buscó Merlini para su administración: financiar con fondos propios el costo del dragado. Se gastaron 5 millones de dólares, en dos años, con el objetivo de mantener el puerto operativo las 24 horas. Desde que concluyó la obra, los grandes barcos de portacontenedores siguen operando de día porque los tripulantes aseguran que de noche no es una maniobra segura.

Merlini, una eterna contradicción

Remoción de buques: uno de los anuncios que no se concretó

En noviembre del 2017, Merlini lanzó un ambicioso plan de remoción y desguace de barcos inactivos y hundidos. Con el fin de recuperar 110 metros de muelles, la idea era extraer, en primera instancia, 14 buques abandonados de 25. Supuestamente la acción implicaba cero costo al Estado, pues eran los empresarios quienes se harían cargo del alto gasto. Pero eso no sucedió.  

La Ley de Navegación sostiene que los barcos hundidos son responsabilidad del Estado, por eso los empresarios, siempre cuidando sus riquezas, dejan los buques abandonados esperando que sea, en este caso, Merlini quien se encargue del operativo de remoción. Pero el funcionario de Vidal tampoco lo hace. Trece meses después los barcos continúan ahí, ocasionando una verdadera bomba ambiental para las aguas marplatenses. Un ejemplo de esto es la Draga Mendoza olvidada en la Escollera Norte, ocupando un área operativa de 116 metros.


Refulado en Playa Grande: otro de los anuncios que no se concretó

Las playas de Mar del Plata padecen una erosión constante por la acción de las corrientes marinas. Por eso, Martín Merlini tuvo una brillante idea, que complementaría al dragado.

Los sedimentos que extraería con la draga, sería dispuesta en Playa Grande para ganar más espacio de arena. El presidente del Consorcio, anunció el proyecto antes de conocer la calidad de la arena a remover por la draga. Antes de firmar el contrato con los concesionarios de los balnearios, la OPDS aseguró que la calidad de los sedimentos no era óptima para realizar el refulado. Los empresarios terminaron quitando arena de otro lado, y Martín Merlini una vez más pecó por ansioso.

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