NOTA DE TAPA
09/06
Las internas de Juntos por el Cambio que abren una guerra fría
Sin unidad será difícil disputarle el poder al oficialismo, pero intereses particulares hacen librar pequeñas batallas. El camino de Macri y los duros del PRO, los deseos de Rodríguez Larreta, el rol de Vidal, la postura de los intendentes, la pata díscola y la interna radical
“La oposición está en una gran guerra fría, como cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se dividieron el mundo para evitar una tercera guerra, pero por abajo se mataban. A la vez, todos saben que si hay divisiones se termina Juntos por el Cambio y gana el Gobierno”. Con precisión quirúrgica, un ex diputado bonaerense define así el presente del principal frente opositor. 

Coinciden en el análisis dirigentes de todos los espacios internos pero, a la vez, cada uno de esos sectores brega por sus intereses; no por sacar un rédito en el presente, sino para quedar mejor posicionados hacia el futuro, cuando se jueguen los liderazgos en el plano electoral de 2021 y 2023. 

Por un lado, el ex presidente Mauricio Macri y su círculo ligado a las posturas radicales que muestran con mayor intensidad Patricia Bullrich y Miguel Angel Pichetto, entre otros, y que tiene como aliada satélite a Elisa Carrió. 

Por el otro, Horacio Rodríguez Larreta, con aspiraciones presidenciales y en línea con María Eugenia Vidal, quien por ahora se concentra en la Provincia y en principio no confrontaría con su amigo, aunque desde su entorno nunca descartaron la postulación futura al sillón de Rivadavia. 



Una pata más de la mesa son los intendentes bonaerenses del PRO, cuya pretensión es un mayor nivel de incidencia en las próximas candidaturas ejecutivas de la Provincia, y ya marcan la cancha. Además, la interna del radicalismo es un estilete que se mete en las entrañas del bloque, sin dejar de considerar también a ese sector díscolo que encabezan Rogelio Frigerio, Martín Lousteau y Emilio Monzó. 

El concepto “infectadura” sirvió para exponer con mayor visibilidad las aguas agitadas en las profundidades de Juntos por el Cambio. Sin embargo sobran antecedentes para inferir que las posturas disímiles hacia el manejo de la cuarentena por parte del Estado no constituyen un riesgo. Hubo cruces mucho más fuertes antes entre pesos pesados de Cambiemos y la alianza sobrevivió. El verdadero riesgo está en las apetencias futuras. 

“Lo de la infectadura termina siendo una expresión de Bullrich para ir a pelear la Capital, pero en la coyuntura, eso no ha variado nada”, dijo a La Tecla un diputado nacional del espacio. La exministra quiere ser jefa de Gobierno y posicionarse desde las legislativas de 2021. Sin duda, hay allí un choque de intereses con Rodríguez Larreta, quien no puede reelegir pero sí quiere digitar su propia línea sucesoria.

Y aquí empiezan las, por ahora, pequeñas batallas, incluso entre los más cercanos. Por caso, las aspiraciones de la exministra de Seguridad pueden chocar con las de su propio jefe. Si las causas judiciales avanzan (y la denuncia de espionaje por parte de la AFI lo complica más), tal vez el expresidente no tenga alternativa y deba presentarse como candidato a diputado nacional para resguardarse bajo la protección de los fueros. 

El efecto directo de ello es que si Macri realiza una buena elección en su distrito volverá a quedar posicionado de cara a 2023, algo que temen en todas las demás estructuras internas, como el larretismo, el vidalismo y todos los ismos que no sean macrismo duro. En estos espacios, el concepto que prima es “con Mauricio adentro pero no con Mauricio conductor”. 

El bloque Macri-Bullrich-Carrió-Pichetto es un problema difícil para el actual mandamás porteño. “¿Qué hace Rodríguez Larreta si cualquiera de esos cuatro dice que es candidato? Está muy complicado y tiene que hacerse el distraído en su propio distrito. Quiere erigirse como el jefe, pero puede ser que no elija la cabeza de lista en su propio distrito”, comentó ante este medio un dirigente bonaerense cuyo jefe tiene diálogo directo con el titular del Ejecutivo capitalino. 



Todos, a la vez, miran de reojo los movimientos de Lousteau, quien se ha convertido en una amenaza latente para la hegemonía PRO en la Ciudad. Bajo ningún aspecto, el partido amarillo querrá perder su bastión, y eso opera para evitar que, en su momento, la sangre llegue al río puertas adentro. 

