Para Daniel Scioli parecen haberse alineado los planetas del oficialismo, y el Gobernador se encamina a ser el candidato definitivo del Frente para la Victoria. Pero detrás del apoyo se esconde la estrategia de inundar las listas legislativas de soldados ultra K para poblar el Congreso y la Legislatura. ¿Hasta dónde los hombres de Cristina jugarán para la presidencial del gobernador, sobre todo después de la primera vuelta?
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Por Hernán Sánchez
Puro no es. Pero sobradamente ha demostrado lealtad al matrimonio Kirchner, y en las últimas semanas incrementó -a través de declaraciones periodísticas- su alineamiento con la Presidenta. Y nunca abandona el concepto de la “continuidad con cambios”, sobre todo después de conocer algunas encuestas en las cuales la opinión pública muestra predisposición para acompañar en 2015 a quien modifique ciertas políticas de este gobierno, pero no todas.
Lo cierto es que Daniel Scioli nunca perteneció al pedigrí de cabaña K, pero los pingüinos comienzan a verle ciertas aptitudes, inadvertidas para ellos hace apenas unos meses. Si bien no es un pura sangre tiene las mejores marcas para correr por la corona, y eso es suficiente para quienes poseen ADN peronista.
Por eso, en la Casa Rosada, el Congreso, la Legislatura, las intendencias, y hasta en despachos cercanos a otros postulantes presidenciales, se reconoce que difícilmente se tuerza el rumbo de una candidatura presidencial del Gobernador bonaerense con el sello del FpV. Quien muestra mayor resistencia es el ministro del Interior y Transporte. Florencio Randazzo rompe el molde de un kirchnerismo contemplativo con Scioli y se muestra muy crítico, tanto o más que los candidatos de otras fuerzas políticas.
“Otra no queda, el único que mide es Daniel, y si queremos tener una esperanza de conservar una cuota de poder, aún cuando perdamos, es ir con él”, ha confesado en reuniones privadas (pero cada vez menos secretas) un alto funcionario nacional de contacto directo con Cristina Fernández.
La reflexión, no obstante, va mucho más allá de las definiciones de los candidatos y de quien pondrá del Frente para la Victoria como presidenciable. El kirchnerismo necesita alguien que le traccione para asegurar la entrada de muchos soldados en el Congreso y bancas en las Legislaturas provinciales, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde se eligen 35 diputados nacionales, de los cuales el FpV aspira a colar al menos una docena.
“Con una bancada de 80 diputados trabás los dos tercios en el Congreso y sea quien sea el presidente tenés poder de fuego”, le dijo a La Tecla un kirchnerista en su despacho del Senado provincial.
Scioli también garantiza eso. El Gobernador no tiene una tropa propia demasiado grande a la cual deba pagar con cargos legislativos, aunque en el sciolismo hablen de compartir la lapicera con Carlos Zannini, quien ejecuta esos menesteres en nombre de Cristina. Entonces, no habría una pelea importante por llenar los casilleros en las boletas.
De última, ese es un problema para el peronismo orgánico, ergo para los intendentes que quieren reposicionar su poder en la Legislatura. Scioli busca el apoyo de los alcaldes y será una voz de apoyo cuando lleguen las discusiones por las bancas, pero nunca deberán olvidar los intendentes que el sciolismo juega a fondo por uno solo.
Es casi la misma lógica que envuelve al kirchnerismo de paladar negro, y que ve en el mandatario bonaerense (sólo por ser quien mejor mide), esa especie de caballo de Troya moderno al cual podrían adosarle el ejército, casi escondido en una lista legislativa que no será la prioridad del electorado.
Después, más allá de si Scioli es presidente o no, el kirchnerismo habrá asegurado una semilla de subsistencia con la cual tratará de germinar la vuelta en 2019. Podrán ocultar esta estrategia en público, pero está cada vez más vociferada en reuniones que ya se filtra hasta por la menor endija.
Como se dijo, esto lejos está de constituir un problema para Daniel Scioli, dispuesto a ceder espacios debajo suyo si con ello se cierra todo el oficialismo detrás de la candidatura presidencial del ex motonauta. Sin embargo, hay otra cuestión a tener en cuenta, y es hasta qué punto el ultrakirchnerismo trabajará por la postulación para la primera magistratura una vez que se pase la primera vuelta.
Tras las PASO quedarán los aspirantes definitivos que tendrán la primera prueba en las elecciones generales. Hasta allí todos están obligados a jugar a full por la boleta que integran, porque en esa elección quedarán definidos los cargos legislativos y el gobernador de la provincia de Buenos Aires que, dicho sea de paso, también podría provenir del riñón K pese a que quizá no pertenezca a La Cámpora.
Ahora bien. El sciolismo y el PJ bonaerense hablan de la necesidad de asegurar el triunfo en la primera vuelta, alcanzando el 40 por ciento de los sufragios. Es, a todas luces, una expectativa elevadamente optimista en el marco del escenario actual donde los tres principales postulantes apenas se sacan unos puntos de ventaja.
Lo más probable es que el próximo presidente se defina en el balotaje. Será una incógnita hasta entonces cómo jugará ese partido el kirchnerismo que hoy le muestra una sonrisa al gobernador bonaerense. Varias veces y en varios lugares se ha escuchado la teoría de la derrota digna ante un rival completamente antagónico, con la ilusión de volver renovado en 2019. El sciolismo desestima esas elucubraciones y se aferra a que los K pongan todo a ganador a quien hoy paga dos pesos, que no será pura sangre pero es el de mejor marca.