30 de agosto de 2025
ELECCIONES 2025
El desdoblamiento bonaerense y la ley que cambia la política del escrutinio
Por primera vez en la historia, la provincia de Buenos Aires votará en fecha distinta de la Nación y bajo su propia normativa. Sin PASO, con votos reducidos a válidos o blancos y un escrutinio con reglas estrictas, los comicios del 7 de septiembre se vuelven un laboratorio político: la diferencia la harán los fiscales que dominen el reglamento. El conteo que puede cambiar el rumbo de la elección.

El 7 de septiembre no se juega sólo una elección legislativa: se estrena un esquema normativo que reconfigura la política bonaerense. El desdoblamiento decidido por el gobernador Axel Kicillof no es un detalle de calendario, sino un giro estratégico que se apoya en la Ley Provincial N°5109. Mientras las elecciones nacionales se rigen por la Justicia Electoral Federal, en estos comicios manda la letra chica provincial. Así, el escenario de apatía y confusión ciudadana se acopla a un escenario inédito.
El dato no es menor. Por primera vez, el conteo bonaerense se hará bajo reglas que simplifican el voto pero endurecen la fiscalización. No habrá “recurridos”: cada sobre se clasificará como válido o en blanco. Las boletas múltiples en un sobre se computarán como una sola; las que no estén oficializadas, irán directo a blancos. La única impugnación posible será la de identidad. Una normativa diseñada para acelerar el proceso también concentra poder en quienes fiscalizan.
Los artículos 82 a 97 de la ley son claros: el escrutinio es público, los fiscales pueden custodiar las urnas hasta el Correo y toda protesta debe asentarse en el acta. Pero la traducción política es más cruda: cada espacio tendrá el resultado que logre defender. Una lista sin fiscales idóneos o con militancia desinformada verá cómo votos que podrían haber sido válidos terminan engrosando la pila de blancos. El reglamento no deja zonas grises: en caso de duda, el voto se pierde.
El desdoblamiento, en ese sentido, no es solo una maniobra electoral de Axel Kicillof para despegarse de la dinámica nacional: es también la oportunidad de forzar a la dirigencia bonaerense a jugar con reglas propias. La boleta corta o larga ya no depende del arrastre presidencial; ahora todo recae en el músculo territorial, en la capacidad de cubrir 1.717 mesas y en que cada fiscal sepa qué hacer cuando se abren las urnas.
La asimetría es evidente. Las fuerzas grandes cuentan con estructura para formar fiscales, imprimir instructivos y cubrir cada mesa; las listas chicas o vecinalistas dependen del voluntarismo militante. En este nuevo tablero, el que no sabe, pierde. Lo que antes se resolvía en discusiones jurídicas o con boletas recurridas ahora se dirime en tiempo real, frente a las urnas y con fiscales que no pueden pestañear.
El trasfondo es claro: el desdoblamiento bonaerense no solo separa la elección de la nacional; también desnuda una política que se juega menos en los discursos de campaña y más en la microfísica del escrutinio. En un clima de apatía ciudadana y boletas multiplicadas, la ley obliga a la política a mirarse en el espejo: sin fiscales idóneos no hay épica, sin control no hay representación y sin oficio no hay bancas. La elección empezará, en serio, después de las seis de la tarde.