La pretensión del jefe de Gobierno de erigirse como líder natural, también tuvo en la Provincia un revés. Quiso posicionar a Diego Santilli en el territorio bonaerense, pero chocó con la negativa de los intendentes. “No queremos más porteños en la Provincia, ya es suficiente con Vidal”, le avisaron. De hecho, esa maniobra hizo abroquelar a los alcaldes bonaerenses del PRO, a la vez que puso en duda las habilidades conductivas del capitalino. 

Al poner a Santilli nuevamente como su vicejefe le cortó la posibilidad de ser su sucesor natural y, al no poder mandarlo a la Provincia, ahora debería buscarle una salida legislativa. ¿Senador en el 2023? Supondría un choque de intereses con Esteban Bullrich. 

En enero pasado, Néstor Grindetti, Diego Valenzuela y Julio Garro se terminaron de plegar a Jorge Macri, con quien hasta ahí mantenían algunas diferencias. “No vamos a permitir que el Pelado nos meta de nuevo una persona en Provincia, ahora somos nosotros”, dijo uno de los alcaldes en el puntapié inicial de las reuniones en las que cerraron filas. Claro que, después, puede sobrevenir el choque de intereses entre ellos. La pelea por la Gobernación 2023 es para uno solo; a lo sumo, dos, si se cuenta la fórmula. 

Por ahora, Jorge Macri, quien en el grupo de los jefes comunales manifiesta abiertamente sus pretensiones futuras. En esa búsqueda tratará de encabezar la lista de diputados nacionales por la Provincia el año que viene. Es el escalón que necesita para posicionarse de cara a las ejecutivas. 

El intendente de Vicente López ha pulido diferencias con María Eugenia Vidal, y el trabajo en conjunto del grupo de alcaldes con la exgobernadora dio réditos en el reparto de las comisiones de la Legislatura. A quienes dicen que entre ambos podrían resurgir las diferencias si Vidal decidiera ser candidata por la Provincia en 2021, tanto desde el vidalismo como desde el sector del intendente señalan que perfectamente pueden compartir el 1-2 en la nómina para el Congreso. 

Vidal, en el proyecto presidencial de Larreta, es un comodín que puede ir tanto para la Provincia como para la Ciudad en las legislativas. Difícilmente puedan convencerla de competir para volver a ser Gobernadora, pero sí es muy factible que sea la primera figura bonaerense de Juntos por el Cambio en 2021. De mínima pretenderá la vicepresidencia en 2023, pero un éxito en las legislativas del año próximo la subirá naturalmente a la carrera presidencial. 



En su entorno dicen que nunca se peleará con Rodríguez Larreta, pero, a la vez, avisan que “tampoco hay que forzar o imponer liderazgos; nada que venga impuesto puede salir bien. Cuando haya una elección y se validen los liderazgos con los votos será el momento para ver quién conduce”, expresó un estrecho colaborador de la exmandataria.

“Si Vidal juega en Provincia y le va muy bien, ¿quién la baja de la presidencial? Larreta, en su jugada por sostener a Vidal en territorio bonaerense, puede generar su propio adversario”, advirtió un dirigente bonaerense que incluso está distanciado de quien ejerció el Ejecutivo hasta diciembre. Otro dato que no debe soslayarse es que en el juego oficialismo-oposición, el propio gobernador Axel Kicillof es quien sube al ring bonaerense a Vidal.
 
Dos exministros coincidieron en que “María Eugenia tiene un camino más libre en la Provincia, después hay que ver si decide ser candidata”. Uno de ellos agregó: “Ella está con actividad pública muy limitada, prácticamente nula, pero con contactos internos y reuniones virtuales todo el tiempo. Habla con todos los grupos, más que nada a demanda, porque no somos proactivos en eso. Habla con gente de todo el país y se ocupa mucho en Provincia de los intendentes, los bloques y los demás dirigentes”. 



En el entorno de la exgobernadora declaran que “estamos con un mensaje hacia adentro, de explicarles a todos nuestros dirigentes que no hay que excluir ni ponerse en contra de nadie que piense distinto, que acepten y puedan convivir con voces distintas, más allá de que no las compartamos”. 

Un diputado apuntó: “Siempre hubo diferencias, y estamos acostumbrados a que las haya. Hoy estamos todos convencidos, desde Mauricio hasta el último concejal de Tapalqué, de que tenemos que estar unidos en Juntos por el Cambio, que no hay lugar para un tercer espacio; y debemos ampliar la base de sustentación política, y eso implica tener más voces”. 

En la posguerra que significa seguir digiriendo la derrota, Juntos por el Cambio hace denodados esfuerzos por mantener el orden, inmerso en una guerra fría que, mientras los mantiene contenidos bajo el mismo territorio político, siempre esconde la amenaza de que alguien presione el botón rojo y todo estalle. 


