“La gente visualizó que el radicalismo no tenía vocación de poder”
El Ministro de Producción, Ciencia y Tecnología, Jorge Elustondo, se refiere a la postura del radicalismo dentro de Cambiemos. Habla de la vocación de poder en la UCR y la diferencia con el PRO. Además recuerda su trabajo con Raúl Alfonsín
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-¿Cree que le falta vocación de poder al radicalismo? No le dieron muchos ministerios…
-Aquel que te dice, en política, “yo no quiero nada, no me interesan los cargos”…; sí que interesan. Lo que se le criticó al radicalismo es no tener vocación de poder. Lo que la gente visualizó que el radicalismo no tenía vocación de poder, y sí la observó en el PRO, que es un grupo pequeño y más compacto con una enorme aptitud de poder. El peronismo tiene vocación de poder, el radicalismo no. Pero desde uno se pueden llevar adelante las transformaciones.
-¿De qué manera?
-En mi caso, tengo posibilidades de concretar sueños y frustraciones que vengo arrastrando desde el ‘83. Yo era jefe de Gabinete de la Secretaría de Agricultura, después fui secretario de Desarrollo Nacional, y terminé siendo subsecretario de Planificación de la presidencia de Raúl Alfonsín; imaginate cómo tengo las mochilas cargadas de frustraciones, de sueños que no se pudieron hacer realidad. Después vino el menemismo, la Alianza, y dijimos “ahora sí lo vamos a hacer…”. Y yo me hago cargo de la autocrítica, una nueva frustración. Y después lo que significó el kirchnerismo, donde todos tuvimos responsabilidades. Uno tiene que saber, querer, y construir poder para hacer lo que se quiere. Si queremos transformar esta Argentina, hay que ir por el poder.
-¿Cómo fue trabajar y acompañar a Raúl Alfonsín?
-Fue maravilloso, fantástico, extraordinario. Su recuerdo me conmueve. Yo conocí a Arturo Illia, y después compartí desde el primero hasta el último día en el gobierno de Alfonsín, y después hasta el día de su muerte. Fue un aprendizaje.
Raúl era muy autocrítico; se fijaba en qué nos habíamos equivocado, en qué errores no podíamos volver a cometer, más que en los aciertos. Nunca iban a escuchar a Alfonsín maravillarse de sus éxitos. Nunca reivindicó su política de derechos humanos. El gesto de la entrega anticipada del poder lo golpeó mucho; ni les cuento lo que fue la noche de Semana Santa.
-¿Usted estaba allí?
-Sí. Lo que nadie recuerda es que lo que dijo Alfonsín, aquella famosa y recordada frase de “Felices Pascuas, la casa está en orden”, continuaba con “No se derramó sangre entre los argentinos”. Y después, a un grupo que estábamos adentro, nos dijo: “Todavía en la Argentina no hemos sanado la sangre derramada en el pasado; la democracia ha llegado para que no se derrame una gota más de sangre entre los argentinos”. Él quería terminar con la interrupción de los gobiernos constitucionales, y lo logró. Creo que nosotros hoy estamos honrando el legado y el mandato de Arturo Illia, Hipólito Yrigoyen y de Raúl Alfonsín. Siento que estoy haciendo lo que Alfonsín hubiera hecho en este momento.