ENTREVISTA
02/05
Víctor Fernández: "El Papa me hace muchas preguntas para entender lo que pasa"
Guardado en el arzobispado, Víctor Fernández conversa con La Tecla, a través del correo electrónico, respecto de diversos temas relacionados con la pandemia: la política y la unidad, y la economía que se viene, entre otros
Al igual que la mayoría del resto de los mortales, el Arzobispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández, cumple de manera estricta con el aislamiento obligatorio decretado por el gobierno nacional. Desde el edificio ubicado en la esquina de 53 y 14, frente a la catedral, analiza las diversas vicisitudes provocadas por la pandemia. Y entre otras cosas, se muestra preocupado por la situación del Conurbano, opina sobre las medidas llevadas adelante por el presidente y habla de la relación que mantiene por estos días con el Papa Francisco. 

-¿Cómo vive en lo personal el encierro?
-En encierro me tiró por tierra miles de planes que requerían encuentros presenciales. Me devuelve un espíritu de humildad y de docilidad ante la realidad. Yo creo que Dios escribe sus trazos en medio de cualquier confusión y esto servirá para algo. Voy siguiendo las preocupaciones de los curas, la tarea de Cáritas, el diálogo con algunos políticos sobre problemas concretos, mando mensajes y videos por las redes y muchas cosas que se pueden hacer de modo virtual. Tengo permiso para movilizarme pero no quiero dar mal ejemplo. Pero la verdad es que me lleva mucho tiempo preparar la comida, limpiar, lavar, mantener el patio. 

-¿Le dedica más tiempo a la lectura, aunque sea?
-Después de muchos años postergándolo, he vuelto a leer la Odisea con mucho placer. 

-¿Ya hay ganas de que esto termine pronto?
-Tengo ganas de volver a la normalidad, y a gozar del encuentro con la gente. Por otro lado, te confieso que también a nosotros nos empieza a afectar la disminución de ingresos económicos. Pero mientras tanto trato de encontrarle el lado positivo.

-¿Se imaginó alguna vez una cosa así?
-Nunca pensé que en pleno siglo XXI pudiera ocurrir algo así que pusiera todo patas para arriba y nos hiciera sentir tanta fragilidad. Yo sabía que nuestra pretensión de omnipotencia en algún momento nos traería problemas. También estaba seguro de que el abuso de la naturaleza de alguna manera iba a mostrar síntomas de saturación (ahora muchos científicos dicen que las pandemias serán cada vez más frecuentes). Sin embargo prefería evitar un espíritu apocalíptico por temor a la irracionalidad. Pero esto confirmó aquellos temores que prefería ocultar detrás de una tensa normalidad.

-¿Qué análisis hace del accionar del presidente Alberto Fernández?
-Si uno compara con Trump (Donald, Estados Unidos), Bolsonaro (Jair, Brasil) y otros, nuestro presidente se luce.



-¿Comparte eso de "primero la salud, después la economía"?
-El slogan sería más largo: "primero el ser humano, y la economía subordinada al bien de todas las personas". Estoy de acuerdo con su perspectiva social e inclusiva. Pero los mayores desafíos políticos se plantearán en los próximos meses, cuando esto adquirirá una complejidad mucho mayor (sanitaria, económica, social, cultural). Entonces se probará con más claridad la capacidad efectiva y la coordinación de los equipos del gobierno.

-Teniendo en cuenta que siempre habló de una política unida, sin grietas, ¿cómo vive este momento de la política, donde al parecer, oficialismo y oposición patean para el mismo lado?
-Quizás ese sea uno de los mensajes positivos que podrá dejarnos esto: que es posible trabajar juntos e incluso con cordialidad. Percibo detrás de esto un fuerte llamado a la amistad social y a la fraternidad universal. De hecho, esto desnuda la necesidad de que los países trabajen y crezcan más coordinadamente porque muestra que hay problemas que los países aislados no podrán enfrentar a largo plazo. Ojalá que después de lo que nos está pasando no vuelva a imperar el sálvese quien pueda sino que nazca una humanidad distinta.

-¿Le preocupa la situación del Conurbano, qué es donde los especialistas señalan que se puede pasarla peor? ¿Mantiene diálogo permanente con los curas villeros y párrocos de los barrios más humildes del Gran Buenos Aires?
-Soy muy amigo de Monseñor Carrara que es mi fuente principal de información sobre los barrios más pobres. Está claro que en las zonas más pobres del Conurbano se rompen todos los esquemas y no es posible aplicar los mismos criterios que en  el centro de La Plata o en barrio Belgrano. Pero también es cierto que el virus tiene comportamientos tan extraños, variados e impredecibles que no podemos decir nada con seguridad. Hay países donde los peores problemas se están dando en zonas ricas.

-¿Se incrementó mucho en este tiempo el trabajo de Cáritas?
-Mucho, y se ha vuelto más complejo. Nos quedamos rápidamente sin insumos. Tratamos de acompañar algunas situaciones más dolorosas, y por eso ofrecimos un edificio para recibir a personas en situación de calle. También ofrecimos lugares con más de 60 camas para recibir enfermos cuando sea necesario. Pero vemos que hay muchos grupos queriendo repartir alimentos y eso puede llegar a generar una descoordinación y peleas inútiles. La ventaja de Caritas es su capilaridad y su larga experiencia, no sólo local sino mundial. Todos los días estoy conversando con el director para estar al tanto de cada paso.

