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Argentina
21 de julio de 2015
POLITICA

¿Cómo se hicieron amigos del Papa?

Varios políticos argentinos tienen un estrecho vínculo con Francisco desde antes que sea el Sumo Pontífice. La relación con Scioli, Domínguez, Macri, Michetti, Venegas y otros candidatos

¿Cómo se hicieron amigos del Papa?
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Jorge Mario Bergoglio optó por los hábitos pero nunca dejó su pasión por la política. Ex militante de la agrupación peronista Guardia de Hierro, tiene una reconocida habilidad para la rosca y un interés por los asuntos de Estado más evidente que el de sus antecesores en El Vaticano.

A Bergoglio no le gusta la soledad. Por eso cultiva la amistad con permanentes gestos, y si no hay demasiado trabajo que atender o reuniones programadas, gasta el teléfono con llamados a los afectos argentinos.
Supo de entrada que su llegada al papado tendría consecuencias directas en la política nacional. Archivó de inmediato las diferencias con el kirchnerismo e invitó a Cristina tantas veces, que desató celos en la oposición. Sólo él y ella saben lo charlado en esos encuentros.

Hubo exégetas que dispararon versiones, algunas de las cuales parecen confirmarse en el modo en que la Presidenta resolvió la interna oficialista.Son varios los políticos, y de diferentes banderías, con los que el ahora Papa Francisco ha forjado una relación cercana a lo largo de sus años. Pero con dos de ellos, casualmente candidatos oficialistas, tiene una particular afinidad.

“Daniel merece una oportunidad”, dicen que deslizó en uno de los encuentros con la Presidenta. La cercanía a Scioli es preexistente a la coronación política del Goberna-dor. Bergoglio fue un hombro generoso pa-ra contener la angustia del mayor de los Scioli cuando murió su padre. También fue consejero cuando el ex motonauta era vicepresidente y Néstor Kirchner, enojado, le quitó incidendia en el Ejecutivo y le cortó el teléfono.

“Tanquilo, no te apresures”, le decía Bergoglio, quien siempre destacó de Scioli su vocación de diálogo, e incluso lo incentivó a profundizarla. El candidato presidencial del FpV tomó del religioso aquello de la “perseverancia y la paciencia”.

A fines de 2012 se cruzaron en Luján, y Bergoglio tuvo la deferencia de reunirse un rato a solas con Scioli y su esposa, Karina Rabolini. El Gobernador difundió una foto que, sabía, le traería problemas con el kirchnerismo, enfrentado con el Cardenal por la ley de Matrimonio Igualitario y el impulso a un nuevo Código Civil.

Ya Papa, Bergoglio encontró en otro viejo amigo el canal para lograr algunas modificaciones en el mencionado código, sancionado en octubre del año pasado. Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Diputados, fue uno de los kirchneristas
que más festejaron la entronización de Francisco y quien acercó posiciones.

La historia infantil y de adolescente de Domínguez fue la responsable de contactarlos en el tiempo. Criado por su madre en soledad, Domínguez encontró en la parroquia local y en el colegio San Isidro Labra-dor un nido de contención, y en el padre José Saccardi un consejero permanente, que lo inclinó hacia la Teología de la Libe-ración, que el párraco profesaba.

Domínguez integraba el grupo juvenil de la parroquia cuando al jesuita Saccardi lo mataron en una villa porteña en los duros años 70. Del grupo también desaparecieron siete jóvenes El actual diputado quedó co-mo líder de la juventud parroquial de Cha-cabuco, y no dejó de acercarse a las actividades eclesiásticas cuando emigró a la Ca-pital para estudiar Derecho. Conoció a Ber-goglio cuando era secretario de la Juventud de la Nación, y la empatía fue instantánea. El religioso se interesó por su historia (que lo tuvo como voluntario en la visita de Juan Pablo II en 1982) y lo supo adherente a los jesuitas.

No hizo falta presentarlos cuando Domín-guez llegó al Ministerio de Obras Públicas de la Provincia tras haber sido intendente. En esa etapa se consolidó lo que era una incipiente amistad fogoneada en diferentes encuentros circunstanciales atados a las obligaciones de ambos.

Tanto Scioli como Domínguez sostienen que el vínculo con Francisco va más allá de la política, se jactan de conocerlo desde antes de llegar a la gran marquesina pública, y juran que no está en sus planes usarlo en provecho de sus carreras. Pero ni a ellos, ni a los demás políticos a los que el Santo Padre atiende con deferencia, se les escapa recurrir seguido a frases papales para vestir sus discursos de campaña.

Aldo Carreras, funcionario del Ministerio de Trabajo bonaerense, tiene la particularidad no sólo de ser uno de los mejores amigos de Bergoglio desde que vestía sotana negra, sino que también es amigo de Scioli y de Domínguez. Carreras cuida con celo estas relaciones, y no deja escapar confidencias; pero es uno de los receptores de los llamados papales para ver cómo anda todo.

Bergoglio acostumbra, además, a hacer llegar mensajes a través de terceros para sus conocidos de la política. “A Julián siempre le ha tirado buenos centros por intermedio de otros”, confesó a La Tecla un colaborador de Domínguez.

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