El ministro de la Producción, Ciencia y Tecnología contó a La Tecla cómo es el presente de la cartera. Recordó su trabajo con Raúl Alfonsín y la recorrida de la Provincia con Daniel Salvador
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Jorge Elustondo es un radical de pura cepa. Militante desde los 15 años, siempre integró los equipos técnicos del partido a nivel nacional, y es el único correligionario que forma parte del gabinete de María Eugenia Vidal. Ingeniero agrónomo, hombre sencillo y familiero, divide sus días entre la ciudad de las diagonales y su campo en Pergamino. Explica con orgullo que durante la campaña recorrió todo el territorio bonaerense junto al vicegobernador, y define a eso como “un regalo que nos hizo la vida”.
En diálogo con La Tecla, el ministro de Producción, Ciencia y Tecnología analiza el camino que lo llevó a integrar el gobierno provincial, realiza una lectura de la situación política y enumera los desafíos que tiene por delante.
-¿Durante la campaña recorrió la Provincia junto a Daniel Salvador?
-Cuando se produce la integración de la fórmula de María Eugenia Vidal y Daniel Salvador pasé a coordinar los equipos técnicos del vicegobernador y a colaborar con los equipos técnicos de Vidal, especialmente con los técnicos y profesionales que trabajaban en la fundación Pensar. Yo hice 14.600 kilómetros, en mi auto, manejando yo, junto a Daniel Salvador haciendo la campaña electoral. Esto me permitió ir viendo el territorio, las distintas regiones, y observar cómo estaba la infraestructura, la producción de los distintos sectores productivos. Fue un ejercicio interesante para observar el desfasaje que había entre el relato y la realidad. Esto nos fue aproximando a lo que estaba pasando en materia institucional.
-¿Cómo encontró a la Provincia en materia productiva?
-Los parques industriales carecen de energía, de accesibilidad;
no tenían una logística adecuada. Ni hablar de lo que pasa entre un parque industrial y los puertos, que no están dotados de la infraestructura y la logística que se necesita. La competitividad que se gana puertas adentro de una fábrica se pierde en las rutas y se termina de perder en los puertos.
-¿Y cómo se dio la transición en el ministerio?
-No hubo una transición ordenada en términos cuali y cuantitativos. Generalmente se hacen con 40 a 60 días de anticipación; uno se encuentra con la gente y lo ponen a uno en conocimiento de lo que se está haciendo, de los presupuestos, de las iniciativas, de las propuestas. La transición fue de un día. A mí me tocó en 1983, siendo muy joven, integrar el gabinete del doctor Raúl Alfonsín. Mi primera contribución fue ser jefe de gabinete del Ministerio de Agricultura de la Nación. Estábamos transitando de la dictadura a la democracia y tuvimos una transición de 15 días. Y aquí tuve sólo un día.
-¿Por qué?
-Tuvo un condimento especial, que fue la situación electoral. Por otro lado, la mala predisposición de la gestión anterior. Y a su vez, producto del desorden que había. Creo que Daniel Scioli y la mayoría de los integrantes de la gestión estuvieron abocados a la campaña electoral y lo único que privilegiaban era Scioli Presidente. Hoy estaría en condiciones de jurar, porque en este tiempo tuve que gestionar, y en medio de esa gestión compleja y sin presupuesto tuvimos que armar los equipos. El modelo de gestión que nosotros encaramos, por tener los tres estados (País, CABA y Provincia), presenta la posibilidad de articular verticalmente Nación, Provincia y municipios, para llegar al territorio y lograr un mayor impacto.
-El ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva de la Nación, Lino Barañao, viene de la gestión anterior. ¿Usted articula con él?
-Sí. En el área de Ciencia y Tecnología articulamos con Lino Barañao, y vamos a articular las políticas para llegar al territorio.
-En la administración pública se han dado muchos despidos. ¿Qué pasó en su ministerio?
-Nosotros hicimos una reducción fuerte de la planta política. Fue un poco mayor del 30%. Pero somos muy respetuosos y considerados. Hay gente muy valiosa; lo que pasa es que a veces la política no da utilidad a esos recursos humanos. No tengo duda de que hay gente valiosísima que quizás ha sido
tildada de “ñoqui” porque nadie le ha dado una instrucción de qué hacer o cómo hacer. Eso le genera frustración a la persona. La desmotivación es muy fuerte. Uno tiene que estar muy atento y ser cauto con este tema. Ir sacando y buscando las perlitas. Hay que tener mucho cuidado y tratarlos bien.
-Es el único radical en el gabinete. ¿Cómo se siente?
-Yo me siento muy bien. Si entendemos al gabinete como un conjunto de hombres y mujeres que participan de un equipo muy extenso, no soy el único. Hay una enorme cantidad de radicales de segundas, terceras y cuartas líneas, y muchos en planta permanente. Yo no siento ser el único ministro radical; lo soy, pero me siento integrado dentro del equipo de Cambiemos. Soy un convencido de la estrategia de Cambiemos, creo que Cambiemos llegó para quedarse; hay mucha diferencia entre aquella alianza y este Cambiemos.
-Cuando recorría la Provincia con Daniel Salvador, ¿sabía que en el caso de ganar iba a estar en un ministerio?
-Yo era el chofer. Mirá: Rudy Ulloa era el chofer de Néstor Kirchner y hoy es un empresario… (risas). En mi caso, yo tenía una gran expectativa, y la recorrida que hicimos con Daniel de más de 14 mil kilómetros fue un regalo que nos hizo la vida a los dos. Con Daniel habíamos participado de muy jovencitos de aquella epopeya de la recuperación de la democracia con Raúl Alfonsín, y desde ese momento hasta ahora nunca dejamos de actuar en política; cada uno con sus actividades.
No pensábamos en qué lugar podíamos ocupar hoy. Lo que sí nos planteamos es que este país no soportaba la continuidad de lo que estaba ocurriendo e iba rumbo a la tragedia si no había un cambio político. Ni hablar cuando Cristina Fernández
de Kirchner toma la decisión de que Scioli acompañe a Zannini y de que en la Provincia vaya Aníbal Fernández. En ese momento dijimos: “Nosotros tenemos que dejar hasta lo último que tengamos”. Recorrimos pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, comité por comité. Íbamos a los locales de Cambiemos, donde no estaban amigos los radicales con el PRO.
-En el radicalismo hubo fuertes internas...
-Claro, hubo que hacer un trabajo importante. En eso, Salvador tiene unas condiciones extraordinarias. Salvador es lo que requería María Eugenia Vidal. Yo observaba, desde mi condición de chofer y asesor; alguna opinión daba desde mi conocimiento. Había que ganar la elección, y para ganarla había que tener una propuesta, y creo que la tuvimos.
-Y si en 4 años les toca irse y vuelve el peronismo, ¿sentiría que fracasaron?
-No. Fracasaríamos si volviera el peronismo porque nosotros no hicimos las cosas bien. Si dentro de cuatro años vuelvo a recorrer 14.600 kilómetros con Salvador y encuentro las mismas cosas que observamos cuando arrancamos, te diría que fracasamos y que nos reemplacen. Si es un peronismo que ha hecho una autocrítica, diría que mejoramos. Si aparece Scioli con cara de Scioli, te diría que fracasamos nosotros.