Daniel Scioli pateó el tablero. Hastiado de las especulaciones políticas surgidas después del torneo de futsal que compartió con Mauricio Macri, salió a decir públicamente que le “rompe las pelotas tener que dar explicaciones”. El inicio de un cambio
Agrega La Tecla a tus medios preferidos en Google.
Compartir
“Yo hace diez años que tengo la misma camiseta, que es la del Gobierno”, disparó el gobernador Daniel Scioli. Destacó su lealtad y aseguró no ser un “obsecuente”. En una clara alusión a quienes lo criticaron por el encuentro deportivo (entre otros, su vicegobernador, Gabriel Mariotto; el líder social Luis D’Elía y el legislador Juan Cabandié), el ex motonauta remarcó que “a esta altura del partido no me pueden correr con ver quién es más kirchnerista”.
En rigor, el mandatario bonaerense aprovechó los cuestionamientos para descargarse por todos los ataques recibidos desde el ultrakirchnerismo a partir de que comenzó su segundo mandato. Dijo: “Yo no me puedo hacer cargo si algunos quieren meter púa entre la Presidenta y yo. Ella tiene que creer en mí y yo en ella”.
La escalada de chicanas contra Scioli de sectores afines a Olivos se profundizó a partir de su asunción, en la Legislatura, cuando un grupo de policías reprimió a los militantes de La Cámpora.
Subió el tono luego, cuando, tras una nota de Horacio Verbitsky en la que se cuestionaba a Ricardo Casal y a Sara Cobacho, se cruzaron Mariotto y el jefe de Gabinete, Alberto Pérez. En el medio hubo también reuniones, fotos y “agendas paralelas” que molestaron al Gobernador. A la vez, el ex motonauta pidió al Parlamento aprobar el plan de regionalización, lo que cumplió la Cámara de Diputados, pero no el Senado, que conduce el lomense.
En ninguno de esos casos Scioli hizo público su malestar. ¿Por qué dejó, esta vez, de lado la diplomacia habitual con un premeditado y hasta sobreactuado enojo? Dicen en Gobernación que “esta vez se cansó de verdad de los ataques” de su vice. Recuerdan que “los votos no son suyos, sino de Daniel”, y por eso se resisten a que Mariotto se posicione como “el más cristinista” y a que “pretenda avasallar” el rol del mandatario provincial”. La tensión llega a un punto tal, que dentro del gobierno algunos llaman a Mariotto “el Cobos de Scioli”.
Aunque ahora diga que “sólo se trató de un partido de fútbol” y pida “desdramatizar”, lo cierto es que el mandatario no desconocía que la foto con el porteño irritaría a los K. Sobre todo, a pocas horas de la intervención a CFK y mientras todos los ministros nacionales mantenían un cuidado bajo perfil. Entonces, ¿por qué lo hizo? Cerca suyo aseguran que fue una poco sutil forma de enviar un mensaje de alerta a Balcarce 50 ante tantos embates. No fue azaroso, tampoco, que Scioli remarcara en tres oportunidades que “el gobierno para mí es la Presidenta”. En criollo: dejó en claro que sólo hablará con el dueño del circo y no con quienes, para él, se erigen en portavoces de Cristina.
Aprovechó, además, para recordar a quienes critican que haya jugado fútbol con el jefe de Gobierno porteño, que la Presidenta habilitó una lista colectora para Martín Sabbatella y, él lo toleró como un duque.
En adelante, el Gobernador no excluirá a su vice de los actos de gestión, pero tampoco evitará forzar una situación de acercamiento cuando es evidente para todos que entre ambos no hay empatía. No desplegará un operativo seducción, como alguna vez sí hizo con Alberto Balestrini. Cerca suyo explican que “saldrá al cruce todas las veces que su tolerancia se vea sobrepasada, pero mantendrá un equilibrio para no transformar una discusión en una novela mediática”.
Sobrevuela en el sciolismo la duda en torno al futuro de la relación con Mariotto: la falta de certezas sobre los pasos que dará el hombre de Lomas es lo que inquieta a un dirigente como Scioli, que se caracteriza por su previsibilidad.