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Jueves, 24 octubre 2019
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25/08
OPINION
Marcha y después: ¿Nace una nueva campaña?
Así como el resultado de la elección sorprendió tanto al gobierno como a la oposición, la concentración en la Plaza de Mayo y en otras plazas del país también provocó sorpresa. En ninguno de los dos lados de la grieta esperaban el acompañamiento que tuvo la convocatoria de Luis Brandoni. Hasta ayer la calle era un terreno esquivo para el macrismo, y ahora buscará conquistarla.
Marcha y después: ¿Nace una nueva campaña?
Por Hernán Sánchez

Golpeado por el resultado de las PASO, el gobierno nacional se mostró errático y titubeante en las horas posteriores. Además, la economía lo sacó del eje de la campaña, y en las dos últimas semanas, mientras trataba de arreglar el desaguisado del lunes negro después de las Primarias, en el oficialismo lo único que se escucharon fueron reproches y pases de factura internos.

El cimbronazo del 11 de agosto dejó a Juntos por el Cambio al borde del nock out y los cráneos que planean la estrategia de campaña lejos estuvieron de brindar una propuesta que tratara de sacarlos de las recetas ya conocidas y en las que, pese al fracaso, parecían volver a repetirse.

El mundo virtual obnubila a los Ceos de la política moderna; pero hay un mundo real, una calle donde se juega la vida cotidiana, y donde la grieta es verdadera, profunda y cruel. Una calle que a Cambiemos siempre le pareció lejana, propia de la política del pasado, pero que en las PASO le dio un cachetazo y ayer nomás una luz de esperanza a la que Macri ahora se aferra como abrojo a la lana de la oveja.

La plaza de Mayo se llenó y le dio a Mauricio Macri lo que apenas unas horas antes ni siquiera se atrevía a soñar. El Presidente, que fue duramente derrotado hace 15 días, tuvo su balcón de la Casa Rosada para hablarle a una multitud que clamó su nombre. En la esquizofrenia de un país partido, un Jefe de Estado con fecha de vencimiento aparente asomó frente a la Plaza de Mayo y quizá por un momento se sintió un líder de multitudes, como nunca antes pudo sentirse. 



Macri no había tenido hasta acá una plaza, ni siquiera con un puñado de partidarios cada vez que fue a dar su mensaje al Congreso en las Asambleas Legislativas. Es eso también inédito para la política argentina acostumbrada a ver movilizaciones cada primero de marzo desde 1983 en adelante. Y si ahora la tuvo no fue por iniciativa propia ni de aquellos que lo rodean y tienen la función de organizar la estrategia que le permita al actual Presidente permanecer en el poder. 

Fue Luis Brandoni, actor de profesión y político de carrera, quien tuvo la arriesgada idea de convocar a una movilización en defensa del Gobierno. A Macri le encantó la propuesta cuando se enteró del video casero que el protagonista de Esperando la Carroza grabó para llamar al plazazo desde España (donde se encuentra en un rodaje). Sin embargo, en la Casa Rosada y en otros ámbitos del oficialismo, catalogaban la iniciativa como demasiado jugada, teniendo en cuenta los escasos antecedentes de una movida así en defensa del gobierno de Cambiemos.

Ni el  más optimista en oficialismo ni el más pesimista en la oposición esperaba la respuesta de los votantes de Juntos por el Cambio. Porque, seamos sinceros, quienes estuvieron allí ya lo votaron el 11 de agosto y lo volverán a hacer en octubre. Entonces, eso no garantizaría una mejora en el desempeño del oficialismo en las elecciones generales. Sin embargo, ganar la calle, manifestarse, tiene a veces un valor agregado en el contagio, en la llegada del mensaje hacia aquel que duda o que es permeable a los cambios porque su decisión primigenia es más bien endeble. Allí es donde la marcha de ayer puede tener un valor real para Mauricio Macri y el resto de los candidatos. 

Se sabe que los hombres y mujeres del  Ejecutivo nacional son proclives a caer rápidamente en un desmesurado optimismo. “Marcos Peña es demasiado optimista y eso se puede transformar en voluntarismo”, dijo hace apenas algunas horas el exministro Juan José Aranguren, y esa descripción crítica vuelve a tomar relevancia por estas horas, donde en el Gobierno ya analizan una nueva estrategia de campaña.

En una entrevista con el diario La Nación, Marcos Peña dice que en la campaña de las PASO "faltó más territorio, faltó más calle, más militancia de todos, volver a las fuentes". La marcha invita aún más a salir a pelear el voto en el cara a cara y no tanto en las redes sociales o el whatsapp. Juntos por el Cambio quiere ir ahora a dar la lucha en un territorio en el que el peronismo siempre se sintió más a gusto. ¿Podrá hacerlo? O, lo que es más inquietante ¿sabrá hacerlo?



La vuelta de los timbreos es una posibilidad concreta, el pedido a los dirigentes para que vayan a buscar del voto casa por casa y no a través de un impersonal dispositivo electrónico ya llega a manera de orden, y se intensificará después de la grata sorpresa que le significó al oficialismo la movilización de este sábado. 

De bajar más al territorio ya venían hablando los intendentes amarillos que perdieron en las Primarias, y ahora saldrán a militar su boleta con el propósito de salvar el propio pescuezo antes que nada. Lo mismo planea María Eugenia Vidal, que inició, en la semana que acaba de terminar, los encuentros con vecinos en el Conurbano. 

Pero allí radica un problema que todavía no encuentra solución: los que acuden a esas reuniones son minuciosamente seleccionados, y su perfil es netamente de votante PRO o de exvotante del espacio que ahora está enojado por la crisis económica pero podría volver a dar su acompañamiento. Una lógica similar se usa en los timbreos o en el mano a mano con ciudadanos que suele tener la Gobernadora. Esto genera algunas disidencias con quienes recorren el  territorio a diario.

“No sirven los timbreos si antes le avisamos a quien le vamos a timbrear o elegimos a la gente porque es nuestro votante, tenemos que exponernos a que nos puteen, a encontrarnos con cuestionamientos, a buscar aquellos a los que debemos convencer, no a los convencidos”, dijo días pasados en una reunión de senadores provinciales de cambiemos un legislador que termina el 10 de diciembre.  Se multiplican las voces que piden que los dirigentes provinciales y nacionales, se expongan más en esa nueva teoría proselitista de “salir a la calle a escuchar, a escuchar de verdad”, como pregonó la propia mandataria provincial.

Como fuere, la marcha de ayer fue un bálsamo para un oficialismo herido, y empuja a intentar la dificultosa tarea de dar vuelta una historia que viene torcida. En tanto, para la oposición también fue una sorpresa. Como en las PASO nadie esperaba tanta diferencia en votos, tampoco nadie esperaba ayer la respuesta que tuvo la convocatoria de Brandoni. 

De todos modos, en el Frente de Todos no creen que deban apresurase a modificar algo de la campaña porque Macri se haya dado el lujo de pisar frente a una multitud un balcón que es caro a los sentimientos más profundos del peronismo. Por ahora seguirán en la misma tesitura de no entrar en agresiones, evitar las contestaciones, y mantener el tono crítico hacia la política económica del gobierno. 
 
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