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Jueves, 13 agosto 2026
Argentina
EL EVITA EN EL MEDIO

Movimiento tironeado

Integrante del proyecto K, y socio de Scioli, el Movimiento Evita hace equilibrio en medio de la interna entre Nación y Provincia. Lo que tiene, lo que pierde, y la estrategia en marcha

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Las cosas estaban claras en 2003. Existía un presidente, de bajo voto pero con mucha ambición, que buscaba posicionarse a través de la conformación de un nuevo movimiento que integrara a todos. El enemigo era claro, y tenía historia. El menemismo de los ‘90, la crisis de la alianza, el estallido de 2001. También había una figura para confrontar, Eduardo Duhalde. Los integrantes del Movimiento Evita, que por ese entonces eran conocidos como piqueteros, encontraron en la transversalidad K un lugar en el mundo.

Dejaron las protestas callejeras, y se sumaron con todo su capital territorial al gobierno de NK. Ocuparon un lugar en el ministerio de Desarrollo Social nacional, y desde allí extendieron su base hacia el Ejecutivo provincial. No tuvieron inconveniente en integrarse al gobierno del entonces mandatario, Felipe Solá, quien ubicó como virtual vicejefe de Gabinete a Emilio Pérscio, líder de la agrupación, a Edgardo Binstock, en Derechos Humanos, y en la Legislatura, a Fernando Navarro, como jefe del bloque de diputados FpV.

Fue una buena época, pero se terminó cuando Solá perdió la posibilidad de candidatearse para un tercer mandato.

La llegada de Daniel Scioli a la Provincia los obligó a replegarse. Aguardaron con ansiedad en su puesto nacional, hasta que encontraron el momento para ofrecer al Gobernador todos los frutos de su trabajo territorial. Y Scioli compró sin problemas. Comenzó entonces otra etapa donde el Evita volvió a tener protagonismo. Adquirieron espacio en Desarrollo Social, se encargaron de bajar a territorio los planes de cooperativas y emprendimientos, y luego quedaron al frente de la flamante secretaría de Participación Ciudadana, un órgano dependiente de la Jefatura de Gobierno, pero con rango ministerial.

Por todo ello obtuvieron buenos lugares en las listas, y en consecuencia, la suma de un senador, Eduardo “Cholo” Ancona, y una diputada, Patricia Cubría, (que hace dupla con el diputado Navarro).

Pero la disputa entre el Gobierno nacional y el provincial, que se traduce en la Legislatura, en la pelea Mariotto - Scioli, ubica a los Evita en una delgada línea de concertación.

“Que nos digan hay que confrontar, y salimos a la cancha, pero eso de andar mandándose mensajitos nos deja en un lugar incierto, y aparte, genera un desgaste innecesario” afirma un hombre del Movimiento, que prefiere mantener en reserva su nombre. Ante todo, al Evita le conviene que el proyecto “nacional y popular” se sostenga con los mismos actores, sin rupturas. Porque un corte les significaría perder poder y espacios.

Los ex piqueteros están al frente del manejo de las cooperativas, emprendimientos y empresas recuperadas radicadas en la Provincia, que se sostienen gracias al Plan Nacional Argentina Trabaja.

En Nación, a través de la subsecretaría de Comercialización de la Economía Social, con Ernesto Tailallef a la cabeza, y en la Provincia, con la secretaría de Participación Ciudadana, un órgano con rango de ministerio que depende de Jefatura, que tiene a Javier Ruiz como titular, y llega a casi 40 mil beneficiarios, agrupados en 120 cooperativas.

Todos ellos cobran un sueldo mensual de 1200 pesos, por realizar tareas de orden municipal, como la reparación de escuelas, de mobiliario, de edificios, tareas viales, de saneamiento, etc. Se trata de trabajos temporales que no requieren un oficio.

Tienen contacto directo con los funcionarios hipercristinistas, Carlos Zanini y Oscar Parrilli, y cercanía con el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina.

En el caso de la Legislatura, el Evita tiene tres representantes en ambas Cámaras. No obtuvieron vicepresidencias, ni jefaturas de bloque, aunque ocupan un espacio importante en el núcleo hiperkirchnerista. En el Senado, Ancona sostiene una relación estrecha con Gabriel Mariotto y el vice, Sergio Berni. Se conocen desde hace tiempo. Forma parte de las discusiones de mesa chica, aunque con la reserva que su espacio le obliga.

En Diputados, el hombre fuerte del Movimiento es el “Chino” Navarro, quien está acompañado por Cubría, mujer de Pérsico, y conocida militante del Conur-bano. El tema de seguridad, aunque se muestre como una usina de choques entre la Legislatura y el Ejecutivo no los afecta directamente, ya que el Evita supo anticiparse al tiempo, y confrontar con Scioli, el año pasado, en una jugada riesgosa, pero que los posicionó como “aliados críticos”.

El caso, por demás conocido, fue el asesinato de dos militantes de la agrupación, en un confuso episodio en José León Suárez, donde se responsabilizó a la policía.
El mayor peligro es en realidad, si la pelea sube el voltaje, y desde el cristinismo se quiere dar un golpe de timón y confrontar abiertamente con el Gobernador.

Esto los obligaría a despegar del mandatario y perder el generoso espacio que hoy tienen en el gobierno. Resulta difícil pensar hoy en esa posibilidad, pero con el avance del tiempo electoral y las confrontaciones internas, puede comenzar a vislumbrarse esa variable.

Por el momento, desde el Movimiento, apuestan a un discurso de unidad, y una intensa tarea con las cooperativas, en el marco del Plan Nacional. También planean ensanchar ese espacio.

Tienen en gaveta un proyecto de ley de creación de un Instituto de la Economía Social, de características similares al IPAC. Este organismo manejaría los 7 millones de pesos que hoy envía el INAES a la Provincia, pero de forma autónoma. Por el momento es una propuesta, pero que requiere del acuerdo de Nación y Provincia. Definitivamente, el Evita necesita que haya “unidad” política, y en eso están trabajando.

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