Hace casi un año La Tecla adelantaba los nombres de quienes hoy están sindicados como partícipes de la masacre de General Rodríguez. Las vinculaciones políticas y las escandalosas consecuencias
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La causa del triple crimen comienza a acelerarse. Al menos diez allanamientos
y tres detenidos es el saldo de los operativos ordenados por el fiscal de Mercedes, Juan Ignacio Bidone. Los allanamientos, encabezados por efectivos de Gendarmería, se realizaron en las localidades de Quilmes y Mar del Plata. Para los investigadores, la ciudad cervecera sería el lu-gar donde fueron escondidos los empresarios Bina, Forza y Ferrón antes de que fueran asesinados y abandonados en General Rodríguez.
El abogado de las familias, Miguel Angel Pierri, señaló que entre los detenidos estarían los autores intelectuales o materiales del crimen: “O son los que ordenaron matar, o los que mataron. El fiscal siempre nos dijo que cuando haya detenciones íbamos a trabajar en el marco de la autoría”.
Por su parte, Bidone aseguró que los tres detenidos en las últimas horas por
el triple crimen de General Rodríguez están imputados “de privación ilegítima de la libertad agravada y homicidio agravado en calidad de coautores”. Además, dijo que existe “la fuerte probabilidad” de que el domicilio allanado en la calle Videla 631 de la ciudad bonaerense de Quilmes “sea el lugar donde habían estado las víctimas por última vez, por el lapso de una hora”.
En declaraciones periodísticas confirmó que los detenidos son los hermanos Víctor y Marcelo Schillaci, mientras que Cristian Lanata está preso en el penal de Sierra Chica “por un robo calificado” y se está “coordinando” la entrega de su hermano Martín Lanata, quien “formaba sociedad con finalidades de negociación de medicamentos” con Sebastián Forza, uno de los tres empresarios asesinados.
Y si bien el propio Martín Lanata se acercó a la Justicia hace dos meses explicando que él no tenía absolutamente nada que ver y que estaba a entera disposición, el juez que entiende en la causa ordenó su inmediata detención. La liviandad le jugó en contra. La compra de un teléfono celular un tiempo antes del triple crimen fue la punta del iceberg.
Al parecer, lo utilizaba sólo para comunicarse con Forza.
¿Pero quién es realmente Martín Lanata? El 26 de febrero de este año
La Tecla publicó que Lanata era señalado como el principal responsable de gestionar la irregular habilitación de armas por parte del Registro Nacional de Ar-mas (RENAR) a Sebastián Forza (tenía por lo menos 20 causas judiciales) y que era seguido de cerca por el juez de Cam-pana, Federico Faggionato Márquez.
La nota agregaba que el hombre “sería de extrema confianza del ministro de Seguridad y Justicia, Aníbal Fernández”, y que según cuentan “tiene mucho para decir”.
Algunos afirman que “el muchacho, de unos 34 años, siempre estuvo cerca
de Aníbal”. “Acá en Quilmes dicen que Lanata quedó huérfano siendo muy chico y la familia del propio Fernández se encargó de su crianza”, manifiestan desde un sector que siempre criticó la labor del ex intendente y hoy ministro nacional.
El vínculo entre Forza y Lanata
Sebastián Forza contaba con seis armas que fueron autorizadas desde el 27 de septiembre de 2007 hasta el 1 de octubre de 2008. (entre ellas una semiautomática Glock y una semiautomática Tanfoglio). Lanata habría sido el impulsor del irregular permiso. El ignoto empresario, al parecer dedicado al rubro seguridad, no figura como empleado del RENAR. Pero se sabe que caminaba los pasillos del segundo piso asiduamente. Aquí entra en juego un personaje que si figura o figuraba (fuentes cercanas contaron a La Tecla que fue dado de baja) en la plantilla de nombres del RENAR: Alejandro Giancristóforo, uno de los acérrimos seguidores de Aníbal Fernández. La relación era tan cercana que el actual ministro de Justicia es el padrino de una de las hermanastras del empleado del RENAR. El padre de este joven era Cacho Rey, quien luego de su primer matrimonio se casó con Gladys Pérez, la denunciante en el famoso Caso del freezer. Esa denuncia apuntaba directamente al propio Giancristóforo (hijastro de la denunciante) y al por entonces intendente, Sergio Villordo). De la cercanía entre “Alejandrito” y Aníbal habría nacido la consecuente amistad entre el primero y Lanata. Lo importante es que por estos días la Justicia intenta dilucidar cuál era la vinculación entre Lanata y Forza, que por lo menos se conocían. Gustavo Alvarez, un ex empleado del primero, hacía las veces de intermediario. Era quien se encargaba de arreglar los encuentros en el Wall Mart de Sarandí, el lugar donde Forza, Ferrón y Bina fueron vistos con vida por última vez. Fuentes cercanas a los extensos expedientes confiaron que en uno de los llamados realizados en las horas previas al crimen entran en juego los números de Lanata y Forza”.
La nota completa en esta edición de revista La Tecla.