El Frente Progresista por el que aboga Margarita Stolbizer mira con atención lo que ocurre en territorio radical, siempre atento al desgaste entre los candidatos de la UCR y la posibilidad siempre abierta a sumarse a Proyecto Sur. La fuerza de Pino Solanas no se impacienta y aún sueña con sumar a Stolbizer y a los socialistas en un frente de centroizquierda
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"Los radicales viven de interna en interna, y ese es el juego que más les gusta", es una de las frases más típicas que suelen repetir en la clase dirigente a la hora de analizar los pasos políticos que sigue el partido que fundara Leandro N. Alem a fines del siglo XIX.
Las diferencias en estos momentos están dadas en tres proyectos diametralmente opuestos hacia el interior del partido, que son los encarados por el vicepresidente Julio Cobos por un lado, el de Ricardo Alfonsín por el otro, y un tercero que lleva adelante el actual presidente de la UCR, el mendocino Ernesto Sanz. Cada uno de ellos tiene visiones distintas de a lo que debe apuntar el radicalismo en el futuro cercano y sobre el régimen de alianzas que debe tener el centenario partido de cara a las elecciones del año que viene.
Por el momento, la discusión por estas horas pasa por saber si habrá una elección interna antes de las primarias del mes de agosto, en la que por el momento participarían Alfonsín y Sanz, ya que Cobos anunció que sólo se regirá por la ley nacional, que establece primarias para el octavo mes del año, lo que complica los planes de los otros precandidatos para instalarse no sólo en el electorado radical, sino en el resto de la población.
Lo que dicen los números de las tan codiciadas encuestas, es que una interna la ganaría fácilmente el hijo del ex presidente, pero la cosa se le complicaría un poco más cuando se abre el abanico de candidatos y se piensa en una visión más integradora, donde la figura del vicepresidente gana terreno entre los independientes, mientras que Alfonsín sólo consigue buenas cifras en los afiliados al centenario partido.
Es en estos datos en los que se basa Cobos para mantener su postura de no acudir a una interna partidaria y presentarse sólo en las primarias que impone el nuevo régimen electoral, mientras que Sanz y el diputado nacional creen que ir a un acto electoral interno sin la figura de Cobos, lo único que haría sería hacer retroceder sus figuras ante la gente, por lo que en estas horas podrían decidir ir directamente a la primaria, lo que sería un nuevo triunfo de Cobos sobre la estructura partidaria del radicalismo.
En caso de que la postura de esperar hasta a que la candidatura presidencial espere hasta agosto, las alianzas que la UCR podría llegar a acordar con el Partido Socialista y con el GEN de Margarita Stolbizer, podría llegar a naufragar, ya que estos partidos le están pidiendo a los radicales respuestas rápidas y urgentes a sus exigencias de contar con un candidato antes de abril, porque sino la posibilidad de acceder a acuerdos electorales se complicaría.
Ante esta posición, quien pareciera meter más cizaña dentro de la interna radical, sería Proyecto Sur, partido que conduce el diputado nacional y candidato a presidente por dicha fuerza, Fernando “Pino” Solanas. El cineasta, con sus dotes de buen animal político, sabe aprovechar estas diferencias en el radicalismo, para intentar convencer al GEN y al Socialismo de que el radicalismo representa la vieja política, y que para cambiar realmente al país, lo que se necesita es romper con el viejo bipartidismo que encarnan desde hace décadas la UCR y el PJ.
Más allá de que en el radicalismo consideran que las diatribas de Solanas no tendrán peso dentro de sus circunstanciales aliados, la verdad es que la indefinición que se vive en la UCR por saber quién será el candidato que finalmente lleven a la cabeza en octubre, está comenzando a cansar al GEN y el PS, situación que se vio claramente en las declaraciones del diputado Gerardo Milman a la Agencia de Noticias CNA, cuando sostuvo que “si en marzo, el radicalismo no resuelve el problema de tener tres candidaturas, nosotros nos alejamos”, palabras más que claras para la conducción de la UCR y su irresolución interna.
En idéntica posición se encuentra el Socialismo, quien pasa también por su interna por saber quien será su candidato a gobernador santafesino, entre el “binnerista” Antonio Bonfatti y el senador nacional Rubén Giustiniani. Binner es partidario de hacer una alianza con la UCR y ser el hombre que acompañe en la fórmula al candidato que salga de la interna radical, postura contraria que pareciera mantener Giustiniani, quien aboga por una unidad de centroizquierda, y estaría más cercano a conseguir un frente electoral con Solanas que con el radicalismo.
Esta situación, llevó a que Solanas siga metiendo más manija con sus declaraciones para apurar a sus posibles aliados a que asuman rápidamente una posición con respecto a la presidencial de octubre, y Pino se basa en los sondeos que le atribuyen una intención de voto que varía entre el 8 y el 15%, mostrándose casi en idéntica cosecha de votos que la UCR, que por el momento en ninguna encuesta logra superar la brecha de los 18 puntosa porcentuales, lo que pone nervioso a más de uno dentro del centenario partido.
La política argentina parece no aprender de sus errores del pasado y cae en forma constante en los mismos sin que se los corrija en lo más mínimo. La Unión Cívica Radical es un partido que ha estado siempre sumergido en internas feroces que han desangrado al radicalismo de muchos de sus principales dirigentes y que lo han desgastado enormemente ante la sociedad.
Situación compleja y delicada por la que pasa la UCR en su relación con la sociedad, donde ve que cada una de sus acciones son estudiadas por una ciudadanía que ya no se come tan fácil el discurso de la clase política y espera acciones concretas que vayan en el bienestar de la ciudadanía. Si el radicalismo entiende este pedido y deja de jugar su deporte favorito, como son las internas, puede llegar a recuperar el vínculo perdido hace mucho con una sociedad que ya no les cree y que espera respuestas y soluciones concretas a sus reclamos.