INFORME ESPECIAL
24/07
“La pandemia está siendo utilizada políticamente”
Mano a mano con La Tecla, el Arzobispo de La Plata, Víctor Fernández, analiza la situación económica, política y social que atraviesa el país en este contexto de pandemia. Entre otras cosas, señala sin vueltas que no cree que esté en riesgo la libertad de expresión. Y presiona, sutilmente, por la vuelta de las misas
Desde el aislamiento y a la espera de la vuelta de las celebraciones religiosas, el Arzobispo de La Plata, Víctor Fernández, se muestra esperanzado de cara a lo que viene, aunque no deja de marcar situaciones que a las claras aparecen como preocupantes. Por caso, considera que dentro de algún tiempo dejará de hablarse de la preocupante situación del Conurbano,  y otra vez quedará en el olvido.
Ya metido en el plano más político, consultado por los recientes reclamos de falta de asistencia de Margarita Barrientos, señala que los recursos del estado son limitados y que sería bueno que “aporten un poco más las empresas que han seguido ganando durante la cuarentena”. Además, no considera que esté en riesgo la libertad de expresión. “En Argentina todos dice lo que se les antoja”, afirma.

La situación de la pobreza era alarmante antes de la pandemia... ¿Y ahora? ¿Cómo la ve?
-Es evidente que la pobreza y la miseria han crecido. Pasada la cuarentena es previsible una profundización de las dificultades, porque la movilidad y la apertura generan más gastos a las familias. Pero además de las familias hay muchas instituciones acogotadas que ven peligrar su funcionamiento.

-Se habla de una caída de la economía sin precedentes... ¿Qué se hace?
-Lo primero que hay que hacer es ayudar a comprender que para semejante crisis nadie tendrá la varita mágica, la recuperación será lenta y dependerá de muchos factores. Lo que está claro es que esto exigirá una mirada capaz de ir más allá de las propias broncas y límites. Una cosa es la situación del que no tiene para comer, que necesariamente debe ser resuelta. Los demás tendremos que asumir que sólo podremos salir entre todos y aceptando que las soluciones y la normalización necesitarán bastante tiempo.



-¿Alcanza con la asistencia del gobierno? Margarita Barrientos señaló por ejemplo que la ayuda que recibía de particulares y empresas decreció en un 90% y que no logra obtener respuesta del estado…
-Hay instituciones que han dependido mucho del gobierno; otras menos. Los recursos del Estado son limitados y sería necesario que las empresas que han seguido ganando en la cuarentena aporten un poco más, sobre todo en alimentos.

-¿Cuál es rol de la Iglesia en este crítico momento?
-La Iglesia, como siempre en este tipo de circunstancias, hace un aporte enorme. Caritas funciona a pleno y tiene una presencia capilar en el territorio. Además, cuenta con un prestigio bien ganado debido a que ayuda sin intereses políticos, sin mirar a quién vota la persona e incluso prescindiendo de sus ideas y religión. A su vez, por esa presencia capilar, puede discernir quiénes son los que necesitan más ayuda. Por otra parte, la Iglesia cumple una función importante de contención espiritual ayudando a llevar calma a las personas y a superar situaciones conflictivas. En La Plata desde el comienzo colaboramos en los comités barriales en orden a encauzar las necesidades de los distintos barrios.

-A principios de julio, un grupo de sacerdotes denominado Curas en Barriadas, de la Diócesis de San Justo (La Matanza), difundió un duro comunicado con un pronunciamiento crítico sobre el abordaje de la pandemia del coronavirus en villas y asentamientos de La Matanza. Entre otras cosas, reprocharon la tardanza en "realizar los testeos" y que, "en algunos casos, han sido simplemente encuestas".
-Es una opinión. Los curas no somos epidemiólogos. El criterio que se asumió en Argentina es el de aplicar los hisopados para coronavirus sólo a las personas que presentan síntomas. Por eso se hacen las "encuestas" que mencionaron esos curas. Me explicaron algunos especialistas que los hisopados a personas sin síntomas corren el riesgo de que la persona que recibe un resultado negativo se relaje y deje de cuidarse. Por otro lado, muchos sostienen que los asintomáticos tienen una carga viral baja que hace más difícil el contagio, siempre que mantengan los cuidados básicos de distanciamiento y barbijo. Creo que la opinión de esos curas viene de su pasión por cuidar a la gente, pero ellos no pueden imponer un criterio epidemiológico.

-El ministro de Desarrollo bonaerense habló el otro día de mucha gente nueva pidiendo comida, que antes jamás ni siquiera lo hubieran pensado. ¿Se ve en Cáritas eso también?
-Mucho. Son los nuevos pobres. En realidad esos sufren doblemente: por su situación económica y por la humillación que sienten al ir a pedir por primera vez a Cáritas.

-Siempre está en contacto con diferentes párrocos del Conurbano... ¿Qué le dicen de lo que se está viviendo?
-Están admirados por la paciencia de la gente. Algunos temían que a esta altura se produjeran más disturbios.

-¿Ve una situación semejante a 2001 de cara a los próximos meses, como dijo el intendente de José C. Paz, Mario Ishii?
-No son comparables por varias razones. Ahora se trata de una situación internacional, y aun los países ricos están interesados en evitar una hecatombe mundial. Por otra parte, esta situación tiene un alto componente sanitario del cual no se puede culpar a nadie. Si bien ya teníamos límites económicos debidos a malas administraciones, hay países más serios que nosotros que están en situaciones parecidas. Italia y España necesitan la ayuda de la Unión Europea para poder salir. No se puede comparar con países como Uruguay o Paraguay, mucho más manejables por su menor población y por no tener grandes conglomerados.

