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Argentina
Política Nacional
9 de marzo de 2023
PUNTO DE VISTA

Milei, el teorema de Baglini, las pesquisas por su financiamiento y las peleas que lo alimentan 

El precandidato libertario morigera su discurso para pescar votantes en los sectores más moderados y empieza a preocupar a los dos tanques electorales que, de todos modos, parecen seguir distraídos en sus cuitas internas, lo que también favorece al economista.

Milei, el teorema de Baglini, las pesquisas por su financiamiento y las peleas que lo alimentan Milei, el teorema de Baglini, las pesquisas por su financiamiento y las peleas que lo alimentan 
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Toda teoría tiene que demostrarse en la práctica, y el teorema de Baglini adquiere, por estos días, una clara sentencia de campo en la figura de Javier Milei. El controvertido libertario ya no se muestra como un desquiciado liberal que permitiría hasta la venta de órganos y bebés, sino que morigera su discurso, sin correrlo de las ideas de derecha pero con una clara intención de pescar en la pecera del centro, donde habita la mayoría de la clase media. 

“Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”, dijo el exdiputado radical Raúl Baglini en momentos en que la recuperada democracia daba sus primeros y tambaleantes pasos. Milei hace sólo unos meses se veía tan lejos del sillón de Rivadavia como de un peluquero que le acomode la melena; ahora se autoconvenció que la utopía tiene visos de posibilidad concreta y actúa en consecuencia. 

Además, empieza a darle volumen a la estructura electoral que necesitará si quiere ser finalmente un contrincante serio, no sin que esto signifique otros problemas que deberá resolver y que darán también la pauta de si está en condiciones o no de ser una amenaza real para los tanques electorales que son el Frente de Todos y Juntos por el Cambio.

Mientras esos tanques se enredan en pujas internas sangrantes y se condenan a que la sociedad los vea cada vez más como “la casta” que no logra resolverle los problemas reales mientras se la pasan peleando entre ellos, Milei aprovecha el vacío. Entonces, su crecimiento comienza a encender las alarmas en el oficialismo y fundamentalmente en la principal alianza opositora que, como una de las respuestas, empieza a buscar chivos expiatorios acerca del financiamiento que tiene el libertario. También debería, en este caso, mirar puertas adentro. A Milei lo han “ayudado” de varios lados y le permitieron un crecimiento que ahora se vuelve preocupante. 

“Lo que estamos viviendo es la explosión final de un modelo decadente que tiene cien años”, fue su primera frase anoche en la entrevista que le hizo Marcelo Bonelli en A Dos Voces. Esa nota es una contundente demostración del cambio de discurso del economista liberal. Esos cien años de decadencia de los que habla incluyen a todo el arco que no está dentro de su espacio. Claro que, si se hila fino (y esto se acrecentará a medida que incorpore aliados), él también caerá en la contradicción de asociarse con dirigentes que formaron parte de diferentes gobiernos o fuerzas políticas. Sabe Milei que su principal fuente de votos está en el hartazgo, y eso lo excluye de cualquier posibilidad de incorporarse a la competencia en las PASO dentro de Juntos por el Cambio. 



Aunque todavía, y riesgosamente, sea subestimado por parte de la política, por parte de la sociedad y por parte de los medios, es la tercera fuerza con chances de convertirse en segunda, lo que lo colocaría en al balotaje. Un riesgo demasiado grande para el statu quo político y también para el círculo rojo. No es el candidato de esa cofradía del poder, pero, como casi nunca sucede, es un elemento que parece habérseles escapado de las manos. Claro está que siempre ese sector tiene una bala de plata para usar en última instancia, y eso también lo sabe el interesado; de modo que busca un discurso amable para ese sector al que deberá recurrir irremediablemente si quiere jugar en serio la carrera.

Una campaña presidencial es demasiado cara e imposible de afrontar para un consultor económico sin una estructura partidaria fuerte. Y a la hora de buscar esos recursos difícilmente se encuentre con la venia de un círculo rojo al que le parece simpático como molestia para la política tradicional, pero le desconfía como conductor del país. Es, sin dudas, el mayor problema que deberá afrontar la estructura libertaria de cara a las elecciones. 

¿Y cómo se financió hasta ahora? Es una de las incógnitas que desvela a un sector de Juntos por el Cambio. Parece un poco incorregible el afán macrista por andar espiando, y en ese sentido hay quienes empiezan a asegurar que hay “ayuda” por parte del oficialismo, e incluso se atreven a adelantar que hay funcionarios provinciales metidos en la ensalada. Cuidado con esas revisiones, no sea cosa que se encuentren también con algún compañero de espacio que haya envalentonado con recursos al libertario en algún momento.

