La fuerza política que comanda Fernando “Pino” Solanas comienza a mostrar métodos de la vieja política que pueden llegar a alejarla de la sociedad. La interna que se avizora entre aquellos que quieren ir por más por izquierda y los que quieren un Pino más moderado en cuestiones claves
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A lo largo de toda su historia, la izquierda argentina ha sabido ser ejemplo de la división y fragmentación política, no pudiendo armar un frente en común que pueda ser una opción de poder en nuestro país, donde una amplia franja del electorado se pronuncia con tendencias progresistas, pero que descree de las fuerzas políticas de izquierda.
Los múltiples candidatos y la gran aparición de partidos políticos que se identifican con este sector, han hecho que no se sepan sus ideas y que no tengan una inserción social como sí han tenido otros partidos izquierdistas en América Latina.
En una etapa política argentina donde la centroizquierda encarnada por el kirchnerismo está debilitada ante la sociedad, la división de la izquierda, muchas veces por cuestiones menores, no la han podido transformar en nuestro país como una opción seria a las que encarnan los partidos de centro o de centroderecha.
Las peleas entre las distintas fracciones de esta expresión política cansan a una población que no quiere más divisiones, sino que quiere uniones que sirvan para pensar ideas que solucionen los problemas de la gente. Además, las viejas proclamas de la izquierda, que no han sido modificadas por los partidos argentinos a pesar del paso de los años, no ha hecho más que alejarla de una sociedad que quiere alternativas diferentes a la de los partidos tradicionales.
Una fuerza política que despierta muchas esperanzas dentro de la sociedad argentina es Proyecto Sur, cuyo líder es el reconocido cineasta Fernando “Pino” Solanas, que ha logrado ser la segunda fuerza en la ciudad de Buenos Aires y tener una importante intención de voto a nivel nacional para las elecciones presidenciales del año que viene, donde según la última encuesta de Poliarquía, sólo en la provincia de Buenos Aires, el director de “Sur” y “El exilio de Gardel” entre otros éxitos cinematográficos, cosecha una intención de voto del 17 por ciento.
Pero no todo parecen ser buenas noticias para Proyecto Sur, ya que a su interior se está levantando una fuerte pelea política para ver que rumbo toma este partido y cuáles son las iniciativas que se le presentan a la sociedad de cara a las elecciones del año que viene. En esa discusión asoman dos posturas, la primera es de aquellos que quieren correr al gobierno “por izquierda” y proponen ir más allá de las decisiones progresistas K; y el otro sector que busca moderar el discurso y esperan que en los próximos meses Pino Solanas se suba a este tenor.
El sector más radicalizado en el discurso está formado por aquellos miembros de Proyecto Sur que vienen de la izquierda clásica argentina, así como también por muchos independientes que creen que hay que ir más allá de los cambios K y proponer cambios estructurales en nuestro país, que van desde la economía y la redistribución del ingreso, hasta la nacionalización de la banca y los recursos naturales, para empezar desde allí a “refundar” la Argentina.
La otra pata de Proyecto Sur, si bien comparte muchos de estos planteos, asegura que hay que ser más prudentes y empezar con cambios graduales y no hacer todo de golpe. Esta postura la mantienen aquellos miembros que vienen de partidos considerados progresistas y que se fueron de los mismos por haber girado los mismos hacia posiciones de derecha y antipopulares, por lo que quieren un Pino Solanas más moderado pero a la vez firme en sus decisiones de cambiar de cuajo el sistema político en la Argentina.
En este estado de situación se encuentra una de las fuerzas políticas que más esperanzas ha despertado en la sociedad argentina, que se encuentra harta de la vieja política y deseosa de encontrar nuevas experiencias que puedan sacar al país del letargo en el que se encuentra y poder mirar al futuro con mayores esperanzas.