15/09
Cristina avanzó, Alberto probó la medicina de la resistencia y la vice debió retroceder
La jugada del Instituto Patria para presionar la salida de ministros cercanos al Jefe de Estado encontró una inesperada resistencia por parte del mandatario, que dice que si hace cambios muestra debilidad. Al final del día el kircherismo duro retrocedió frente al apoyo que recibió Alberto y el riesgo institucional que se empezaba a correr.
En las horas más débiles y difíciles, Alberto Fernández puede salir fortalecido. Con poco que perder, el Presidente se vio obligado a resistir, empujado a esa situación incómoda y en la que no se siente a gusto por la maniobra de la vicepresidenta. Cristina hizo la jugada de movilizar la renuncia de los suyos para presionar la salida de los hombres afines a Alberto del gabinete y, directamente, intervenirle todo el Gobierno.

La estocada que llegó desde el Patria no fue, como en otras ocasiones, imprevista y sin avisos previos. Fueron mensajes directos el pedido de renuncia a todo su gabinete que hizo el lunes la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner, y el anuncio de esta mañana de la ministra de Gobierno bonaerense, Teresa García, quien afirmó que el gabinete completo de Axel Kicillof había puesto su renuncia a disposición del Gobernador. De inmediato, los voceros del Gobierno salían a aclarar que por el momento Axel no le aceptaría la dimisión a ninguno.

Alberto nunca amagó siquiera a poner en duda la continuidad de alguno de sus ministros, ni de los prestados ni de los del riñón. La paciencia de Cristina se colmó pasado el mediodía y el anuncio de Wado de Pedro de que había puesto su renuncia a disposición del Presidente estalló en la Casa Rosada pasadas las 14. Alberto estaba en un acto en José C. Paz y se enteró por los medios del teledirigido lanzado por el ministro del Interior. 

Detrás vinieron los anuncios en el mismo sentido de varios funcionarios vinculados a la vicepresidenta y a La Cámpora. Los antecedentes hacían presuponer que el Presidente cedería a la presión. Pero resistió. Bancó a los ministros Martín Guzmán y Matías Kulfas con una foto en la que se lo ve secundado por esos y otros dirigentes del Gobierno en el marco de la presentación de la Ley de Promoción de Inversiones Hidrocarburíferas. Más allá del operativo de prensa para difundir con insistencia la noticia y la imagen, el propio Jefe de Estado escribió un Twitter con el anuncio en medio de la tormenta política provocada por el kirchnerismo. Alberto no estaba en otra sintonía en ese momento, estaba en el fragor su autodefensa.

Después salió la ratificación de Santiago Cafiero. La silla del Jefe de Gabinete es la más apetecida por La Cámpora, pero entregarla es directamente aceptar la intervención absoluta de la administración. 

Alberto cruzó mensajes y se reunió con los ministros que le responden. Algunos de ellos, como Jorge Ferraresi por ejemplo, dijo que había presentado su renuncia el mismo domingo por la noche. Estaba convenido que esa sería la estrategia si, como pasó, el Patria avanzaba sobre el gabinete. Quizá en este punto se durmió Cafiero. “Debió salir a decir enseguida que todos habían puesto la renuncia a disposición pero el Presidente no lo había considerado”, le dijo a La Tecla una fuente vinculada a uno de los funcionarios que responden directamente al mandatario.

Algo que parece no haber medido la vicepresidenta es hasta dónde llega el enojo de Alberto y hasta dónde ese enojo lo eleva a un nivel de resistencia que hasta ahora el Presidente nunca había mostrado. Porque, se sabe, le cuesta poco retroceder y menos ceder. Pero ahora las cosas se manifestaron de manera diferente: “No voy a cambiar nada, hacerlo es mostrar debilidad”, les dijo Alberto Fernández a sus colaboradores cercanos.

Además, contrariamente a lo que suele pasar con su carácter de calenturas pasajeras, Alberto ya lleva más de 72 horas enojado, y eso lo hace peligrosamente impredecible. A nadie en la alianza gobernante le conviene que se quiebre la institucionalidad, y a la que menos le conviene es a Cristina. Jugado por jugado, Alberto es quien tiene menos para perder, y en esa tesis es con los suyos o con nadie. 

El mandamás está enojado porque lo dejaron solo en la culpa de la derrota. Asume la responsabilidad de la electoralmente fatal foto del cumpleaños de su compañera, se hace cargo de no haber visto algunas demandas sociales, pero a la vez mira a su alrededor y redescubre que le cedió a La Cámpora, al cristinismo y a Sergio Massa todas las cajas millonarias como Anses, Pami, Aysa y demás, que son los “fierros” de todos los gobiernos para la contención extraoficial en épocas electorales. “Perdimos todos, no yo solo”, dice el Presidente. El mensaje también va dirigido hacia la capital bonaerense.

En el correr de la tarde, cuando parecía que el aluvión de renuncias iba a llevarse puesto a gran parte del gobierno, el temor a que se quiebre la institucionalidad movió al resto de la política. Gobernadores, intendentes, dirigentes sindicales, movimientos sociales y advertencias extrapartidarias le mostraron su apoyo al Presidente. Como siempre, Sergio Massa hacía malabares por evitar una pronunciación sobre el lado de la mesa en la que se ubicaría. Nunca lo hará ante de saber qué sector será el vencedor.

La catarata de mensajes espabiló el ensueño kirchnerista de asestar la estocada sobre el gabinete y hacerse de la institucionalidad completa. La vicepresidenta dio el primer paso hacia atrás en la jugada con un llamado a Martín Guzmán, el cuestionado ministro de Economía que Alberti se empeña en conservar porque cree que es el único capaz de encontrarle una salida a la difícil negociación con el FMI y el Club de París.

Después, desde La Cámpora se encargaron de hacer circular una versión diferente sobre el efecto que se había buscado con las renuncias cristinistas, y dijeron que, en definitiva el pedido de cambios en el gabinete no era tan intenso. 

Un avezado analista, conocedor profundo del peronismo y de las intrigas del poder, le dijo a La Tecla: “Cristina tuvo que descomprimir porque, además, estaba quedando en un lugar difícil: casi como al frente de un golpe interno, un movimiento para vaciarle el gobierno que puede tener consecuencias institucionales por la debilidad del Presidente”.
 

Sobre el final del día, los intendentes del oficialismo del sur del conurbano, desde los más cercanos al Jefe de Estado como Mariano Cascallares hasta una representante de La Cámpora como Mayra Mendoza copiaron y pegaron en sus redes sociales el mismo mensaje: “L@s intendent@s del @FrenteDeTodos de la 3° Sección Electoral redoblaremos los esfuerzos. Escuchamos el mensaje del domingo: poner los cargos del Ejecutivo Nacional y Provincial en manos de @alferdez  y @Kicillofok es fortalecerlos para que tomen las mejores decisiones. #Unidad”.
 

En sus horas más débiles, Alberto se probó a sí mismo que puede resistir, autodefenderse del fuego amigo y disponer siempre de una valiosa bala: su caída puede arrastrar a todos, incluso a la reina, sus alfiles y sus peones.