Además, es de manual en la política argentina el sostenimiento por parte de algunos de los dos partidos mayoritarios de una tercera fuerza que dañe al principal adversario. Se supone, con fundamentos, que Milei perjudica más electoralmente a Juntos por el Cambio que al Frente de Todos, pero para el oficialismo también empieza a ser una filosa piedra en el zapato. En tren de especulaciones, el arrastre de Milei puede despejarle el triunfo al peronismo en la provincia de Buenos Aires, donde Axel Kicillof se aseguraría la gobernación y algunos intendentes reafirmarían su poder territorial que estaría en riesgo en un mano a mano con Juntos. 

Sin embargo, puede ser un problema de dimensiones para el Frente de Todos a nivel nacional. ¿Qué pasaría con el peronismo y el kirchnerismo si el aluvión libertario y la grieta los dejan en un tercer escalón que los desplace del balotaje? Ese escenario, impensado hace algunos meses, ya no aparece como tan imposible si se miran algunas encuestas. Individualmente, Milei supera a casi todos en la intención de voto. Cuando se ponen sobre la mesa las alianzas todavía está tercero, y en esos números aún descansan en los dos lados de la grieta, pero la brecha se acorta.

En Juntos por el Cambio empiezan a notar cada vez más que el hartazgo social los mete en la misma bolsa que al kirchnerismo. Se espantan de esta realidad, y sin embargo no pueden salir del embrollo interno que, lejos de dar indicios de ordenarse aparece a los ojos de todos cada vez más desquiciado. La guerra de fotos, a la que ahora también se presta el radicalismo (incapaz de balconear la situación interna del Pro sin involucrarse) no hace más que dar un mensaje desalentador hacia la sociedad. Se pelean por una porción de la torta sin mostrar casi nada -por no decir nada- de lo que harían si recuperan el Estado.



Milei tampoco dice demasiado de lo que haría, pero con generalidades, confrontaciones con “la casta” y un discurso que se acomoda cada vez más a lo que la calle reclama (incluso en algunos casos contradictorio con lo que sostenía hace un año) pasa la red por todo el mar de los posibles votantes, desde los desencantados con Macri hasta los desencantados con Cristina, con todo lo que hay en el medio. También intenta mostrar que detrás suyo hay un gran equipo que le prepara las políticas de Estado para su eventual gobierno. Ese equipo no se conoce ni hay precisiones sobre el mismo, pero por ahora le alcanza para transmitir una sensación de solvencia que se duda que exista realmente.

 “El modelo que yo propongo es bueno para la gente, es bueno para el que labura, es bueno para la gente de bien, pero es pésimo para el político ladrón argento”, dijo Milei en la mencionada entrevista televisiva. Con eso y poco más le alcanza, por ahora, para jugar al encantamiento de serpientes hambrientas de otra política, sin saber con precisión cuál es esa otra política que quieren. Le esquivó a una definición sobre la necesidad o no de devaluar y asegura que con su plan económico el PBI crecerá 14 veces en 35 años. Insiste con la dolarización de la economía, algo que suena sinfónico para una parte de la sociedad y espanta a otra, a los dos extremos de la escala social.
 

Bonelli buscó llevar a Milei al terreno sinuoso de mostrarse alineado con el controvertido presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y su forma de afrontar el problema de las maras salvadoreñas.  “No estudié el caso de El Salvador, lo que sí tenemos resuelto es lo que queremos hacer para Argentina. Lo primero que tenés que comprender es que hay una cuestión de índole coyuntural y una cuestión de índole estructural; y Argentina tiene toda la estructura podrida, entonces se necesita cambiar esto radicalmente”, dijo Milei, sin entrar en precisiones de qué es lo que haría si es presidente. 

También dijo que no es fácil sumar al Ejército en la seguridad interior, como reclaman sectores de ultraderecha, “porque la convención e Ginebra dice que los uniformados no le pueden tirar a los no uniformados, o sea que no se puede hacer eso”. Y remarcó que el involucramiento de las Fuerzas Armadas no funcionó ni en Colombia ni en México. Ante la existencia de si haría cárceles como las de Bukele, Milei fue por el lado de que hay que “modificar la Ley de Defensa nacional, modificar la Ley de Seguridad Interior, modificar la ley de Inteligencia, y modificar el sistema carcelario”. Otra vez generalidades sin profundizar, pero con eso alcanza para decir un poco más que los otros. 

“La nueva doctrina de la Argentina es ‘el que la hace la paga’”, y habló de “mano justa” en vez de mano dura. Un slogan simpático para quienes ven en la inseguridad un flagelo que ni este, ni el anterior gobierno, ni el anterior del anterior, atendieron como la sociedad esperaba. Por ahora le alcanza para seguir creciendo mientras los demás se distraen en pujas internas por ver quién se queda con la cucarda del candidato. 
 

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