NOTA DE TAPA
04/08
La grieta en el Gobierno: ¿Es viable el albertismo?
Hay dirigentes que quieren darle vuelo a un espacio nuevo, pero el Presidente les baja el pulgar, a riesgo de quedar debilitado en la puja de sectores que integran el Frente de Todos. El temor a confrontar con Cristina y el sueño de convertirse en líder del “frentetodismo”
Después de 1999, ya nada fue igual en la estructura política argentina, y el colapso económico financiero de 2001 acentuó el quiebre. Los partidos políticos cedieron su espacio a las alianzas y, con ellas, al avance de los centralismos personales. Los electores dejaron de lado las propuestas programáticas de los partidos para enamorarse de quienes encabezaron una u otra concertación política; y así, el peronismo, el radicalismo o el socialismo perdieron lugar frente al kirchnerismo, el cristinismo o el macrismo. El ismo asociado a una persona y no a una estructura.
 
A ojos de la sociedad, un individuo, Alberto Fernández, se convirtió en el candidato a Presidente de una coalición en la que confluyeron vastos sectores del atomizado peronismo. Fue ungido por otro individuo, Cristina Fernández, quien concentra una mayoría electoral que, igual, no alcanzaba para destronar a otro individuo, Mauricio Macri, quien, a la vez, fue el individuo que condujo a otra coalición al poder cuatro años antes. ¿Pero puede florecer en la Argentina de hoy el albertismo, o estamos frente al inédito fenómeno de que el país hiperpresidencialista sea conducido por un arrendatario del poder, cuando la dueña sigue siendo otra? 

Apenas una reunión virtual en la que confluyeron varios dirigentes vinculados al primer mandatario disparó, la semana pasada (ver aparte), una sugestiva idea de que dentro del Frente de Todos germinaba el albertismo. “Hay algunos compañeros entusiastas que persiguen esa idea, pero todo eso carece de entidad”, cruzaron de inmediato desde oficinas de Balcarce 50 “Armar algo así sería un error”, machacó después el secretario de Relaciones Parlamentarias, Fernando “Chino” Navarro, quien fue uno de los participantes en el mencionado zoom. 

Los dirigentes más cercanos al Presidente coinciden en que no quiere abrir una línea interna bajo su nombre. “Alberto no armará el albertismo, y eso no significa que no tenga presencia en la gestión, ni presencia en futuras listas, pero no quiere distraerse en armados políticos”, contaron a este medio desde una de las oficinas cercanas a la del mandatario. El mismo interlocutor reconoció que “es la primera vez que la banda que está en el poder no tiene armado propio, es una característica más de este frentetodismo, una característica que deviene de que una expresidenta, que marcó la estrategia y se bajó a la vicepresidencia, es la que más votos pone”. 



Allí radica la principal razón por la que el propio mandamás obtura todo intento de movimiento independentista: está convencido, al menos por ahora, de que el músculo político que pueda sumar, nunca va a superar al de la vicepresidenta, y entrar en esa disputa es perder la batalla antes de empezarla. “¿Por qué achicarse si concentramos la representación de todos?”, es otra de las preguntas retóricas con las que retrucan.

Quienes no se sienten tan cómodos con el cristinismo y ven al PJ aletargado buscan un refugio desde donde, por ejemplo, contestar a los ultras que anidan en el Frente de Todos, máxime cuando muestran su disconformidad con medidas del Ejecutivo. Desde ese sector, que por ahora carece de búnker, viene la sentencia más dura acerca de por qué el Presidente ni siquiera contempla la posibilidad: “Debe ser parte del acuerdo con Cristina cuando lo eligió candidato”, aducen, sin demasiados argumentos más que los de la sospecha. 

