“Me dan pena”: desde el MDF ponen en tela de juicio a La Cámpora y su clamor por CFK
Las explosivas declaraciones de Emmanuel González Santalla profundizaron la fractura entre La Cámpora y el kicillofismo. Mientras el camporismo acusa al gobernador de “ponerse nervioso” para defender a Cristina, en La Plata hablan de operaciones y responsabilizan a la organización de Máximo Kirchner por el clima de tensión.
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“Dejen de llorar. Cristina está en cana por ir al frente por los argentinos”, lanzó González Santalla en un mensaje cargado de críticas hacia sectores del oficialismo bonaerense que buscan construir volumen político propio alrededor de Kicillof. El dirigente camporista sostuvo que “todos llegaron a upa de los votos de Ella” y cuestionó a quienes “ahora que Magnetto la metió presa se vienen a hacer los líderes fatales”.
Las palabras del senador cayeron como una bomba dentro de la Gobernación. En el entorno del mandatario provincial ven desde hace semanas una ofensiva del kirchnerismo duro para condicionarlo políticamente y marcarle límites en su intento de consolidar liderazgo propio de cara a 2027.
Dejen de llorar. Cristina está en cana por ir al frente por los argentinos. Porque se la aguanta de verdad, sin pauta ni periodistas que la defiendan, sin aparatos ni patovicas. Se le murió Néstor y siguió peleando contra todos los garcas de este país para defender a los… pic.twitter.com/MBKs2xU3Kw
— Emmanuel González Santalla (@egsantalla) May 15, 2026
El conflicto volvió a quedar en evidencia durante un acto encabezado por Kicillof en el Teatro Coliseo Podestá de La Plata. Mientras el gobernador daba un discurso en la apertura de un curso de formación política, un grupo de militantes comenzó a exigir a los gritos la liberación de Cristina Kirchner y desplegó una bandera con la consigna “Cristina Libre”.
Aunque Kicillof evitó interrumpir su exposición y continuó hablando, el episodio detonó malestar en Calle 6. Cerca del gobernador no dudaron en señalar a La Cámpora como responsable de la protesta. “Fueron los pibes de La Cámpora”, deslizaron en privado desde el entorno kicillofista, donde además apuntaron contra el intendente platense Julio Alak por la organización del evento.
La respuesta del sector camporista tampoco tardó en llegar. Desde el kirchnerismo duro dejaron trascender que “el gobernador se pone nervioso si tiene que pedir por la libertad de Cristina”, una frase que expone el nivel de deterioro en la relación interna y que alimenta la sospecha de un distanciamiento político cada vez más profundo.
En paralelo, en el gabinete bonaerense también contraatacaron con dureza. “Me dan pena, le hacen daño a Cristina, parece que la quieren presa”, dispararon desde el círculo más cercano al gobernador, convencidos de que algunas maniobras buscan empujar una radicalización del conflicto interno.
La discusión ya no gira solamente alrededor de la situación judicial de Cristina Kirchner. En el fondo, lo que se debate es el liderazgo futuro del peronismo. Mientras el camporismo insiste en sostener la centralidad política de la expresidenta, el armado del Gobernador intenta construir autonomía y despegarse parcialmente de la conducción histórica del kirchnerismo.
El problema para el oficialismo bonaerense es que cada gesto público profundiza la fractura. Los sectores alineados con Máximo Kirchner observan con desconfianza el crecimiento del gobernador y creen que parte de su entorno busca “jubilar” políticamente a Cristina. Del otro lado, el kicillofismo acusa al camporismo de dinamitar cualquier intento de ampliación política.
La disputa además tiene impacto territorial. Intendentes, legisladores y organizaciones sociales comenzaron a dividirse entre quienes promueven una renovación encabezada por Kicillof y quienes sostienen que sin Cristina no existe conducción posible dentro del peronismo.
En ese contexto, el episodio del Coliseo Podestá terminó funcionando como una síntesis perfecta de la crisis interna: militantes reclamando por Cristina, sectores respondiendo con cánticos de “Axel presidente” y una dirigencia que no logra calmar las aguas ni disimular las diferencias.
Con las elecciones presidenciales de 2027 a la vuelta de la esquina, el peronismo bonaerense vuelve a mostrar que la paz interna es apenas una ilusión momentánea. Y que la guerra entre La Cámpora y el kicillofismo está lejos de terminar.