Amieiro denuncia a TBA por incumplimiento de contrato
El intendente de San Fernando denunció a la empresa del Grupo Cirigliano por falta de limpieza en las estaciones, y acusa a TBA de crear un verdadero “basurero ferroviario”. Una nueva etapa en el desmantelamiento de los ferrocarriles en el conurbano bonaerense
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El ferrocarril es uno de los temas que más preocupa a los millones de usuarios que lo utilizan diariamente para concurrir a sus trabajos, y ven como día a día su servicio desciende en calidad hasta convertirse prácticamente en una ensaladera humana.
Las estaciones en mal estado y los trenes en pésima condición, llevaron al intendente de la localidad de San Fernando, Osvaldo Amieiro, a denunciar a Trenes de Buenos Aires (TBA) por incumplimiento de contrato.
La denuncia se formalizó en el Juzgado Federal Nº 2 de San Martín, y en la misma se refiere que la empresa del Grupo Cirigliano mantiene “serias deficiencias en la limpieza y mantenimiento de las estaciones, los tramos de vías y terrenos”.
Las estaciones afectadas por la falta de servicio de TBA, son San Fernando, Virreyes y Victoria, a las que hombres cercanos al jefe comunal han calificado como virtual “basurero ferroviario”, debido al pésimo estado en el que se encuentran desde hace tiempo.
En la presentación judicial, el alcalde bonaerense pide que la empresa se encargue en forma inmediata de la "limpieza y desmalezamiento de la vegetación, mejora del alumbrado y recolección de residuos a ambos lados de las vías y la realización del mantenimiento edilicio de las estaciones".
Amieiro también cuestionó el "contraste en las estaciones del ramal Retiro-Tigre y del ramal Victoria-Capilla del Señor, donde existen condiciones indignas y paupérrimas en lo que atañe a la salubridad, seguridad y mantenimiento de las instalaciones por una inexplicable falta de inversión de parte de la concesionaria".
Desde la municipalidad se aclara que la presentación judicial se decidió luego de las interminables denuncias que llegaban a la oficina del intendente en la cual se quejaban de “viajar como sardinas enlatadas” y de sufrir en forma constante un “maltrato generalizado” de la empresa.