Para el politólogo Julio Burdman, “necesariamente va a haber cierto albertismo, porque la Argentina es presidencialista, y aun con presidentes débiles, su etapa tiene nombre propio”.
De todos modos, el consultor no ve mucho espacio para diferenciarse y ata la suerte del jefe de Estado a “cómo sale parado de la pandemia; cómo resuelve la política económica, que empieza por la deuda; y cómo define en la Rosada. “Un sello te puede dar entidad, pero también te limita, cuando tu negocio es abrir la frontera, no achicarla”, utilizan como argumento para justificar la falta de interés por tener un “ismo” propio. 

“La prioridad es la gestión, Alberto lo viene diciendo desde el 10 de diciembre; y lo es más ahora, con la pandemia”, coincidieron varios de los consultados. “No quiere perder tiempo ni distraerse en un armado político porque lo nuestro es el frentetodismo; estamos gestionando el frentetodismo, no estamos mirándolo de afuera”, recalcó un colaborador del Presidente, quien, de todos modos, dijo que hay lugar para una tercera vía, o para lo que algunos llaman el quinto peronismo. “Pero su decisión es afianzar el Frente de Todos y no distraerse de la gestión; no es joda lo que está pasando, no hay tiempo para reuniones, cafés, rosca. Sólo hay tiempo para la gestión”, subrayó.  El tema de la política exterior, que todavía ni arrancó. Y las restricciones que te impone la crisis son tan fuertes, que hoy falta espacio para discutir la paternidad o la maternidad del Gobierno”. 



El escritor peronista Julio Bárbaro, crítico del Presidente, dijo que “a Alberto, la pandemia le ofreció el lugar de estadista, que al no ocuparlo lo deja más en el llano que nunca”. Para Bárbaro, “el gabinete es la expresión de la nada, y si en algo coinciden todos es en el gris del equipo de gobierno”. Además fue duro con la concepción de la política que tiene el Presidente: “Vos no podés conducir a la sociedad desde Página 12”, en alusión a que no se aferra a la doctrina peronista y se inclina hacia un progresismo del que el escriba está en las antípodas. 

Sergio Berni atacó duro al Gobierno nacional, y se sabe que eso molestó mucho al Presidente, quien expuso sus quejas a Kicillof, pero no pasó de ahí. “Cuando Santiago Montoya le dijo ‘no’ a Cristina (por las testimoniales) se tuvo que ir de la Provincia, y ahora no pasó nada”, recordó un K, para marcar las diferencias

Alberto Fernández se encuentra encerrado en un callejón con salida difusa. La agenda progresista parece reñir con la delicada situación económico-social, y quizá no sea la que el Presidente prefiera, pero es la que se autoimpone. Por otro lado ha encarado políticas que lo dejan en una posición de debilidad respecto de lo que él hubiera hecho y lo que Cristina demanda. El primer mandatario hubiera abordado de otra manera lo de Vicentin, y ahora pagó el costo político al derogar el decreto que él mismo firmó por la expropiación. Quedó demasiado expuesto con el proyecto de reforma judicial al abandonar su convicción de que la Corte Suprema “debe tener cinco miembros, el resto es fantasía”, como había dicho en 2016.

Además de que no parece el momento oportuno para encarar una iniciativa de esa índole, hecha a la medida de la vicepresidenta. También queda demasiado expuesta la intromisión del kirchnerismo duro en el agregado que se le hizo a la moratoria de la AFIP para que entren en el beneficio el juego y los combustibles; que ni siquiera la titular del organismo, Mercedes Marcó del Pont, quería firmar y que beneficia a Cristóbal López. Acciones que lo dejan debilitado. 

Más allá de las realidades y de las expresiones de deseo del círculo cercano, la dinámica política de la pospandemia pondrá blanco sobre negro en la búsqueda de resolución de los problemas que acucian, como la economía y la inseguridad, hoy factores de alta preocupación en la sociedad. También dictará sentencia sobre el acierto o desacierto del Presidente en su decisión de prescindir de un respaldo incondicionalmente propio y confiar en que, a partir de resolver esos problemas, pueda ser el líder del todo, un reemplazante natural sin guerra. En su entorno se entusiasman con la idea de “convertirse en el jefe indiscutido del frentetodismo”. Una empresa faraónica limitada al deseo, precisamente, de la faraona, sus sacerdotes, sus escribas y su pueblo.



