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Martes, 22 octubre 2019
Revista Num. 853
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Revista EL SPRINT FINAL

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20/07
UN ORGASMO SANADOR
Descubrí el poder del Kung Fu sexual
Esta disciplina encuentra su origen en la cultura oriental. Si bien puede vincularse al sexo tántrico, debido a los objetivos que persigue, las prácticas difieren en algunos aspectos
Descubrí el poder del Kung Fu sexual
Seguramente, al leer “kung fu sexual” estés pensando en un tipo de arte marcial vinculado a la intimidad y desde la cama, pero nada tiene que ver. 

Esta es una práctica milenaria china, podría decirse que es prima hermana del sexo tántrico; y si bien comparten los objetivos generales, como desgenitalizar la sexualidad y reconducir la energía, recurren a prácticas diferentes para lograrlo. 

Para comprender de qué se trata vamos a partir de una pregunta: ¿Qué es el kung fu? Traducido significa “práctica diaria”. En este caso, con ella se pretende alcanzar la maestría sexual para aumentar nuestros niveles orgásmicos, mejorar nuestra energía sexual y sanarnos a partir de ella.

Cabe destacar que esta disciplina se sustenta sobre una concepción energética de la vida que se manifiesta por medio de la corporalidad pero que va más allá de esta. Es decir, parte de la idea de que el ser humano es poseedor de un dominio de funcionamiento que trasciende al cuerpo; por lo que la circulación energética y su control serían claves para mantener la salud y la espiritualidad. 

De esta manera, un equilibrio general (físico, nutricional y sexual) sería fundamental para alcanzar la armonía y lograr una vida larga y plena, óptima para trascender hacia “la otra Vía”.

Teniendo en cuenta esto, el kung fu sexual tiene por objetivo aprender a mover y transformar ese chi (energía) que está disperso en todo nuestro cuerpo, mediante la práctica sexual, para así generar una “caldera de salud” o energía espiritual y sanarnos con ella.

Pero aquí hay que destacar dos aspectos. En primer lugar, a diferencia de lo que ocurre en occidente, donde el sexo se veía como algo malo o pecaminoso, en oriente se entiende a esta práctica como un modo de sanación. Y en segundo, que las emociones están intrínsecamente relacionadas al chi; y así como hay energía positiva, también la hay negativa, por lo que sería vital aprender a canalizar de manera correcta las emociones negativas, para reconvertirlas y que no nos hagan daño.

En esta nota, La Tecla te lleva a conocer el camino de la sanación a través de una maestría sexual. 

¿En qué consiste?

A grandes rasgos, nuestra sociedad entiende al sexo como una necesidad fisiológica y/o una manera de expresar amor. Desde ambas lógicas divide su ejercicio en dos grandes rasgos: el sexo vainilla, como versión más tradicional, y el BDSM, como la más osada. 

Sin embargo, como expresan los expertos en kung fu sexual, jamás “nos explican cómo funciona nuestro cuerpo durante el sexo y qué sucede con él en el plano energético - espiritual”. 

Desde esta perspectiva, aclaran que mujeres y hombres viven la sexualidad de forma completamente distinta. Mientras los caballeros simbolizan el fuego, las damas son el agua; por lo que el encuentro de ambos generaría un punto intermedio, en el las energías se encuentran, confluyen y se equilibran para sanar. 


La misión de cada género

El objetivo de ellos es esquivar la eyaculación para tener más energía, y el de ellas, lograr el multiorgasmo, para enriquecer su vida y alcanzar estados de conciencia plena. 

El kung fu sexual entiende que “eyacular frecuentemente es desperdiciar energía sexual o esencia de vida, que, además, es limitada”. Por eso promueve la no eyaculación, es decir, estimularse y alcanzar el placer “sin derramar semen”. Esta acumulación de energía permitirá alcanzar el 100% de rendimiento. 

Pero, por otra parte, promueve que las mujeres superen los bloqueos que, muchas veces, les impiden alcanzar el orgasmo, para que así tengan una vida sexual más plena. Desde esta perspectiva, ellas pueden elevar y bajar la energía, pero jamás perderla. 

En esta línea destacan tres puertas que permiten alcanzar los distintos tipos de orgamos: clítoris, zona G y el epicentro o cuello del cérvix.


 
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