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Miércoles, 17 junio 2026
Argentina
4 de noviembre de 2010
CAMINO A 2011

Juventud K: bajo el ala de Mamá Pingüina

El fallecimiento de Néstor Kirchner puso sobre el tapete a los sectores de la juventud K y la vuelta de la militancia. Y abre interrogantes sobre posibles escenarios de violencia y la figura de Máximo

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Incubados al calor de papá Pingüino, los sectores que integran la juventud kirchnerista mostraron su fuerza el 14 de septiembre pasado, convocando a cerca de 15 mil jóvenes para un acto que la deteriorada salud de Néstor Kirchner dejó en manos de Cristina Fernández. A partir de esa demostración de fuerza, formalizaron su decisión de dar batalla por el poder, fundamentalmente contra los dirigentes del Conurbano bonaerense.

El adiós al líder parece haber precipitado las cosas en el seno de la renovación K: hoy los jóvenes pingüinos se envalentonan ante el desafío de apuntalar el liderazgo de Cristina y protagonizar lo que califican como “la disputa del poder” en el seno del FpV.

En rigor, el espacio oficialista puede pensarse hoy con un poder tripartito, aunque no en iguales proporciones, y amparado bajo el paraguas de Cristina Fernández, como ayer de Néstor Kirchner. Está, por un lado, el poder del sindicalismo, con Hugo Moyano, su fortaleza y su lógica verticalista. Por otra parte aparecen los caciques y su poder construido a base de acuerdos y consensos, impenetrable desde el afuera. La tercera pata que asoma, más vinculada a los trabajadores, es la juventud. “La diferencia es que nosotros nunca le vamos a disputar ni reclamar nada a la Presidenta”, analiza Esteban Concia, del Movimiento de Unidad Popular, que encabeza espacios generacionales en La Plata. En el mismo sentido se expresa el diputado Ariel Pasini, que espera un escenario de confrontación intenso. “En el peronismo siempre hubo disputa de poder entre sectores; no somos un partido, somos un movimiento nacional, policlasista, con sus sectores bien diferenciados. La pelea por el poder se va a realizar al amparo de la figura de la Presidenta y en ámbitos de consenso; el último límite que queda son las internas abiertas”, anticipa. “Vamos a profundizar el rumbo del proyecto por sobre cualquier otra diferencia que pueda aparecer”, opina, por su parte, Gildo Onorato, secretario de Organización del movimiento Evita. “Hay sectores que quieren cambios rápidos y otros que los quieren más lentos; la conducción del proyecto sabrá administrar esa tensión”, concluye. Por su parte, Facundo Moyano, hijo del líder de la CGT y cara visible de la juventud sindical, sostiene que “siempre que se generan cambios algunos se van a intentar acomodar. Hay de todo: algunos van a estar a muerte y otros, a partir de ambiciones personales, van a intentar acomodarse de la mejor manera. Creo que la Presidenta sabe y tiene bien claro cuál es el panorama, más allá del profundo dolor que significa esto. No va a perder el rumbo el país, porque ella tiene bien claro el panorama”.

La figura de Cristina Fernández, en su rol como “jefa del espacio”, opinan todos los sectores, es la única que garantiza la continuidad del proyecto. Aquí es donde aparece la intransigencia: se traza una raya indeleble, aquel que la cruza se convierte en un nuevo Cobos y, según advierten, recibirá el “repudio de la sociedad”. “Tenemos que organizar estructuras que puedan contener a los jóvenes que están hoy más fuertes y dispuestos a brindar más militancia para el proyecto que encarna la presidenta Cristina Fernández de Kirchner”, apunta, como conclusión, Facundo Moyano.

Máximo

Si bien el espacio de juventud emergió a la esfera pública con La Cámpora y la mano invisible de Máximo Kirchner por detrás, hoy los espacios “sub 45” y juventudes como la que organiza Facundo Moyano son moneda corriente. El rastro del pionero se perdió en los hielos de Santa Cruz, aunque hoy Olivos aparece como el destino final de su carta de viaje. El retiro a la Patagonia, explican dirigentes cercanos a Máximo, se llevó a cabo “para construir desde allá, para no saturar el espacio político con el apellido Kirchner”.

Quienes se sentaron alguna vez a la mesa con él, lo señalan como “un tipo inteligente, muy lector y agudo”. Por el perfil que mantuvo a lo largo del velatorio de Kirchner, puede inferirse que va a tomar un papel más activo. No se espera, sin embargo, que tenga demasiada exposición; “no es el hijo de De la Rúa”, aclaran las distintas fuentes consultadas por La Tecla. “Máximo va a seguir laburando; no era el que estaba encima todos los días, era El Cuervo el que estaba más encima”, agregan.

“El Cuervo” es Andrés Larroque, que hoy capitanea la agrupación juvenil y tiene el cargo de director de Fortalecimiento de la Democracia en la jefatura de Gabinete que conduce Aníbal Fernández. Se trata del dirigente que, durante el acto en el Luna Park, pasó factura a los caciques y advirtió que la juventud se anota para disputarles poder. Con la ascendencia que tiene hoy Larroque y el estilo que lo caracteriza, quienes conocen a Máximo aventuran que “va a seguir trabajando a la distancia”, y vislumbran un escenario que proyectará a su organización como una pata fuerte de kirchnerismo. “Hoy los pibes te preguntan cómo hacer para militar en La Cámpora, no quieren entrar al PJ, ¿entendés?”, narra, sorprendido, un militante del justicialismo de Avellaneda.

Díscolos y disidentes

También hay lugar para el debate sobre la división del PJ entre díscolos y disidentes. De cara al futuro, José Ottavis, encumbrado dirigente de La Cámpora, manifiesta que en esta nueva etapa “están dispuestos a recibir a cualquier compañero bien nacido que haya leído el termómetro del pueblo”, aunque advierte que “los peronistas de la Provincia tienen que reflexionar; si terminado ese proceso reconocen lo que ha significado Néstor Kirchner, bienvenidos, si no, ni en pedo”.

Las divisiones del kirchnerismo tuvieron un efecto (¿objetivo?) secundario: borrar de la agenda a la oposición. El G8, la candidatura de Boudou, los cortocircuitos con Scioli y las recorridas de Alicia y Aníbal opacaron hasta hacer desaparecer cualquier crítica del PJ disidente.

La consigna es, además del florecimiento, generar las condiciones para que los siete años de gobierno kirchnerista no queden en la historia como mera primavera y marquen definitivamente el rumbo del país. “Opongo como ejemplo lo que ocurre en el ARI, que tiene más expulsados que afiliados”, apunta Pasini.

La tensión entre los sectores del kirchnerismo viene in crescendo desde las vísperas del naufragio electoral de 2009. Más tarde, el ACV de Alberto Balestrini -del que hoy se recupera- precipitó la dispersión y el conflicto. El resultado de uno y otro fue el resquebrajamiento de la estructura, que insumía ingentes esfuerzos a Kirchner para mantener a todos alineados tras de “su” proyecto. Hoy, la juventud y los renovados bríos que le imponen al andamiaje oficialista tienen un solo destino: profundizar y multiplicar, confiando en Cristina “para la conducción de la Argentina y del Movimiento Nacional y Popular”.

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