La designación de Juan Manuel Abal Medina como secretario de Medios le quita a Aníbal Fernández, otra porción gruesa de su poder: el control de la pauta oficial. En Olivos, lo habrían atenuado argumentándole sobre la necesidad de “oxigenar” el gabinete. Pero es claro el declive del funcionario. Su relación con la Provincia, otro punto de conflicto
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Es casi una verdad de verdad de perogrullo admitir que Aníbal Fernández está transcurriendo el momento más acuciante desde que se desenvuelve como funcionario nacional del kirchnerismo.
Desde la muerte de Néstor Kirchner, la territorialidad del altamente expuesto dirigente quilmeño comenzó a mermar aceleradamente.
Si bien los resquemores de la mesa chica nacional (Cristina Fernández, Oscar Parrilli, Carlos Zanini, y uno que viene sumando, Julio De Vido) estaban incrementándose por su vocación de sentirse un pequeño Estado dentro del Estado, el conflicto de las tierras en el Parque Indoamericano, las muertes gestadas por la represión policial, y la desinformación a la presidenta, marcaron la suerte del delfín K.
Después se dividieron los ministerios, desembarcó Garré, se descabezó a la Federal, salieron funcionarios nacionales vinculados al Jefe de Gabinete, y los rumores de la caída del encargado de los ministros comenzaron a desarrollarse con extrema velocidad.
Sus reemplazos circulan en el aire y flotan esperando que la decisión baje como un rayo: el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, es muy nombrado en estos días, luego de la presunta negativa dada por Carlos Bettini, embajador argentino en España y muy ligado a la presidencia.
Ahora con la llegada de Abal Medina a la secretaría de Medios, la pérdida de espacio se clarifica aún más. El cargo estaba vacante desde la salida de José “Pepe” Albistur. El control de la pauta oficial cambia de manos, unas manos estrechamente cercanas a la mandataria nacional.
La movida digitada “desde arriba” le arrebató a Aníbal uno de los últimos resortes gruesos de poder que le quedaban El dulce de los fondos para distribuir, hoy ya son un insípido pasado.
El grave error del funcionario que destacan desde Nación es que habría tomado la pauta para construir políticamente. Según ratifican entre los pasillos de la Rosada, Cristina Fernández habría pedido semanas atrás que le acercaran el detalle de la distribución de la pauta oficial y se llevó más de una sorpresa desagradable. Presuntamente, figuraban sumas importantes a medios de Provincia que no son integran las prioridades informativas del gobierno nacional.
Cierto de este cuadro, el funcionario buscó reaccionar, sin embargo la presidente no lo recibió y sí uno de sus leales consejeros de baja exposición, que le afirmó que la llegada de Abal Medina “nada tenía que ver con él”.
Su otro traspié estaría en que con miras a las elecciones de octubre, Aníbal fue uno de los pocos funcionarios que públicamente dudó sobre la candidatura de Cristina Fernández. Sin guardarse nada, admitió que no era “la única candidata” del oficialismo.
Estas declaraciones generaron lecturas y desde la Rosada alimentan la idea de que en la Provincia estaría su candidato a presidente.
Asimismo, el supuesto trabajo mancomunado entre el funcionario y el poder provincial para coordinar el desembarco de los Gendarmes en el Conurbano, sería otro de los puntos que une las vías entre el quilmeño y las líneas bonaerenses, y generaron desconfianza en el gobierno.
Según comentan por lo bajo altas fuentes oficiales, Aníbal “quiso quedarse con todo y lo está pagando”. La suerte está echada sería el título para esta novela que protagoniza el por ahora Jefe de Gabinete.