LA TECLA PATAGONIA
19/01
Cómo es gobernar en emergencia
Los políticos patagónicos gestionan sin descanso, entre el estrés y la adrenalina. Marchas y contramarchas. El desgaste social y la imposibilidad de proyectar a futuro.
Que el coronavirus no da tregua, ya no es novedad. Lejos quedaron los anhelos de una vuelta a la normalidad o la idea de instalar una agenda pospandemia. Hace tiempo que en el debate público nadie piensa en el fin, aunque sí se habla de sobrellevar la presencia del virus de la mejor manera posible, reduciendo los riesgos y esperando que la vacunación culmine en algún punto de 2021 y logre inmunizar a la mayor cantidad de personas.

Hoy, lejos de un relajamiento por parte de las autoridades, las miradas están puestas en la segunda ola de COVID19, las medidas a tomar y sus posibles consecuencias. Lo que parecía un rebrote en diciembre se instaló como una oleada de contagios consolidada, que, según las proyecciones, podría superar los números de 2020 respecto de casos y muertes. En ese escenario, dirigentes de todo el espectro político se enfrentan a la toma de decisiones a diario y la comunicación de las mismas.

La pregunta sobre cómo seguir y qué medidas tomar para perjudicar a la menor cantidad de ciudadanos posible es permanente. También el surgimiento de problemas antes impensados y la dificultad de elaborar una planificación más allá de lo urgente. En la Patagonia, los gobiernos se vieron signados por el ritmo frenético de la pandemia: afirmaciones, desmentidas, aislamientos preventivos y cambios de opinión fueron moneda corriente para los referentes de la región. 

Aunar criterios 

Uno de los mayores conflictos que mostró la idea de gobernar en emergencia fueron las fallas de comunicación, tanto hacia adentro como para afuera. El primer ejemplo se dio al momento de flexibilizar la cuarentena más dura, iniciada en marzo del año pasado, donde los anuncios no coincidían con la realidad epidemiológica de cada lugar. Allí, en la región se vio que cada gobierno adoptó su propia forma de regular actividades y actualizar restricciones. Sin embargo, en el camino hubo confusión, marchas y contramarchas. Un caso emblemático fue el de Cerro Chapelco, en Neuquén, donde un grupo de turistas se filmó en plena temporada de invierno sin respetar los protocolos y poniendo en crisis las prohibiciones del Ejecutivo.

Otro ejemplo se dio en Santa Cruz, donde las autoridades sanitarias no autorizaban el uso de Ibuprofeno inhalado como tratamiento paliativo para pacientes con COVID. La polémica llegó a enfrentar a integrantes del propio oficialismo, entre quienes defendían la postura de los especialistas y quienes pedían probar la medicina. La discusión motivó incluso marchas de vecinos, que veían en la iniciativa una posibilidad, que finalmente los expertos descartaron. El funcionamiento de las legislaturas estuvo signado también por las marchas y contramarchas: sesiones presenciales, virtuales, luego semipresenciales y, otra vez, completamente virtuales; fueron cambiando al compás de la curva de contagios. 

Sin descanso 

Históricamente, enero es un mes de descanso para todos, también para los políticos. La baja de la actividad, los recesos de verano  y la necesidad de distracción dan un respiro a los dirigentes que ostentan cargos importantes. Sin embargo, lo que va de 2021 no fue el caso, y mucho menos ante la llegada de la segunda ola, que requiere de nuevas determinaciones. El único gobernador patagónico que decidió “cortar” fue el chubutense Mariano Arcioni, quien, lejos de buscar enviar un mensaje de austeridad o dedicación plena a su trabajo, prefirió priorizar su salud mental y tomarse unas vacaciones de 15 días, período durante el cual cedió el poder a su vice, Ricardo Sastre.

La mandataria santacruceña, Alicia Kirchner, recibió el año con COVID. Su caso encendió las alarmas, por tratarse de una paciente de riesgo, ya que tiene 74 años; pero rápidamente, los temores se disiparon al comprobar que su tránsito por la enfermedad se dio de manera asintomática. “No paró un minuto, siguió intensa como siempre”, confesó un importante funcionario a este medio. Al obtener el alta, la Gobernadora volvió inmediatamente a la actividad oficial.

La rionegrina Arabela Carreras y el neuquino Omar Gutiérrez optaron por vacunarse. Fueron los únicos mandatarios de la región en hacerlo, como parte del mensaje de confianza acordado con el presidente de la Nación de cara a la sociedad. En el transcurso de la pandemia, Gutiérrez debió aislarse dos veces por contacto estrecho con un caso positivo, pero eso no le impidió seguir trabajando desde su casa.

Carreras, por su parte, fue la única mandataria que estrenó poder durante 2020. Su labor fue doble, ya que no solo debió consolidarse en el cargo y aceitar el funcionamiento de su equipo, sino que también lo hizo con el agravante de la emergencia sanitaria y la multiplicidad de disposiciones demandadas a diario por la gestión de la crisis. En su caso incurrió en un cambio de opinión, ya que en diciembre adelantó que no se daría la vacuna y esperaría su turno, postura que luego revió en enero, cuando se aplicó la Sputnik V.