-¿Se hizo demasiado larga la cuarentena?
-Muy larga y árida.  Pero no sabría decir si teníamos otras opciones. El comportamiento del virus no ha sido homogéneo en todo el mundo y aquí nos tocó lo que nos tocó.



-¿Qué ha hablado con el Papa sobre lo que se está viviendo en Argentina y el resto del mundo?
-Él está siempre muy interesado, sobre todo en lo que se relaciona con los más desprotegidos. 

-"Los mayores desafíos políticos se plantearán en los próximos meses, cuando esto adquirirá una complejidad mucho mayor (sanitaria, económica, social, cultural). Entonces se probará con más claridad la capacidad efectiva y la coordinación de los equipos del gobierno..." Esto es suyo, de hace tres meses, cuando hablamos de la actuación del gobierno... ¿Cómo lo ve ahora?
-Creo que todos esperamos que pronto comiencen a explicitarse los cauces que se implementarán en los próximos meses para empezar a arreglar el tendal que dejará esta pandemia en todos los órdenes. Supongo que todas las áreas del gobierno están trabajando en esta línea, más allá de la urgencia sanitaria, pero en algún momento será necesario que eso se transparente ante la opinión pública.

-¿Le preocupa la situación del Conurbano, que es donde los especialistas señalan que se puede pasarla peor?
-En realidad esto desnuda una situación que ya existía, y que no era mucho mensos dramática antes de la pandemia. Pero dentro de unos meses nos olvidaremos nuevamente.

-¿Qué siente en lo personal con todo lo que está pasando? ¿Qué habla con Dios o con su almohada? ¿Tiene miedo de lo que pueda venir?
-Tengo esperanza

-¿Se recupera el tiempo perdido? 
-La vida es corta y lo que pasó, pasó. Por eso durante la cuarentena me preocupé mucho por mandar mensajes y videos tratando de ayudar a la gente a no pasarla tan mal.

-¿Al coronavirus le tiene miedo? ¿Y a la muerte?
-Me gustaría vivir muchos años más pero tengo una salud frágil y tengo más consciencia de mis límites y de mi finitud. No sé de qué enfermedad, pero dentro de algunos años me moriré.



La vuelta de las misas
“Hay municipios con muy pocos casos donde los intendentes se muestran muy reacios a todo lo religioso”


-"Si la sagrada comunión no puede darse en los templos debe darse en las calles porque Jesús es el que sana y cura. El Santísimo está secuestrado", dijo Carrió. Tiene que ver, aparentemente, con la falta de misa. Qué opinión le merece esta frase? Y qué no se pueda celebrar la misa...
-Sin duda la fe puede ayudar a la salud espiritual e incluso física, pero eso no implica ser imprudentes y exponernos innecesariamente o imprudentemente. No cabe exigirle a Dios lo que podemos hacer nosotros. En realidad en este momento en los lugares del país donde hay pocos contagios la gente tiene cómo acceder a los templos y pedir la comunión. Sin embargo hay municipios con muy pocos casos donde los intendentes se muestran muy reacios a todo lo religioso. Es cierto que a esta altura nosotros estamos pidiendo una reapertura gradual, aun en el AMBA, en la medida en que se vayan habilitando otras actividades análogas. En muchos templos puede haber incluso Misa con las personas ubicadas a tres metros de distancia entre sí, y con otras medidas que se agregan, el contagio parece prácticamente imposible. Pero comprendemos las medidas que se tomaron porque lo que para nosotros es un acto religioso, en su materialidad es una reunión de personas que puede dar lugar a contagios. Y a la autoridad sanitaria no podemos exigirle que mire ese acto desde el punto de vista sobrenatural. De todos modos, cuando se dan las condiciones para que el riesgo de contagio quede minimizado, no debería restringirse la libertad de culto.





“En Argentina todos dicen lo que se les antoja, no advierto que esté en riesgo la libertad de expresión”

-"Quizás ese sea uno de los mensajes positivos que podrá dejarnos esto: que es posible trabajar juntos e incluso con cordialidad. Percibo detrás de esto un fuerte llamado a la amistad social y a la fraternidad universal". Esta frase es suya, de hace tres meses. Sigue pensando lo mismo? A veces pareciera que la grieta es cada vez más profunda...
-Lamentablemente en las últimas semanas esta tragedia comenzó a ser instrumentalizada políticamente. Yo respeto a quien quiere hacer su juego político en la búsqueda del poder. Pero creo sinceramente que ahora hay que mirar más el bien común y dejar un poco de lado las emociones partidarias.
-¿Cómo se sale de esa grieta?
-Si no somos capaces de salir en tragedias como esta, no saldremos nunca. Pero no es un problema argentino. La política mundial está muy degradada. Basta mirar lo que pasa en los demás países. Uno podría decir que hay  algunas excepciones como Alemania, pero aun allí en estos meses hubo un resurgimiento de agrupaciones nazis.
-¿Está en peligro la libertad de expresión, como señalan desde un sector de la oposición y también ciertos medios?
-En Argentina todos dicen lo que se les antoja. Sinceramente no advierto ese riesgo. Sobre todo si uno mira hasta dónde se llega en otros países como Estados Unidos, Bolivia, etc.


El aborto en tiempos de pandemia

-Ya anunció el presidente que está pronto a enviar al Congreso un nuevo proyecto de aborto legal... ¿Más allá de la posición de la Iglesia, cree que en algún momento se va a terminar aprobando?
-No lo sé. De hecho en varias ciudades en estos días se está habilitando el protocolo para la interrupción del embarazo, y en la práctica una ley no le agregará mucho más. Lo que me llama la atención es que haya tanto interés en ese tema cuando estamos en una situación dramática que afecta y afectará a millones de personas y que requeriría usar todo el tiempo y las energías para empezar a encontrar soluciones.