Una reunión virtual que disparó especulaciones y alertó a la Rosada
Un encuentro virtual realizado la semana pasada entre dirigentes de todo el país permitió abrir la puerta a la especulación: ¿El albertismo ponía, vía zoom, su piedra basal?. El solo anuncio de la reunión disparó el sistema ignífugo de la Casa Rosada, que salió pronto a rociar de agua fría esa candente posibilidad; incluso los propios organizadores se encargaron de apagar cualquier llama. Claro que siempre queda una brasa encendida que puede reavivar el fuego. Fernando “Chino” Navarro, uno de los participantes de la charla virtual fue tajante: “Esa reunión no fue para armar el albertismo, fue una reunión en la que había invitadas 30 personas, con mucha presencia de dirigentes del interior del país, para discutir política en medio de la situación que estamos viviendo”. Algunos participantes destacaron que este tipo de charlas son necesarias para retomar el debate político, sobre todo para la articulación de la pospandemia. “Todo el gran esfuerzo que está haciendo el Gobierno, no alcanza a cubrir la crisis, entonces no podemos pensar en estas cuestiones de 2021 o 2023. Por lo menos, yo no lo pienso; pienso en lo concreto, en cómo ayudamos a los barrios, cómo consensuamos políticas, cómo construimos consensos”, dijo el dirigente del Movimiento Evita, quien insistió en descartar que haya en ciernes un movimiento interno en el Frente de Todos. Además de Navarro participaron del zoom, entre otros, la ministra de Gobierno de Tucumán, Carolina Vargas Aignasse; la diputada nacional por Entre Ríos Carolina Gaillard; el legislador porteño Claudio Ferreño; los presidentes del PJ de Santa Fe y de Mendoza, Ricardo Olivera y Guillermo Carmona, respectivamente; el secretario general del Movimiento Evita, Emilio Pérsico; el secretario de Articulación Federal de Seguridad, Gabriel Fuks; y el líder de la Corriente Clasista y Combativa, Juan Carlos Alderete.




Juan Zabaleta
“El Presidente no quiere, ni necesita, una línea interna”

El intendente de Hurlingham, Juan Zabaleta, es uno de los dirigentes más cercanos a Alberto Fernández. En diálogo con La Tecla sentenció: “El Presidente no quiere, ni necesita, línea interna, y está todos los días pensando en fortalecer la coalición de gobierno y en gobernar la Argentina; y eso es con Cristina y con Massa”. Sin ser crítico con quienes empujan esa posibilidad de crear un espacio que reporte directamente al Presidente, Zabaleta insistió en que el jefe de Estado no sólo “no quiere, ni necesita, una línea interna”, sino que “no hay nada, no autoriza nada y no quiere nada” en ese sentido. Y les restó importancia a las reuniones de los diferentes grupos políticos que integran el Frente de Todos. “Los compañeros se juntan, como se juntan de todos los grupos, a hacer zoom, a charlar de política, a hablar del Gobierno, a aportar”, aseveró. El jefe comunal destacó que “la coalición de gobierno está bien, con mucho diálogo y mucha articulación”; y que todo debe concentrarse en la atención de las dificultades que atraviesa el país. “La economía, como lo plantea el Presidente, es el desafío. El tiene la idea de un lanzamiento económico a partir de cada economía regional. Ya se dijo que hay sesenta medidas que se van a anunciar”, comentó, y agregó, tajante, que “la única forma de tener éxito es poner la economía en marcha” “Lo que hay que hacer es gobernar la Argentina, estamos en una pandemia y el país está quebrado económicamente. ¿Quién se va a poner a pensar en espacios políticos? Acá debemos estar todos alineados y en función de las decisiones y las políticas que tome el Gobierno”, concluyó Zabaleta.

