1 de diciembre de 2010
ANÁLISIS
Wikileaks, el inflador K que airea y da argumentos
Las revelaciones de los cables del Departamento de Estado Norteamericano generaron un efecto boomerang que le otorga al gobierno de Cristina Fernández la puerta de escape de la “victimización” y la “persecución”, para proteger bajo la alfombra la realidad caliente que vive el Ejecutivo nacional. La tesis oficial del espionaje imperialista al progresismo
Los cables publicados por Wikileaks le dio de comer a todo el mundo y también golpeó a dirigentes y funcionarios nacionales, como Sergio Massa y Alberto Fernández, quienes fueron marcados con el fuego del doble discurso luego de trabajar para la gestión kirchnerista.
No deberían existir dubitaciones ante la afirmación que esta publicación del presunto espionaje norteamericano opera como un escándalo oportuno que ayuda al gobierno de Cristina Fernández, más allá que los leales y obedientes profesen lo contrario.
Los datos que tomaron estado público y blanquearon la inteligencia del país del norte generaron el efecto contrario, ya que esta cortina de humo inmuniza una gestión que debe tomar decisiones complejas y ríspidas.
Ya quedan en el arcón de los recuerdos eso que “Cristina debía moderar a Evo Morales y a Chávez”, “influir positivamente sobre Rafael Correa” y “cooperar”, para dar paso a la victimización (buscada o no) generada por la “opresión” imperialista sobre los países satélites de América Latina y los gobiernos democráticos que la integran.
Los debates por el acercamiento al FMI, la presión para contener las subas de salarios, la explosión inflacionaria, el aborto, el presupuesto 2011, despenalización del consumo de droga, el apoyo a la UIA, quedaron en el tapete ocultados por esta nube informativa.
Las primeras lecturas del hecho comportan un saldo beneficioso para Cristina Fernández y mirando el escenario electoral, la continuidad del “efecto piedad” reverbera y golpea doblemente en los sufragantes, que suman nuevas simpatías ante el espionaje americano.
La idea paranoica que nos espían porque “crecemos”, “rompemos con lo establecido” o conformamos una verdadera unidad popular”, es un plato que gusta para servirse frío y caliente. Y sirve, desde los votos, desde la imagen.
Las revelaciones además fueron funcionales a los movimientos autocalificados como progresistas, que andaban naufragando por los denotados giros pro mercado de la mandataria.
Asimismo sitúan geopolíticamente al país y lo impregnan de una relevancia que en materia de política exterior no se hubiese podido urdir con tanta celeridad.
Por otra parte, hasta sabe a una operación de navidad, gestada para inundar la realidad argentina de especulaciones y argumentaciones, mientras en la coyuntura social se pulsea por la canasta básica y se pide como sea el cambio de un año por otro que asoma más convulsionado desde lo político.
Las ventajas para el oficialismo son claras cuando el escenario que se acercaba olía a crujimiento debido a sus propias contradicciones. El silencio del Ejecutivo aporta más soluciones y busca pilotear las problemáticas. Un tercer aporte siempre lo da la diseminada oposición, siempre dispuesta a darle de comer a los gobiernos de turno.
El reacomodamiento será necesario pero no fácil. Se verá cómo se saldan las expresiones de Sergio Massa, uno que era ficha inamovible de cara a 2011, y seguramente lo será, porque la necesidad oficial es una alta prioridad a menos de un año para las elecciones. El efecto boomerang y los argumentos que relajan a la gestión que venía pisando con pies de plomo en el barro.