Visiblemente cansados, pegados a una pantalla durante horas, con el barbijo puesto más de lo habitual, los mandatarios fueron la muestra cabal de lo que genera conducir en situaciones límite, como la actual. Arriba y abajo, del primero al último de los funcionarios, políticos y ciudadanos, todos experimentaron durante este tiempo lo que es gobernar en emergencia.

Mario Riorda (Consultor en Estrategia y Comunicación política) 

“Me parece importante que la agenda deba ser matizada con otros temas” 


El especialista en comunicación política Mario Riorda dijo a La Tecla Patagonia que “se mezclan problemas de comunicación con problemas de percepción. Las personas son proclives a tolerar altos niveles de riesgo en actividades que suponen les traen altos beneficios. La percepción del riesgo distorsiona fácilmente al riesgo real. La emisión de un mensaje propicio para que la aceptación del riesgo sea lo más voluntaria posible es lo recomendable”. Asimismo, sobre las marchas y contramarchas, Riorda aseguró: “La información sobre el coronavirus, por ejemplo, está evolucionando todo el tiempo; por eso conduce a revisiones constantes de las evaluaciones. Las personas creen generalmente que un resultado siempre fue más probable una vez que saben qué sucedió. Durante meses, o incluso semanas, esto puede llevar a la percepción de que las autoridades ‘deberían haber sabido’ hacia dónde se dirigían los eventos, cuando, en realidad, la incertidumbre era muy grande”. A la vez recomendó “ser claros sobre el grado de incertidumbre y recordarle a la gente esa incertidumbre”. El especialista consideró que “los gobiernos, al igual que la sociedad, están hastiados de la gestión pandémica, pero no implica que deba salirse de la agenda centralizada en esos temas. Si se sale, el riesgo son contagios y vidas”; aunque aclaró: “Me parece importante que la agenda deba ser matizada con otros temas”. Por último, Riorda consideró que “la comunicación del riesgo se torna importante para mejorar o empeorar la percepción del peligro y, por ende, cualquier nivel de gobierno tiene responsabilidad.

Ines Acuña (Especialista en Psicología Política UNCO) 

“Este virus afecta tanto a la salud física como a la mental” 


Inés Acuña, doctora en Psicología e investigadora de la Universidad Nacional del Comahue, aseguró a este medio: “Creo conveniente transformar la agenda COVID en lugar de ‘salir de ella’. Como instrumento político que vincula a los órganos del poder con la sociedad en general, la agenda COVID es imprescindible”. Agregó que “lo que no resulta conveniente es una agenda COVID de polarización ideológica, cuyos efectos individuales y sociales afectan a la salud mental de toda la población, incluidas las dirigencias”. Respecto de la toma de decisiones, Acuña consideró que “las condiciones de urgencia e incertidumbre a nivel mundial permiten disponer solamente de alternativas inmediatas. Si bien la planificación a largo plazo puede ser deseable, no creo que sea realista en un contexto como el actual”. Sobre las medidas gubernamentales hizo hincapié en que “si observamos las decisiones que se toman en diferentes lugares del mundo veremos que la presión sobre los sistemas económicos, de salud y el intento de mantener los medios de vida son elementos constantes, pero, por ahora, ninguna alternativa se muestra como ´la solución´”. Agregó que “como seres humanos estamos lidiando con una experiencia que vulnera las creencias más arraigadas de nuestros sistemas, nos enfrenta a lo incierto, a lo desconocido, a lo temido; es dable suponer que ello afectará nuestras decisiones”.
Por último, Acuña resaltó que “este virus afecta tanto a la salud fí sica como a la salud mental de diferentes formas. Hasta el momento, los estudios señalan la influencia en las distintas áreas del comportamiento, destacando que los recursos individuales (biológicos, psicológicos, sociales y culturales) disponibles para afrontar las circunstancias son los que marcan diferencias”.

Sebastián Magallanes (Consultor en Proyectos Digitales) 

“La sobreinformación de noticias negativa genera malestar
” 

El consultor Sebastián Magallanes aseguró que “la pandemia desnudó uno de los mayores problemas que hay en todos los gobiernos, que es la comunicación y la desinformación. Se vio en sectores que habitualmente estaban callados y no salían a exponer su voz y ahora salieron a decir lo que les pasaba, a reclamar una solución a sus problemas, como los sectores comerciales, que se vieron afectados fuertemente”.

El especialista en medios digitales y audiencias recalcó que “el rol de los gobiernos es afinar esas cuestiones, porque, si bien nadie estaba preparado, muchas veces hay que volver a decir las cosas, claramente, dejando eufemismos de lado”. Asimismo, el especialista resaltó: “Es fundamental brindar otras informaciones dentro de lo que se puede. La sobreinformación de noticias negativas genera malestar en las personas. Se vio reflejado en diferentes formas de consumo. Hay que manejar con mucha mesura la curaduría de información y abordar otros contenidos”. Al tiempo advirtió que “el antitiming puede generar voces en contra, sobre todo para políticos, donde en momentos que no se debe se utiliza para hacer campaña, y no es lo que la gente quiere escuchar”. Por último, Magallanes consideró que “hay un desgaste por la sobreinformación. Es fundamental unificar los criterios y las formas con que se comunica, para evitarlo. Trabajar con diferentes estrategias en distintas plataformas digitales”.