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Miércoles, 17 junio 2026
Argentina
11 de diciembre de 2010
COSTOS POLÍTICOS

El viernes negro de Cristina y Mauricio

Un cóctel de represión sin diálogo y desaparición de la fuerza pública derivaron en una nueva víctima en el Parque Indoamericano. Dos líderes encerrados en la pelea mínima por sacarse ventaja política, dejaron a la sociedad a la deriva. Cristina forzó un cambio de gabinete que revela los huecos de la crisis estatal

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“Esto hay que manejarlo como siempre se hace en estos casos, abriendo ya una mesa de diálogo que contenga a todos los sectores, aunque al principio lo más difícil va a ser determinar la real representatividad de cada interlocutor”, fue la recomendación de uno de los hombres con más experiencia política de la gestión macrista.

El diálogo ocurrió a media mañana del viernes negro. Dos horas después, Mauricio Macri brindaba una conferencia de prensa con un mensaje inflexible: el gobierno porteño no iba a dialogar con los ocupantes del Parque Indoamericano.

La única salida posible era que abandonaran el predio que habían ocupado violando la ley. Además, reiteró su pedido público a la Presidenta para que de inmediato enviara al lugar efectivos de la Policía Federal a concretar la faena. Macri se metió así en un callejón sin salida y armó el fuego que posteriormente avivó Cristina Fernández.

El PRO considera generalmente ser el canal conductor de las verdaderas opiniones sociales y ante los reclamos de cortes, manifestaciones o “problemas del Mercosur”, le devuelve a la gente eso que dice que demanda: violencia, en su estado bruto.

El asunto es que Macri es quien gobierna, y eso recurrentemente implica consensuar, dialogar, acercar partes o tomar postura en los conflictos, la cual no debe conducir sólo a la represión más exacerbada.

“Acá no hay nada que negociar, porque si ellos ocupan un predio para que les paguemos un subsidio a cambio de abandonarlo, y aceptamos eso, estaríamos sometidos a una extorsión y no lo podemos aceptar”, indicó el ministro de Justicia porteño Guillermo Montenegro, evidenciado claramente cómo se conducen las crisis en la Ciudad de Buenos Aires.

Se estigmatizó a la gente, idéntico escenario que el gestado por la Nación, se extremaron las posturas, y por si eso fuera poco, se permitieron muertes como si todo fuese una relación de causa y efecto, un hecho más.

Desde la Casa Rosada, enfrentaron el magistral plan porteño con su espejo perfecto: la desaparición del Estado, la ausencia plena. Dejar que el conflicto fluya grotescamente y no que se diluya.

Cristina Fernández se negó a enviar a la Policía Federal con el argumento que su intervención podía causar más muertes que las que se intentaba evitar. Siguiendo ese razonamiento lo que queda es la abolición de la fuerza pública. Si el Estado no puede garantizar un control político de la fuerza represiva, por cierto, mejor abolirla. Los flancos del gobierno oficial más expuestos que nunca.

De este modo, las dos posiciones, supuestamente antagónicas, confluyeron desde los márgenes del espacio ideológico, en el mismo resultado: la pelea de pobres contra pobres sin mediación estatal.

Cristina y Macri condujeron el conflicto social con las manos cargadas de crisis. Conjuntamente, el gabinete cristinista vio nacer una criatura para pilotear los hechos ya consumados, “que sirva para la próxima vez”. Así surgió el ministerio de Seguridad que, escindido de Justicia y Derechos Humanos, comandará Nilda Garré.

La decisión marca un firme contrapunto en las filas K y en el mismo Gabinete, ya que la flamante ministra se halla enfrentada con Aníbal F. En el pasado, la funcionaria había provocado otra crisis al insinuar que el delfín quilmeño la sometía al seguimiento de un equipo de inteligencia.

Lo mas posible es que ahora Garré descabece a las cúpulas de las fuerzas de seguridad y afiance el control del poder civil sobre esas instituciones. Pero antes de dar esos pasos acaso necesarios, una tarea le quema las manos: reponer el orden en el Parque Indoamericano.

Las disputas entre los conductores de Nación y Ciudad, y el terror a los costos políticos, vaciaron de Estado al conflicto, libraron todo a la suerte popular pintando con trazos oscuros el cuadro más perfecto de un viernes negro.

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