Primarias en discusión
El efecto de las reformas políticas que elucubra el peronismo

Acomodar las piezas en la oposición, muchas veces depende de las acciones del oficialismo, y en Juntos por el Cambio saben que detrás de una idea de reforma política del Frente de Todos se esconde la intención de atomizar la oferta que enfrente al Gobierno. “Las reglas de juego que imponga el peronismo van a definir nuestra estrategia”, aseveró un armador de JxC, que ve muy probable un intento por sacar las primarias. 
El mismo interlocutor analizó que “siempre crecimos mucho entre las PASO y las generales, porque un alto componente de nuestro electorado es antikirchnerista; y entonces aparece un voto útil entre las primarias y la general para que no gane el kirchnerismo”. 
Sin la herramienta de la interna abierta y obligatoria, la oposición se vería forzada a cerrar filas para una sola elección, con el riesgo de fugas que implica la finitud de las listas, que se abren mucho más cuando se da la contienda interna. 
“Eliminando las PASO, a priori, el oficialismo tiene un beneficio, porque cuenta siempre con el amigo Lavagna para armar una lista, con Espert, y con otros más que puedan presentarse en una legislativa y dividir el voto opositor ya directamente en octubre, sin que las PASO pongan a cada uno en su lugar”, expresó un ladero de la exgobernadora Vidal. Un diputado provincial amarillo se mostró seguro de que “el objetivo de Alberto y del kichnerismo va a ser dividirnos”.
 Ante ello sentenció: “Entonces, nadie puede sacar los pies del plato; el que saca los pies del plato va a estar castigado por la sociedad y va a ser muy difícil que volvamos al poder. Nosotros no queremos ser oposición, queremos ser una alternativa de Gobierno en el 2023; y eso implica hacer una buena elección en el 2021”. El legislador agregó: “Acá tenés que tener a todos; si es María Eugenia, Horacio, Mauricio o Piñón Fijo, lo va a definir la gente. 
Y si no hay PASO deberemos tener mucho consenso y generosidad de todos los sectores para hacer las listas más competitivas con todos adentro”. Por su parte, un dirigente alineado al ala crítica del espacio dijo: “No veo a la oposición dividiéndose, sí veo que hay que arreglar cosas. Tiene que haber garantías de que todo el mundo pueda jugar adentro de una gran bolsa. Y hoy, no hay un liderazgo que garantice eso, pero tampoco veo imposible que se logre”. 
La amenaza a esa gran unidad aparece no sólo desde quienes sienten que es su momento y construyen alternativas, como el grupo de intendentes o el sector de Frigerio, sino también por el extremo ideológico de Carrió, Pichetto, Bullrich y Macri. 
“¿Qué pasa si Larreta, Vidal y los intendentes no le dan espacio a ese sector de la derecha? Se presentan por afuera, te sacan el 15 por ciento y te hacen un desastre”, reflexionó un operador bonaerense que ve en la experiencia electoral del Frente de Todos, ahora, y de Cambiemos, antes, la vía más inteligente de construcción.





Con los ojos puestos en la interna provincial del radicalismo
Lógicamente, la crisis sanitaria por el COVID-19 trastocó todos los planes y perspectivas políticas. No obstante, en la Unión Cívica Radical bonaerense insisten en que cuando las circunstancias lo permitan se realizarán las internas para definir la renovación de las autoridades. 
El resultado de esa elección interesa, y mucho, en el resto de Juntos por el Cambio. Aunque dicen que no intervienen en la interna, desde el entorno de Vidal prestan particular atención a lo que sucede en esa puja, en la que, por ahora, se anotan el diputado Maximiliano Abad, por el oficialismo partidario, y el intendente Gustavo Posse, como el contrincante. La ex gobernadora monitorea esos movimientos a través de Fabián Perechodnik. 
“Hay sectores del radicalismo que particularmente con María Eugenia se dan mejor y pretenden seguir trabajando con ella en el mismo espacio, pero eso se va a terminar acomodando en el año electoral”, confió a La Tecla un estrecho colaborador de la exgobernadora. 
Y aunque salomónicamente después dijo “que gane el mejor, porque nosotros siempre los vamos a querer contar como aliados”, lo cierto es que para el PRO se presenta fácil resolver la situación con la línea conductiva actual. “Entre Posse y Abad, Abad toda la vida, porque, además, es presidente de mi bloque, y Posse abrió un bloque solo, se fue”, aseveró un integrante de la mesa provincial de Juntos por el Cambio. 
Está claro que en la disputa por suceder a Daniel Salvador al frente del Comité Provincia, el vidalismo no será un mero espectador. Quizá tampoco lo sea, pero a la inversa, el grupo de intendentes que encabeza Jorge Macri, quien tiene una muy buena sintonía con Posse.




