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Jueves, 25 junio 2026
Argentina
JOSÉ SBATELLA

“El campo popular debe estar alerta”

A punto de cumplirse un año de que la Presidenta elevó la propuesta de designación que lo puso al frente de la Unidad de Información Financiera, José Sbatella encara un mano a mano a fondo con La Tecla para repasar su gestión y la actualidad económica y política del país

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-¿Cómo evalúa su primer año al frente de la UIF?
-Fue intenso desde el punto de vista de la situación, que se puede caracterizar en dos momentos. El primero comienza con el mandato de la Presidenta de decirnos que pongamos en órbita la UIF como un organismo con poder de policía efectivo. Y que de alguna manera se cumpliera la función, que se empezara a regular el sistema antilavado, con todos los organismos que juegan un rol en el circuito del dinero y que conforman un sistema que tiene que estar articulado. Esa es la segunda etapa, que tiene que ver con la coordinación del sistema, y que se da a raíz de un decreto de la Presidenta, en el que, además, explicita cómo se ejercita la facultad de inspección in situ, que era un reclamo del GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional).

-¿Cómo evalúa 2010 en términos económicos?
-En 2010 pudimos comprobar, en la práctica, que las teorías del FMI y del neoliberalismo como esquema de análisis del mundo eran falsas. Lo de Kirchner ha sido espectacular, no reconocido por la academia de economía, aunque debería. Romper ese esquema con un default, no negociar en default la asistencia extranjera y mancarse la quita de la deuda implicó una ruptura más fuerte que los demás países latinoamericanos. Argentina es la primera en hacer una quita y en decir que al Fondo no lo quiere más. Pudo, además, desconectarse financieramente de los cinco monopolios. Por romper con esa lógica se queda con un excedente económico, demuestra que tiene una capacidad de acumulación.

-Está pendiente el tema de la inflación…
-Romper el esquema que te describía, en un país concentrado como el nuestro, con grandes monopolios, genera tensión en los precios. Vuelve un viejo problema que la Argentina dejó de tener únicamente con el golpe militar, cuando se desactiva la puja distributiva al romper la estructura de defensa social y desindustrializar. Así no hay contención.

-¿Y cuál es la alternativa para cortar con la puja redistributiva?
-A través del acuerdo social; históricamente, el más exitoso fue el de Gelbard, que tuvo una pequeña inflación por la suba del petróleo a nivel internacional. La otra forma, impuesta en forma autoritaria, puede ser a través de un proceso como el de Martínez de Hoz, con una escala de precios, congelamiento de salarios y represión para que los productos que crecieran fueran los que hicieron ellos. Acá las posibilidades son una concertación social o una hipótesis de conflicto donde el campo popular debería estar alerta: los sindicatos y las organizaciones sociales, porque puede haber sectores que aprovechen ese escenario para ir minando este proceso. La experiencia de Argentina es clara y no hay que descartar nada de parte de los grupos concentrados.

-Muchos parecen estar jugando políticamente, ¿cuánto les puede interesar hacer un acuerdo con este gobierno?
-En los momentos de decisión los grupos dominantes no quieren que el éxito corone una gestión económica de un sector que ellos no dominan. Más allá de que la pasen bien, porque ganan mucha plata, el temor es que un gobierno popular, con sectores sociales que aspiran a mejorar su distribución del ingreso, se consolide y se les vaya de las manos. Ellos son capaces de dar algo con tal de ser ellos los que conduzcan. Ahí está uno de los temas cruciales para 2011; por eso es importante lo que vaya a pasar políticamente. A partir de allí puede iniciarse un camino más consolidado, en el que el campo popular debería estar más organizado.

-La muerte de Néstor Kirchner dejó a la vista que algo de eso está pasando.
-Fue un hecho político, generado también por él. No creo que en su mente estuviera pensando lo que pasó pero, como cuadro político que era, sabía cuál era el significado político, y no reparó en su desgaste físico. Dejó un mandato muy fuerte, porque todos los que estaban cercanos sabían que la hiperactividad lo podía perjudicar; él también, y tomó la decisión política de seguir. Fue un misil que dio de lleno en toda la estructura opositora; los sacó del partido, porque habían apuntado a él como un demonio y quedaron en ridículo. Logró, además, que se haga un recuento de siete años de gestión, donde uno empezó a recordar y el pueblo argentino lo hizo. El balance dio claramente positivo y se mostraron blanco sobre negro los sectores de poder, con nombre, apellido y cara a sectores que estaban difusos. Se mostró lo que estaba atrás del golpe, se procesó a Martínez de Hoz y se hizo un blanqueo histórico que me parece es una ruptura.

-¿Qué implicancias políticas tiene de aquí en adelante?
-Es otro ciclo de reiniciación del campo popular, que canalizó en su momento a través de Yrigoyen, y más tarde de Perón, su primera y segunda etapa. La tercera etapa se dispara con la muerte de Kirchner: claramente rompe, se parte todo. Se parten la izquierda y el progresismo, los movimientos sociales, el peronismo, todas las construcciones políticas anteriores. El peronismo se rompe entre trogloditas nostalgiosos y filofascistas y un peronismo que se aggiorna a esta etapa que comienza y lidera el proceso latinoamericano. Eso estaba latente, en el ‘76 también, pero el golpe militar congeló todo eso. Fue esencial para que se iniciara un nuevo ciclo que cayera el descreimiento de la juventud. Prendió, y realmente nadie en su generación imaginaba cómo hacer para que el conjunto de los jóvenes entendiera que sin mística no vale la pena transcurrir una generación. La posibilidad de incluirse en un proyecto nacional que tiene visos de recuperar épicas históricas es bárbaro para una generación, y Kirchner lo puso de vuelta sobre el tapete. Esa situación dispara todo lo demás. Ahora hay que bancar, está la mecha prendida y el desafío es muy grande: consolidar un triunfo popular que lleva estos años, y mantener la iniciativa ya no depende tanto de una o dos personas. Sí hay mucha necesidad por que Cristina sea la representante de este esquema, pero queda mucho por hacer, por lo que implicaba Kirchner.

-Le pido, para terminar, un deseo para 2011.
-Que podamos cristalizar, en una representación popular creíble, las aspiraciones que durante estos años generó Néstor Kirchner. Que no se pierda lo que se inició y que le costó la vida a Néstor. Sería sano que continuara.


Lea la nota completa en la edición de esta semana de Revista La Tecla.

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