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Miércoles, 24 junio 2026
Argentina
7 de diciembre de 2011
ALBERTO PEREZ

Cada vez es más fuerte el dominio del capitán

Con la nueva estructura ministerial, las designaciones de sus responsables, el rol que jugará con la Legislatura y el retroceso de adversarios internos, el jefe de Gabinete de la Provincia parece el dueño de la pelota. Un jugador que extiende su rol en la cancha

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El próximo campeonato, largo, tiene para Daniel Scioli una sola meta. Ganó el primer torneo y la hinchada le dio una nueva oportunidad, pese a que desde la alta dirigencia del club (léase Gobierno nacional) algunos lo miran con desconfianza. El mandatario provincial se mostró permanentemente leal a la camiseta y receptivo a los pedidos.

Scioli abrió las puertas de la “sugerencia” a la Presidenta, pero ésta insistió en que el equipo era pura responsabilidad de él. Y precisamente en el armado del próximo team, con el que comenzará a jugar las chances de 2015, es donde cobra relevancia la figura de quien es, indudablemente, la segunda voz de mando en el gobierno bonaerense.
Alberto Pérez, ratificado cuando la novela del gabinete aún no había escrito su capítulo pendular de idas y vueltas, es el diez, el capitán y, también, el ayudante de campo del técnico. Es quien acerca nombres, propone cambios, articula movimientos que relegan adversarios internos y despierta celos y resquemores en algunos otros hombres cercanos al Gobernador pero que nunca lo enfrentarán delante del mandatario.

“Acapara todo, lo que agarra lo abraza todo para él”, se quejaba en los pasillos un funcionario de segunda línea no alineado con el jefe de Gabinete. “Es como Riquelme en Boca: siempre te conviene ser amigo, porque es quien distribuye la pelota y domina el vestuario”, compara un legislador con mandato vencido. Ese legislador todavía espera alguna definición sobre su futuro.

Desde que Scioli fue propuesto como candidato a Gobernador en 2007, Pérez cobró cada vez más relevancia. Tras la asunción, asió la jefatura de Gabinete, y desde allí ganó en influencia sobre el resto de las carteras, la relación legislativa, los contactos con el Gobierno nacional, etcétera. Fue el negociador en el armado de las listas para la última contienda electoral, y aunque se diga que Scioli se quedó con poco, ese poco es sciolismo puro y muy cercano al jefe de Gabinete.

Se asegura: “Si lo dice Pérez es porque lo piensa Scioli”. Esa simbiosis le permite librar un juego propio que el Gobernador hace suyo pero en el que la mano quirúrgica del ministro es evidente e innegable. Sucedió con el gabinete cuyas funciones comenzarán tras el juramento del lunes 12 de diciembre. En casi todas las áreas (viejas o nuevas) hay un toque Pérez.

La táctica para el campeonato en ciernes es “gestión, gestión y gestión, con un gabinete técnico en el que los únicos que se meterán en la rosca política serán Daniel y Alberto”, aducen en el gobierno bonaerense. Con ese rol a cuestas aparecen especulaciones a futuro, pero hablar de eso en el presente es un mal negocio a futuro para cualquier aspirante.

“El único que tiene el poder es Scioli, los demás son funcionarios operativos del Gobernador”, corta tajantemente la requisitoria periodística Carlos Gianella, subsecretario de Coordinación Comunicacional de Jefatura. Y niega precisiones sobre las ramificaciones en otros ministerios y secretarías.

Los contactos

Con llegada directa a la Casa Rosada, Cristina Alvarez Rodríguez (Gobierno) y Alejandro Collia (Salud) no pertenecen al “grupo Pérez” pero tienen un buen feeling con él. En la nueva etapa, Alvarez Rodríguez, por su rol de ministra política, tendrá más contacto con el jefe de los ministros.

Hay un vínculo de amistad con Oscar Cuartango (Trabajo), y habrá una asistencia permanente para el debut de Silvina Gvirtz al frente de Educación. Pérez y Cuartango blindarán a la funcionaria en las primeras negociaciones salariales con los gremios.

Son oscilantes las relaciones con Ricardo Casal (Justicia y Seguridad). Pese a que se asegura que “no están peleados, como dicen algunos”, otras voces indican lo contrario. Con todo, Pérez tendrá un delegado importante en la cartera, si finalmente es designado Emiliano Baloira, en una especie de control civil al comando de la Policía, es decir, alguien entre el ministro y el jefe policial, Hugo Matzkin. Sin duda, un rol mayor del ocupado por otro aliado de Pérez, el ahora diputado Guido Lorenzino.

Alejandro Arlía (Infraestructura), Silvina Batakis (Economía) y Martín Di Bella (Arba) forman un equipo referenciado en el primero, y debe apuntarse como un grupo leal a Pérez.

Desarrollo Social se vio envuelto en un culebrón debido a que, por motivos aún no demasiado claros, quedó relegado Eduardo Aparicio. Scioli lo quería en el equipo titular, pero diversas operaciones y la necesidad de ubicar a Martín Ferré en algún lugar de relevancia terminaron por colocar a Aparicio en la secretaría de Espacio Público, un invento de último momento.

Se quiso instalar el veto a Aparicio por parte de la Rosada, pero el propio funcionario acusó a sectores internos, y, pese a despegar a Pérez de esa rosca, hay quienes ven sus habilidades en el amasado del entuerto. Es que Ferré es más de su palo que Aparicio, quien suele ir a hablar directamente con Scioli antes de usar otras puertas intermedias.
Donde no hay dudas de la intervención de las manos del jefe de Gabinete es en el arribo de los dos intendentes que ocuparán ministerios. Cristian Breitenstein (Producción) forjó una amistad con Scioli, pero fue el jefe de los ministros quien llevó adelante las negociaciones para convencerlo de sumarse al gabinete. También, tras la negativa de Ariel Franetovich de continuar en Asuntos Agrarios, fue Pérez quien cerró el acuerdo con Gustavo Arrieta.

El intendente de Cañuelas fue la vía de escape con la cual se quedó bien con un grupo de transversales y se compensó un desaire que enojó a Scioli. Por esas horas el Gobernador mascullaba bronca por no lograr el préstamo para otro período de uno de los jugadores del randazzismo.

En segundas líneas ministeriales, y en el reparto de secretarías, Pérez también tiene influencia. El mejor ejemplo es Pablo Navarro al frente de la nueva estructura de Minoridad. Es un soldado suyo, como lo son la mayoría de los voceros ministeriales que desde Jefatura supieron instalar en el organigrama ministerial, y que no perderán esa referencia pese a pasar a ser coordinados desde la secretaría de Medios.

La mayoría de los DGA de los ministerios responden políticamente a Pérez. Y por encima de las secretarías de Estado estará una súper DGA donde se centralizarán los recursos. En la puja por quién controla ese espacio dependiente de Secretaría General también participa el jefe de Gabinete.

El poder del Pérez aumenta y, por ende, los reportes de los subalternos podrían comenzar a ser más asiduos con él que con el propio Gobernador. A futuro no deja de ser un interrogante cómo la resolverá Scioli si esta situación se da.

LEA LA NOTA COMPLETA EN EL NUMERO 444 DE REVISTA LA TECLA

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