Las encuestas del bruerismo muestran intención de voto que duplican los ya obtenidos. Parecen demasiado optimistas. El pacto implícito Scioli-De Narváez. Los números serán clave para que la oposición no estalle
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Los números de la previa acomodarán los melones en el cajón. Hoy, en la foto navideña, está todo tan revuelto que ni un empujón permitirá poner a cada uno en su lugar.
En este diciembre, una de las fotos indica que el platense Bruera tiene todo el viento a favor para reelegir, con cuentas de optimismo puro que oscilan entre el 40 y 45%. Obviamente, no son guarismos definitivos, apenas especulaciones. En ambos casos, este supuesto escenario indica que el actual intendente duplicará los votos que obtuvo en 2007 y en 2009 (los suyos, de la boleta corta sin Kirchner). No parece tan sencillo. Es decir, es un pronóstico con mucho sol y cielo despejado por varios meses.
Si todo es tal cual lo muestra este cierre de año, la oposición platense será más atomizada que en las últimas elecciones. Es difícil que se produzcan acuerdos electorales con pocos cargos a repartir, y con números en contra. “Es preferible jugársela sola”, leyó lacónico un operador político. Máxime si se tiene en cuenta que la Octava renueva apenas 3 senadores.
Pero si las encuestas empujan el camión de forma tal, los melones quizás se acomoden en pocas canastos; y en no muchos. Dicho en otras palabras: si hay posibilidades, aunque sean efímeras de sacar a Bruera de calle 12, la oposición panradical es muy probable que se unifique. Ahora, no lo es.
En sectores del radicalismo hacen dos lecturas. Una es que Alfonsín deponga su campaña nacional, y traccione desde Buenos Aires. Todo parece indicar que es el mejor (y único) hombre para el territorio bonaerense. Allí, todo puede acomodarse más rápido.
Y la otra lectura es que Scioli –como muchos creen- vaya por la grande con números que no necesitarían de un candidato con fuerte tracción trasera en la ciudad. “Scioli gana cómodo en La Plata; no va a necesitar a Bruera”, leyó el mismo osado operador.
¿Y por qué no habría de apoyarlo? “Sencillamente, por la desconfianza que ha generado puertas adentro del PJ. Ni siquiera Massa le confía”, siguió con su lectura. No fue esperanzador el lanzamiento de Duhalde para el peronismo más ortodoxo. Tampoco para De Narváez, que sigue esperando a Reutemann, y quizás –aunque hoy suene utópico- a Macri.
Párrafo aparte: Scioli y De Narváez tienen una suerte de pacto implícito de no agresión. Pepe Scioli habla a ambos lados de la vereda. Y el Colorado nunca descartó –aunque no lo diga- que el salto del ex motonauta le deje la silla vacía en Buenos Aires. Hoy parece otra utopía; pero de eso se trata de la política.
La UCR local sueña con que se divida el voto peronista de La Plata, (Bruera sacó 13 puntos propios, más 21 de la boleta K en las legislativas últimas). Y lograr llegar a mayo con expectativas, para hacer una lista amplia, con el GEN y dirigentes de la CC. La palabra “dirigentes” no es antojadiza: un acuerdo de cúpula con la Coalición parece imposible a todas las luces. Pero no así con candidatos posicionados.