Críticos que permanecen en el espacio
El cuarto sector: un poco afuera, un poco adentro

El sector que encabezan Rogelio Frigerio, Martín Lousteau y Emilio Monzó representa hoy la cuarta pata, renga, de Juntos por el Cambio. A nivel nacional no se fueron del espacio, aunque marcan las diferencias cada vez que pueden; en cambio, en la Provincia, los possistas y el monzoísmo crearon un bloque aparte en Diputados, denominado Cambio Federal. 
Hay un reconocido distanciamiento con el vidalismo, mientras que existe diálogo bastante fluido con los intendentes fuertes que el PRO tiene en la Provincia, sobre todo los de la zona metropolitana. El espacio buscará fortalecerse desde la candidatura de Gustavo Posse para la presidencia del Comité Provincia de la UCR. 
El caballito de batalla será, además, la proyección nacional de Lousteau. No para pocos, el economista aparece como potencial presidenciable, algo que últimamente escasea en la UCR. Cerca de Vidal analizan que “Lousteau empezó a jugar más que nada porque tiene un proyecto nacional, entonces debe tener una pata en la Provincia, y ahí se mezclan mucho las cosas”. 
La empresa en la búsqueda de la conducción es difícil, ya que pretende enfrentar a la estructura orgánica del partido. Sin embargo, de ella dependerá mucho el futuro de este sector díscolo que, de todos modos, se sigue identificando con lo que fue Cambiemos. 
Por lo pronto hubo una aparición más visible de Frigerio y Monzó en un zoom de mil personas realizado la semana pasada. La idea que encarnan el exministro del Interior y el extitular de Diputados es construir una alternativa en el centro, en principio, dentro de Juntos por el Cambio. 
Si no se puede, ser la tercera vía, que dejó libre Sergio Massa; un camino por el cual ganar es difícil pero resulta óptimo para obligar a negociar a uno de los sectores mayoritarios. Precisamente, Massa puede dar cátedra de eso.




Duros contra los dialoguistas
La infectadura inoculó también una bacteria interna

“Infectadura”, la palabra que inventó el sector duro del PRO para referirse a la extensa cuarentena que delega poderes especiales en el presidente de la Nación, se coló también como un virus más en la interna de Juntos por el Cambio, entre aquellos que lapidan al Gobierno y empujan protestas para que se levante el aislamiento y quienes se montan al discurso de acompañar institucionalmente, sin aprovechar políticamente la pandemia.
“Los que tratan de hacer política con la pandemia están equivocados, me parece que estamos en una situación en la que la gente la está pasando muy mal. Hay que ser muy cuidadosos y respetuosos de la conducción que están intentando llevar”, dijo a este medio un legislador alineado a Vidal. Igualmente dejó en claro que “eso no quiere decir que no marquemos nuestra postura cuando quieren ir contra la República, que el Poder Judicial no funcione o se saquen los presos de las cárceles. Tampoco me voy a quedar callado si Axel o Alberto vuelven a pegarle a la gestión de María Eugenia o de Mauricio”. Es la propia exgobernadora la que baja ese discurso. Aun cuando Kicillof denostó a su gobierno, ella prefirió poner paños fríos, calmar a la tropa y dejar que sólo algunos expresaran el desagrado. 
En el fondo, tanto Vidal como Horacio Rodríguez Larreta (más comprometido por sus responsabilidades de gestión) coinciden en que poco rédito se puede sacar cuando la opinión pública apoya las medidas del Gobierno, y cuando marcar diferencias sólo serviría para endulzar los oídos de un público que está con la oposición y no dejará de estarlo porque se critique más o menos al Gobierno. 



Por el otro lado, la derecha PRO se siente a gusto con el discurso que enarbolan Patricia Bullrich, Miguel Pichetto y Fernando Iglesias, entre otros, y que, resguardado, aplaude Mauricio Macri. La justificación es que alguien debe tomar la voz de aquellos que se sienten oprimidos por la cuarentena. 
Con todo, desde uno y otro lado de la “infectadura” sostienen que ello no resquebrajará a la oposición, porque tienen en claro que “es con todos adentro”. 
Para minimizar el conflicto, un legislador provincial destacó: “No veo para nada grave que haya diferentes voces, siempre las hubo. Acá conviven desde el Tano Angelici hasta Lilita Carrió. Cuando se juntaron Sanz, Carrió y Macri, la gente decía ‘estos no llegan a la elección’. 
Después decían que antes de 2017 nos peleábamos. No pasó ni cuando ganamos esa elección ni después que perdimos. Pasaron siete meses y los bloques están juntos en la Provincia y en Nación”.