Pese a los embates de Gabriel Mariotto, Daniel Scioli sigue fuerte en la consideración popular. La agresiva estrategia de Casa Rosada no ha hecho efecto en Provincia. Cómo crecer bajo el abrazo de oso de Cristina
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“Siempre cae bien parado”, se suele decir sobre el Gobernador entre políticos y periodistas. Cuando le ponen bombas zafa, y aparece como el primer pacificador; salta los obstáculos con elegancia; tiene un norte, y una envidiable capacidad para soportar. Si el dueño del espacio o uno de sus hijos busca desprenderse de él, se retira un poco, pero nunca abandona el redil.
Quienes pretenden desviarlo del camino hacia 2015 quieren hacerlo enojar, pero por más encerrado que esté, no reacciona con virulencia. Muy por el contrario, Scioli se fortalece con la energía que otros gastan en atacarlo, y se hace fuerte en la opinión pública. Acaba de terminar su temporada alta en cuanto a reclutar simpatías del pueblo, sobre todo de la clase media y de los ambientes populares. Las encuestas parecen demostrarlo.
Esos mismos sondeos que colocan al Gobernador por encima del 60 por ciento de imagen positiva, también ubican en ese privilegiado escalón a Cristina Fernández de Kirchner.
Así, como están las cosas, si la primera mandataria no apela a la reforma constitucional para buscar otro período, y el kirchnerismo no construye una figura que la reemplace (comenzaba a crecer Amado Boudou hasta que surgieron las denuncias de La Nación), Daniel Scioli transita con holgura el camino a ser el principal candidato a la sucesión. Pero, pese a la consecuente lealtad, adolece de la confianza K, desde la mismísima Cristina hacia bajo.
Aunque en el sciolismo confíen en que “al final de la película siempre va a estar Daniel al lado de ella, y va a ser Daniel quien tenga las mejores chances de seguir con el proyecto”, a nadie es ajena la embestida elucubrada en Olivos y ejecutada por varios emisarios. La misión es golpear los cimientos para ver si una vez el pedestal cae. Por ahora no lo han logrado, y si bien no dejan de reconocer las fallas en la estrategia, tampoco están decididos a abandonarla o cambiarla. En cambio, la simple y reiterada estrategia de Scioli los desvela.
“Mostró apenas las garras con la realización del partido con Macri, y el apoyo a Moyano, con la excusa del partido, cuando Hugo estaba más carajeado con el Gobierno, pero siempre tira la piedra y después esconde la mano y se muestra conciliador con todos”, asegura a La Tecla una fuente de Nación.
“La verdad es que no se entiende tanta paciencia para no reaccionar”, agregó el mismo funcionario. La búsqueda de la reacción de Scioli es el primer paso para colocarlo en una verada en la cual el Gobernador no está, ni se sabe si alguna vez estará. Conocedor de esta búsqueda, Scioli responde con gestos de lealtad hacia la Presidenta. Mira las encuestas y, otra vez, intuye que la mejor campaña se la hacen quienes pretenden esmerilarlo.