Hace poco más de diez años, dos abscesos en el hígado dejaron en coma al legislador. Debieron intervenirlo para removerle el 90 por ciento del órgano. El impacto en su vida, la evangelización y el amor al deporte.
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La bandera de Argentina, un mapa de la provincia de Buenos Aires con cada partido dividido por color político y un portarretrato que descansa sobre el es-critorio con un dibujo hecho por su hija Catalina, de 6 años, adornan el despacho del diputado bonaerense por Cambie-mos que, mate en mano, recibió a La Tecla.
Hace poco más de diez años, César Torres sufrió un grave problema de salud, por el cual quedó internado en coma y, según él mismo contó, “al borde de la muerte”.
-¿Qué impacto tuvo la internación y la operación después del coma?
-Dios me puso en la mano y me dio otra oportunidad. Yo estaba mal, estaba grave, tuve dos abscesos al hígado y entré en coma. Fueron dos abscesos de, digamos, alguna cosa que comí en mal estado, y me sacaron el 90 por ciento del hígado. Cuando me desperté, sentí que tenía otra oportunidad y tenía que hacer algo por el otro, desde el lado social, y justo se dio que me divorcié y arranqué a recorrer la Argentina. A principio de 2002 me fui a La Pampa , a Jujuy; pusimos una radio con una compañera politóloga, trabajamos en la educación; en Formosa, en lugares difíciles, Misiones, Corrientes, Tucumán.
-¿El hecho marcó un cambio en su vida?
-Seguramente. Siempre estuve ligado al trabajo solidario, fue lo que nos inculcaron mi viejo y mi vieja. A los ocho años, con la familia completa, nos mudamos a Villa Soldati; fuimos la sexta familia en un complejo de 2.300 viviendas. Había mucha gente pujante en el barrio, con ganas de arrancar, con el sueño de la casa propia. Mis viejos, en ese momento, para empezar a contener un poco socialmente con una tarea vecinal, armaron con un grupo de vecinos la Unión Vecinal 25 de Mayo. Era, de alguna forma, una revolución patriótica la que queríamos hacer. Ellos empezaron, a través del fútbol, a contener un montón de situaciones que se empezaban a ver en la calle: el alcohol, las drogas; la idea era contener a los chicos.
-Y el club que armaron fue el puntapié para iniciarse en el deporte...
-Armamos Sociedad Fomento José Soldati. Después de varios años tuvimos la suerte de recalar en Sacachispas, que era el club de la zona; empezamos en las canchas auxiliares que nos prestaba la comisión directiva. Ya crecido pude empezar a entrenar en la Quinta división del club. El técnico era “Cacho” Tossi, y salimos campeones. Pasé a la Tercera y debuté en Primera a los 16 años, siempre de arquero. De ahí pasé a Huracán, 20 días a prueba, y quedé en Cuarta; pasé por Tercera y salimos campeones. Después de Huracán fiché en Nueva Chicago; ahí jugué en la Tercera y no llegué a debutar en Primera porque cuando estaba para debutar me ofrecen un cargo en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Yo estaba como administrativo en la Secretaría de Juventud.
-Ya con las cartas sobre la mesa, ¿se arrepiente o está conforme con la decisión?
-No me arrepiento; me pesó mucho el sueldo, porque en ese momento mis viejos estaban en una situación complicada y era una manera de poder ayudarlos. Decidí postergar mi carrera por el trabajo, por la gestión, que es una manera de ayudar, y siempre que puedo trato de dar una mano desde el rol que me toque; soy un tipo de mucha fe, me gusta ayudar.
-Fue misionero. ¿Actualmente va a la iglesia?
-Hace mucho no voy; para las Pascuas suelo ir. Cuando voy a la iglesia oro solo, en un ida y vuelta que tengo con quien yo le digo “el Barba, mi amigo”; y estoy convencido que me escucha. Pero no siempre suelo ir, busco algún lugar desde donde estar; si no desde casa, es más espiritual que la otra cuestión. Soy muy creyente.