Intendentes del gran Buenos Aires están furiosos con Nación y Provincia por la falta de obra pública que atenta contra la actividad económica. En Nación nadie recoge el guante, mientras que Scioli, sin caja, hace movimientos de cintura para esquivar la responsabilidad. Mariotto, por su parte, recorre tendiendo líneas directas con Casa Rosada, pero sin ningún anuncio estridente
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El panorama en la zona de mayor concentración de población de la Provincia, el siempre tenso conurbano, es de fuerte preocupación y reclamo por parte de los distintos jefes comunales. El motor K ha sido, desde sus primeros días, el de impulsar la economía a partir de la obra pública.
Muchos de los intendentes que llegaron con Néstor en 2003 se apoyaron en esta táctica para ganar votos en el electorado. Al ritmo de las grandes edificaciones, los distintos mandatarios lograron reelegirse en 2007 y continuar en 2011.
Sin embargo, hoy el escenario es otro. Hay bronca con las autoridades nacionales y provinciales por la falta de inversión en los distritos.
El problema central reside en que la mayoría de las obras que se están terminando por estos días no tienen continuidad en el tiempo. A cada inauguración que se hace no le sigue un anuncio nuevo y esto está haciendo decaer la actividad económica.
Desde Nación hacen vista gorda, incitados por la nueva política de sintonía fina, en donde la billetera de Casa Rosada parece haber encontrado candado. Los anuncios brillan por su ausencia.
Esta dificultad es visible en los propios actos de Cristina: por cada tres inauguraciones que hace por teleconferencia, se firma sólo un convenio de obra pública.
En Casa Rosada prometieron, en el mes de noviembre, que lo que se recupere de los recursos de subsidios iría a obras. Los anuncios no aparecieron aún y, si bien se esperan para los próximos meses, temen que no serán de la misma intensidad que los que venían de años anteriores.
Con Scioli también hay enojos. Entienden que el Gobernador tampoco destina recursos propios -saben que por estas horas son pocos-, aunque el principal reclamo que le endilgan es que no hace las gestiones necesarias en Nación porque “está enfrascado en su guerra con Mariotto”.
El mandatario provincial esquiva las balas e intenta apaciguar las aguas. Sabe que, pese a las dificultades económicas, debe dar soluciones para no seguir perdiendo peso ante la escalada de La Cámpora – Nación.
El Vicegobernador, por su parte, tampoco se salva de los cuestionamientos. Desde que asumió en diciembre recorre la Provincia endulzando el oído de los intendentes con grandes promesas, pero, hasta ahora, pocas soluciones. Es que el titular del Senado ofrece línea directa con Cristina para solucionar inconvenientes, pero por el momento sólo ha servido para dar ayudas económicas. De obras de infraestructura se ha hablado poco.
Los jefes comunales no encuentran solución a un problema que les está haciendo subir la temperatura. Las promesas hierven al calor del enojo de los intendentes.