-Tenía una buena relación con Vidal. ¿También la tiene con Kicillof?
-Tengo una relación de afecto y cercanía con el Gobernador. Conversamos largo antes de su asunción y solemos comunicarnos a través de mensajitos. Él sabe que en algunos puntos no estamos de acuerdo pero que también hay mucho en común. Espero que después de todo esto podamos volver a conversar.

-¿Habla seguido con el Papa? ¿Qué le dice de todo esto? ¿Cómo está él viviendo esta situación?
-No tengo un teléfono donde llamarlo, pero le escribo y él me llama. Últimamente me llama más seguido porque se ha reducido su actividad allá. Me hace muchas preguntas para poder entender lo que está pasando. Seguramente llamará a personas de distintos países. Él se hace un panorama no sólo a través de los informes que le hacen en el Vaticano sino también por sus propios contactos telefónicos.


Las cosas que más extraña 
-¿Qué es lo que más extraña de la vida que llevábamos hasta un mes y pico?
-Me encanta visitar los barrios, encontrarme con la gente en las parroquias. Para mí era una fiesta de los fines de semana. También disfruto mucho de algunos actos más grandes con toda la Arquidiócesis donde se palpita la fuerza comunitaria de la fe. Extraño mucho eso.


De viajes, pobres y salud
Los cambios de actitud de las personas, claves de cara al futuro


-¿Puede el coronavirus llegar a ser un antes y un después?
-Depende. No aprendemos tan fácil y hoy tenemos muchos recursos para esconder las cosas más hondas detrás de las distracciones. En otras épocas la gente aprendía mucho de estas experiencias. Ahora no necesariamente. Después de la segunda guerra mundial se despertó una gran obsesión por el consumo, por una libertad sin límites. Ahora también puede ocurrir que apenas amaine la pandemia muchos salgan obsesionados a querer viajar y disfrutar como locos. ¿Y los pobres aguantarán viendo eso? En ese caso no se habrá aprendido nada. Otros, al contrario, podrán optar conscientemente por una vida más discreta, capaz de disfrutar las pequeñas cosas y de compartir más, valorando especialmente las relaciones humanas, tratando de hacer algo bueno por el mundo. Las circunstancias no producen cambios importantes si no hay cambios de actitud en las personas. Yo propongo que aprovechemos este tiempo para preguntarnos sinceramente y a fondo en qué queremos gastar nuestros próximos años. Por otro lado, veo que en realidad el único cambio que se prevé es que los Estados invertirán más en salud (los países del norte de Europa, Corea, y otros que hicieron una gran inversión en salud en las últimas décadas, son los que mejor la están pasando ahora). Pero el asunto es algo más que invertir en salud. Si no se cambia el paradigma mundial, la orientación de la marcha del mundo, hoy será una pandemia y mañana será otra gran crisis.





“Profundidad interior
“Quedará evidenciado que no bastan la libertad y el consumo”


-¿Cómo cree que se va a salir de todo esto, ya que todo indica que la economía a va a quedar muy dañada?
-Será duro, y veremos qué capacidad de paciencia puede tener la gente ante lo que se irá presentando, porque los problemas se prolongarán por bastante tiempo. Por otro lado, parece que un país exportador de alimentos como el nuestro puede tener algunas ventajas. Pero hay un aspecto espiritual  y psicológico al cual habrá que prestarle mucha atención. Yo creo que una vida demasiado atada a las pantallas y dispositivos no es satisfactoria, a la larga no hace bien. Por otro lado, todo lo que sean espectáculos, recitales, encuentros masivos, posiblemente no podrán hacerse por más de un año. Las personas acostumbradas a una distracción permanente, ¿qué recursos tendrán para no sentirse abrumadas? En situaciones como esta se mostrará mejor que no bastan la libertad y el consumo. Hace falta también tener alguna profundidad interior, una capacidad de disfrutar de la lectura, de la música, del arte, de las cosas simples. Los lugares donde la gente está acostumbrada a una vida más simplificada y con menos distracciones quizás podrán resistir mejor. Quiero ver si se alcanza a descubrir este desafío de desarrollar una humanidad mejor en sí misma y no sólo cargada de recursos tecnológicos y de distracciones.


Pandemia y oportunidades
La posibilidad de repensar la estructura tributaria y económica


-En el oficialismo hablan de la necesidad de cambiar la estructura tributaria no solo en Argentina, sino a nivel mundial, y que los ricos paguen más impuestos que los trabajadores. ¿Comparte?
-Antes de la pandemia ya se hablaba de esto. Por ejemplo, frente al avance en la robotización que comenzaba a dejar mucha gente sin trabajo, en Francia se pensaba en un fuerte impuesto a los robots que no los volviera competitivos frente al costo del trabajo humano. En el mundo se estaba avanzando furiosamente hacia una economía con costos laborales cada vez más bajos para maximizar las ganancias de las empresas. Eso iba a terminar provocando una crisis peor que la pandemia (porque es un verso que las nuevas teconologías crearán más trabajo que antes, lo que se quiere es reducir los costos humanos). Gracias a Dios esta pandemia obliga a poner un freno a esa obsesión y nos abre la posibilidad de repensar toda la estructura tributaria y económica desde otro punto de vista.