NOTA DE TAPA
11/08
Intima y personal: la vida, el presente y el pensamiento de Verónica Magario
Recuerda su infancia en el exilio, cómo llegó al peronismo en la adolescencia y los primeros años en la política, ya madre separada. Pide una reforma constitucional, rediscutir el rol de los vices y no limitar las reelecciones. Asegura que pensar hoy en los comicios “es una locura”

“¿Sabías que yo nací en la ciudad de Santa Fe?”. Así inicia Verónica Magario la charla con La Tecla, mientras se acomoda en el sillón para poder preparar el mate con más comodidad con su mano hábil, la izquierda. Inmediatamente cuenta que vino a la provincia de Buenos Aires a los 4 años; primero, a San Isidro; luego, a La Matanza, a la que volvió unas semanas antes de cumplir 15 años, después del exilio que sufrieron sus padres durante 8 años en México. La entrevista no tiene otro destino que recorrer el camino personal, para muchos desconocido, de la vicegobernadora, quien, además, deja ricas declaraciones políticas, que dan pie para varios debates.

 -¿Qué recuerda del exilio? 
-Varias cuestiones. Una era la de juntarnos. Cada abuela que venía era la abuela de todos nosotros, porque nuestras abuelas no estaban. Lo que más recuerdo son las kermeses. Todos los domingos nos juntábamos un montón de familias. Los varones hablaban de política; las mujeres, tal vez también; y los chicos jugábamos distintos juegos de kermés, donde se hacían rondas de mate, pastelitos, mucha comida argentina y se bailaba folclore. Los chicos recuperábamos en ese espacio nuestras costumbres, que nuestros padres tenían, pero nosotros nos estábamos incorporando a una cultura totalmente distinta. Recuerdo que para hacer un asado se complicaba prender el fuego porque en las alturas de México no hay oxígeno. Yo soy una fanática hoy de tomar mate y de hacer asados. 

-¿Es buena asadora? 
-Soy muy buena asadora. Me separé cuando mis hijos tenían 5 y 3 años, y mis viejos, también estaban separados; entonces quedamos la abuela, la madre y los dos niños (Lucas y Camilo, hoy, de 24 y 22 años); y mi hermano más chico era joven y todavía ni andaba noviando. Entonces, los domingos decía “mami, vamos a aprender a hacer asado”, y así aprendimos. Ibamos a un club y venían los varones y nos querían ayudar, y les decíamos “no, no, no”. Me gustan las mollejas, y si no, un matambrito a la pizza. 

-En esas reuniones en México se hablaría mucho de política. 
-No tanto. Pensá que venimos de una generación donde nuestros padres no hablaban tanto; y donde tampoco se sabían tantas cosas. Y para ellos era su historia, su construcción política, y hasta por una cuestión de seguridad, los hijos no tenían que saber; ese fue un código. Cuando llegué a la Argentina ya tenía una gran vocación social. A los 11 o 12 años, en la ciudad del interior de México en la que estábamos había dos familias que vivían en una casita muy precaria, donde había cinco chicos, desde 5 a 18 años, que trabajaban en el mercado y ninguno sabía leer y escribir; yo me puse a enseñarles. 



-¿Nace ahí su vocación de docente? 
-Ahí nace mi vocación social, de maestra, de docente. Vengo de familia de docentes mi mamá, mis abuelas. Y cuando vine a la Argentina, el primer año fue de integración, de conocer, hasta que comprendí el peronismo y entendí lo que habían sido Perón y Evita. A pesar de que mis padres me lo contaban, como buena adolescente tenía que aprender las cosas por experiencia propia. Y lo comprendí por el relato de la gente, de los más grandes. Sola empecé a entrar a una unidad básica y hablaba con los abuelos, y ahí me enamoré del peronismo y de lo que significó en cuanto a derechos. 

-Habló de ir a la cancha, ¿es futbolera? 
-Diría que no, pero el padre de mis hijos era fanáticamente futbolero, y es una pasión. Creo que mi exmarido me cansó. Mis dos hijos, sí son fanáticos: uno de San Lorenzo y otro de Racing. 

-¿Y usted? 
-Soy de Colón de Santa Fe, pero de Boca. La elección de Boca fue esa misma comprensión de lo popular: el peronismo, Boca; por eso, no River. 

-¿Es de ir a la cancha? 
-He ido algunas veces, pero en general, no voy. Son de las cosas que no me he podido dar el gusto. Mis hijos van a la cancha con el padre, y conmigo comparten otras cuestiones. 




