Crecimiento urbano: normativa, riesgos y polémicas en las sierras de Tandil
Especialistas apuntan a la urbanización en zonas serranas y la pérdida de suelo permeable como factores clave.
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Los anegamientos que se repiten con mayor frecuencia en Tandil ya no pueden explicarse sólo por lluvias intensas o falta de mantenimiento. Distintos especialistas y actores locales advierten que el fenómeno responde, en buena medida, a decisiones urbanísticas que modificaron el comportamiento natural del agua en la ciudad.
La expansión de construcciones sobre las sierras y el avance de superficies impermeables alteraron la capacidad de absorción del suelo. Donde antes la geomorfología serrana y la vegetación retenían y desaceleraban el escurrimiento, hoy el agua desciende con mayor velocidad y volumen hacia las zonas bajas, que además presentan menor capacidad de drenaje.
Frente a cada episodio, el municipio apunta a la necesidad de obras hidráulicas provinciales, como el dragado de arroyos. Sin embargo, esa explicación omite el impacto de las intervenciones en las cuencas altas, donde viviendas, caminos y cambios en la cobertura vegetal modifican el flujo hídrico desde su origen.
A esto se suma la transformación del entramado urbano: el reemplazo de superficies permeables por pavimento, la reducción de espacios verdes y la falta de exigencias efectivas de sistemas de infiltración en nuevas obras. El resultado es un patrón que se repite: zonas céntricas y del norte anegadas, mientras áreas más elevadas, donde avanzan desarrollos inmobiliarios, quedan al margen del problema.
El marco normativo vigente contempla restricciones claras. El Plan de Desarrollo Territorial prohíbe la urbanización intensiva en áreas serranas protegidas, mientras leyes provinciales establecen la necesidad de preservar el paisaje y realizar estudios de impacto ambiental. No obstante, en la práctica, la expansión urbana avanza sobre esas zonas, evidenciando una brecha entre la normativa y su aplicación.
En ese contexto, el ordenamiento territorial aparece tensionado por intereses económicos y decisiones políticas. La falta de control sobre desarrollos en áreas sensibles y la aprobación de proyectos sin condiciones adecuadas de absorción generan efectos que, por su propia dinámica, se evidencian con el paso del tiempo.
A su vez, organizaciones vecinales y ambientales advierten sobre la posible elaboración de un nuevo instrumento de planificación. Según plantean, existe el riesgo de que esa herramienta no corrija las irregularidades existentes, sino que termine regularizándolas, consolidando un modelo urbano que profundiza los problemas actuales.