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La convivencia entre Sergio Massa y Axel Kicillof volvió a resentirse. Los dirigentes que venían surfeando los roces, quedaron expuestos tras una última maniobra desde la gobernación bonaerense que terminó de detonar el malestar en las huestes del tigrense.
El episodio que encendió la interna tiene como escenario a AUBASA. Según información a la que tuvo acceso La Tecla, en las últimas horas de esa compañía salieron $80 mil millones que fueron colocados en bonos y letras del Tesoro. “Parece una mojada de oreja justo después de una reunión muy importante de Sergio con intendentes donde blanqueó que quiere ser candidato”, dijo una fuente massista.
En el entorno renovador el enojo es explícito. Leen el movimiento como un avance de Kicillof sobre un territorio que hasta ahora se respetaba. Del lado del gobernador, la operación se puede explicar como colocación de liquidez o como manejo de tesorería en un contexto donde no sobra nada y la provincia necesita apelar a diferentes herramientas financieras.
Detrás aparece el tablero mayor. Kicillof busca retener el bastón de mando en la provincia y al mismo tiempo ampliar su proyección nacional. Massa no se retira de esa carrera y, en la interna, hay quienes lo sienten como una amenaza real sobre todo por su buen vínculo con el kirchnerismo duro.
El dato de los $80 mil millones sirve para medir el tamaño de la pelea. El título de la etapa, sin embargo, es otro: massismo y kicillofismo ya no resuelven todo en off. Lo que ayer se vivió como un cruce fuerte no es un desacuerdo menor de gestión, es el anticipo de una pulseada que ambos miran con el calendario de 2027 encima de la mesa.