-¿Por ejemplo? 
-Han compartido el estudio, la lectura. Los dos leen mucho. Yo los llevaba a jugar. Todos los domingos agarrábamos el mate con mamá, nos preparábamos un bizcochuelo y, en un Vivace que tenía, nos recorríamos todo el Conurbano. También compartimos el hacer el asado, que yo les enseñé a hacer. Uno es docente, profe de Educación Cívica (había empezado Economía), y el otro estudia Economía y Finanzas. A mí me gusta mucho la economía, fue una de las cinco carreras truncadas que tuve. 

-¿Cinco? 
-Sí, empecé la Licenciatura en Matemáticas en la UBA para irme al Balseiro, porque quería ser física nuclear, soy técnica química y soy profe de matemáticas. Me apasiona lo científico y el cálculo matemático. Después desistí por cuestiones personales, sostén de familia y varios inconvenientes. Yo ya trabajaba en esa época en la Cámara de Diputados de la Nación. En la cámara entré cuando salí del colegio técnico, y ahí también empecé mi carrera como delegada gremial de APL (Asociación del Personal Legislativo). Sigo siendo personal de planta permanente de la Cámara de Diputados de la Nación. También trabajé en Seguridad de Nación varios años. 



-Otra faceta que no se conocía. 
-Hay muchas cosas de esta vicegobernadora que hasta ahora no se conocían. 

-¿Cómo se maneja con sus hijos con esto de la pandemia? 
-Ahora no están conmigo, están con la abuela, cuidándola. En este período los veo poco, y con mucha distancia. Fundamentalmente porque están con la abuela, y la verdad es que tenemos mucho miedo de que se enferme. Ellos trabajan vía internet y estudian. 

-¿Cómo pasó la semana que debió estar aislada luego de que se confirmara el positivo de Gustavo Menéndez, con quien se había reunido?
-Acá, en la residencia, sola.

-¿Usa mucho la residencia oficial? 
-Estoy viviendo en la residencia. Estoy directamente viviendo en La Plata, y el tema de la pandemia lo terminó de intensificar. Sólo salgo cuando voy a los distritos y, muy de vez en cuando, para ver un poco de lejos a mis hijos y a mi mamá. Pero de lejos, los preservo mucho. 

-¿Quién alimenta la grieta? 
-Quienes hacen un negocio con eso. Desde el peronismo nos hemos dedicado a gobernar y a salvar finalmente todos los problemas. Desde que tengo uso de razón nos hemos dedicado a gobernar para los que menos tienen. Creemos en que cada uno tiene que tener un trabajo. No creemos en la Asignación Universal, pero tampoco podés dejar morir de hambre a la gente. La grieta la han alimentado porque respondieron a otros intereses, si no, no se entendería por qué del endeudamiento que se pidió para la cuenca del Salado, que eran 300 millones de dólares, sobran 120 millones de dólares, que van a ir para viviendas. 

-¿Un mal cálculo o una mala intención? 
-No lo sé. Pero hete aquí que sobra. Se estima que la obra se va a terminar en el2025. Por eso digo que nosotros, sí, tenemos que hacerlo, pero esos 120 millones que sobran se van a invertir. 

-¿Quién manda: Alberto o Cristina? 
-El Presidente es Alberto. 




-¿Existe el frentetodismo, la consolidación del Frente de Todos sin concentrar en una persona la identificación del espacio? 
-Sí, yo creo en eso. Por supuesto, hoy conduce Alberto, y en la Provincia, Axel. 

-¿Cómo está con el Gobernador? 
-Bien, bien. 

-Porque se tejieron muchas historias…
-Se tejen. A las mujeres, siempre nos tejen historias de todo tipo. 

-¿Cada cuánto habla con él? 
-Todas las semanas, y prácticamente todos los días. Y charlamos de diversos temas, no hablamos solamente de la Legislatura. 

-¿Le deja meter bocado? 
-Lo que pasa es que soy mujer (risas) Con Axel nos conocimos en serio el día que fui a la casa, tomamos mate y empezamos a caminar juntos; hubo un feeling muy grande desde el principio. Y le he dicho a veces que hable menos como economista, y ha cambiado bastante. Es mi vocación de docente. El es muy capaz y tiene muy claro cómo generar desarrollo económico y productivo; y le está poniendo una impronta muy grande en salud y educación, donde le estoy dando una mano, porque son los grandes ejes que más me gustan. 

-¿Y cómo está con Fernando Espinoza? 
-¡Bieeeen! Hace treinta años que nos conocemos y militamos juntos. 

-También se tejieron historias. 
-Demasiadas. Que a las mujeres nos molestan demasiado. Parece que sólo podemos tener éxito en la política por esas historias, pero no. (Se señala el pecho) Acá tenés con historia propia, con muchos años de trabajo. Y la verdad es que los dos somos dos alumnos de Alberto Balestrini, y aprendimos mucho con él, en todos los sentidos. Yo tenía 21 años cuando conocí a Alberto. 