Fernando Navarro
“El desafío de Alberto será construir el liderazgo”

“El Movimiento Evita, y yo particularmente, planteamos, desde antes que Alberto fuese elegido Presidente, que armar el albertismo era un error”, aseguró a La Tecla el secretario de Relaciones Parlamentarias del Gobierno nacional, Fernando “Chino” Navarro, para quien “armar el albertismo es achicar el espacio”. “En vez de discutir lo que dicen los dirigentes de unos y de otros tenemos que ver cómo incidimos positivamente en lo que le pasa a la sociedad respecto a la pandemia y a las consecuencias económicas”, dijo el dirigente del Movimiento Evita, que está desde la primera hora en la construcción del Grupo Callao y fue uno de los organizadores, la semana pasada, de la reunión virtual en la que participaron políticos afines al Presidente. “El Gobierno va a tener éxito si hacemos bien las cosas, no si estamos pendientes uno de otro”, insistió el Chino. Consultado acerca de la dificultad que podría tener Alberto Fernández al no contar con una fuerza política propia, respondió: “El peronismo, siempre, ha sido frentista, por momentos ha tenido liderazgos más claros y en otros casos se fueron construyendo sobre la marcha. Néstor Kirchner no ganó en la primera vuelta, ganó Menem, y construyó su liderazgo en el desarrollo de su presidencia. Cristina construyó también su liderazgo en ocho años de gobierno” Por último, Navarro indicó que “el desafío de Alberto será construir ese liderazgo en cuatro años de gobierno, o en ocho, según cómo sea nuestra primera gestión, y si es posible, reelegir. Pero pensar en eso hoy es pensar en el año 3.000.




*Por Julio Burdman
¿Puede haber un albertismo? Sí, pero todavía no

El título resume el argumento: el albertismo tiene todas las condiciones para surgir. Porque la impronta de un gobierno es una atribución del Presidente, y en esa característica está la esencia de nuestro sistema. El primer mandatario aporta el estilo, la orientación y la agenda de temas al gobierno. Para bien o para mal: hubo un peronismo, que aún perdura y muchos añoran, y también un delarruismo que todos prefieren olvidar. Todo Presidente tiene la suerte, o la condena, de tener su propio “ismo”. Pero hoy, en medio de una pandemia incierta y una renegociación de la deuda que definirá los próximos años de Argentina, el albertismo no puede desplegarse. A poco de arrancar, su gobierno se vio cercado por la emergencia económica y social, y se le agregó la sanitaria. Tres temas que requieren una solución técnica, sin fisuras ni debates. Por eso, la identidad de Alberto no tiene oportunidad de mostrarse, ya que la prioridad es encarar esos problemas que no admiten posiciones híbridas, hay que seguir una línea, sin dubitaciones. Cristina, la vice que es la líder del principal espacio peronista, opina poco, para no opacar la necesaria unidad. No hay desacuerdos en lo fundamental. Pero una vez que la emergencia ceda resurgirán las diferencias entre los sectores que integran la amplia coalición. Ahí veremos cuán grandes son. Porque lo que importa no es quién ocupa tal o cual puesto en el Gobierno, sino el programa de gobierno. Entonces habrá discusión entre un ala más de izquierda, hasta ahora representada por el kirchnerismo -aunque hay señales de que la vicepresidenta puede estar girando al centro-, y otra más moderada. Si no surge la “diferenciación albertista” respecto del ala izquierda y la fusión Alberto-Cristina se mantiene sólida y homogénea, entonces es probable que en algún momento se constituya otro polo moderado dentro del peronismo, más cercano a las provincias. El peronismo es heterogéneo y, más tarde o más temprano, eso se va a hacer sentir. 

(*) Politólogo, director de Observatorio Electoral