El Movimiento Evita siempre se movió entre la integración de base con el Gobierno nacional de Néstor, y Cristina, y una alianza estratégica con el Ejecutivo provincial (Solá, Scioli), que sostenía una pelea interna con la Nación
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El Movimiento Evita consolidó su poder territorial a partir de la integración al kirchnerismo. El acuerdo convino a ambas partes, ya que en 2003 Kirchner necesitaba bajar a territorio, y el Evita necesita recursos. Los únicos que quedaron relegados, y enojados, fueron los intendentes del PJ del Conurbano, que perdieron parte de dominio.
En la Provincia, Emilio Pérsico y Fernando Navarro, líderes de la agrupación, cautivaron al entonces gobernador, Felipe Solá, quien sumó al movimiento a su equipo. Pérsico fue al Gabinete, Navarro, jefe de bloque de diputados.
Fue el momento de gran expansión donde coparon territorio con planes y recursos para instalar la lógica de la economía social, es decir, conformación de coopertivas que realizan trabajos sencillos, con un sueldo básico.
Los cooperativistas formaron parte del staff, y el Evita logró algo difícil, tener capacidad de movilización. Pérsico siempre tuvo aval de Alicia Kirchner, y su ministerio, y lazos con los hoy funcionarios más cercanos a la Presidenta, Oscar Parrilli y Carlos Zanini, además de Juan Manuel Abal Medina.
También, junto a Edgardo Depetris, conformó la Corriente de la Militancia, como forma de propaganda del kirchnerismo que integra a figuras como Agustín Rossi, Daniel Filmus, Ricardo Forster, y el gobernador de Entre Ríos, Sergio Uribarri.
Iniciaron desde hace cuatro años lazos con los gobiernos latinoamericanos afines, para consolidar “el modelo” en América. Toda una estructura montada que deberá volver a pasar el filtro de la futura interna 2015.