-¿Qué imagina para Verónica Magario dentro de cuatro u ocho años? 
-En ocho años voy a estar cerca de jubilarme (ríe). Verónica Magario, jamás imaginó que iba a ser intendenta de La Matanza, ni ambicionaba serlo; menos aún se imaginó que iba a ser vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires, ni ambicionaba serlo; nunca tuvo ambiciones políticas. Me gusta trabajar. Me gusta ser dos, porque puedo moverme como un pececito en el agua y trabajar, trabajar y trabajar. Si algún día te cruzás con alguno de mis hijos preguntale cuántas horas le faltaron de esa mamá, pero preguntale qué hacía mamá, y te van a decir “vivió trabajando para los que más necesitaban”. Esa soy yo. 




El mate, un compañero de todo momento

Magario se declara fana de la infusión emblema de la Argentina, que la acompaña durante toda la entrevista, y cuenta cómo se apegó a la costumbre, ya en la adolescencia y al regreso del exilio de su familia: “En Villa Celina, donde vivíamos, empiezo a ir a la cancha, a tomar mate. Mi tía y mi prima vivían y viven ahí; mi prima tiene dos años más que yo, mi otro primo tiene mi edad. Y con ellos, el grupo de amigos, el grupo de la Iglesia y demás; empecé a integrarme y a tomar mate. No es que lo desconocía, pero a México no llegaba yerba. Cuando llegaba un paquete de yerba en lo que era la colonia argentina se mataban todos para poder tomar un mate”.


En primera persona
La carrera política junto a Alberto Balestrini


Al tercer año que estaba en la cámara lo conocí a Alberto Balestrini; él era secretario administrativo, cuando asumió como presidente de Diputados Alberto Pierri (otro matancero). Desde 1991 empecé con Alberto. Fui secretaria de él mucho tiempo, pero, en realidad, trabajaba en todo lo social; era la que andaba detrás de las pensiones, las jubilaciones, de los viajes a Chapadmalal, en una época en la que no había un solo recurso y conseguir algo era difícil hasta para un diputado nacional. Después vinimos acá, al Senado de la Provincia, cuando Alberto fue senador, desde el ‘95 al ‘99, cuando él asumió en la intendencia. Y desde ahí, siempre en La Matanza. Todo el período de él como intendente estuve a cargo del área social, educación y salud. Cuando asumió Fernando (Espinoza) fui vicejefa de Gabinete; la mitad del gabinete la manejaba yo y la mitad él. Yo me encargaba de las áreas sociales. Esté donde esté me van a ver trabajando siempre en áreas como educación, salud, desarrollo social, viviendas. La práctica nuestra fue construir mucho con los docentes, con los clubes, con las parroquias; antes eran las parroquias católicas, hoy son las iglesias. Yo pasé 2000, 2001 y 2002 al frente del área social en La Matanza. Tenía 30 años, dos hijos chicos, recién separada; difícil, complejo, pero aprendí muchísimo y ahí comprendí esa tarea del sostén barrial. El docente es el gran detector de las dificultades y es el que ayuda a construir una red importantísima, que se va nucleando con salud”.




Pospandemia
“Vamos a quedar con una crisis muy grande”


-¿Cómo ve la pospandemia? 
-Vamos a quedar con una crisis muy grande. En la provincia de Buenos Aires, al cierre del gobierno de Macri y Vidal, los números de la pobreza llegaban casi al 39 por ciento, y en el Conurbano, casi al 45. 
-¿Hoy se llega al 55 por ciento? 
-Puede ser que en el Conurbano lleguemos a un número tal vez más alto. 
-¿Qué le preocupa más: la economía que viene o la inseguridad? 
-Para mejorar la seguridad tenés que generar trabajo, generar producción. No es la economía, lo que hay que poner en marcha en la Provincia es el sistema productivo, ese que se destruyó en esta última etapa. En las zonas industriales hay que reflotar esos sectores, fortalecerlos, como a los puertos. Al agro y las Pymes agropecuarias hay que volver a fortalecerlos, ponerles inyecciones muy fuertes. 
-¿El Estado tiene dinero para dar esas inyecciones? 
-Te voy a dar una buena noticia: la reestructuración de la deuda nos oxigenó totalmente. Falta la reestructuración de la deuda nuestra (provincial), que teníamos el 76 por ciento de los pagos entre este año y 2023, y esto nos va a dar un alivio y vamos a invertir mucho. Axel tiene absolutamente claro que lo que va a hacer es reactivar, sobre todo con las Pymes.