21 de enero de 2026
LA TECLA MAR DEL PLATA
Una millonaria concesión suma un nuevo conflicto legal en plena temporada estival
Mientras la firma Minella Stadium S.A. exige un canon millonario a los clubes locales ignorando la normativa vigente, el intendente interino Agustín Neme enfrenta el costo político de una privatización que prometió soluciones y hoy cosecha incertidumbre legal, retrasos en las obras y sombras judiciales.

En plena efervescencia de la temporada de verano, cuando Mar del Plata se convierte en el epicentro de la atención política y mediática del país, el Parque de los Deportes “Teodoro Bronzini” vuelve a quedar en el ojo de la tormenta. Lo que el oficialismo presentó el año pasado como una transformación histórica para rescatar al Estadio José María Minella y al Polideportivo Islas Malvinas del abandono, ha derivado en un escenario de tensión institucional y financiera. La concesionaria Minella Stadium S.A. comenzó a exigir a los clubes locales —emblemas de la ciudad como Aldosivi, Alvarado, Peñarol y Unión— el pago de cánones operativos para utilizar las instalaciones, una decisión que colisiona frontalmente con la Ordenanza 24.264, la cual exime explícitamente a las instituciones marplatenses de alta competencia de tales erogaciones.
Esta nueva polémica no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un complejo entramado de intereses y omisiones. La estrategia de la empresa, que argumenta que bajo su gerenciamiento los estadios han dejado de ser "escenarios municipales" para efectos de la norma, choca con el pliego de bases y condiciones de la licitación. Dicho documento obliga al concesionario a ajustar su actividad a las ordenanzas vigentes, entre las que figura el apoyo al deporte local como política de Estado. Sin embargo, lo que antes era un derecho garantizado por ley, hoy se ha convertido en una mesa de negociación privada donde algunos clubes ya han cedido bajo resignación, mientras otros resisten una medida que amenaza sus presupuestos, ya de por sí golpeados por la realidad económica nacional.
El impacto político de esta maniobra recae con fuerza sobre el despacho principal de la Comuna. El actual intendente interino, Agustín Neme, quien fuera una de las voces cantantes en el Concejo Deliberante para defender la entrega del patrimonio deportivo a manos privadas, se encuentra hoy en la incómoda posición de arbitrar una situación que él mismo ayudó a gestar. El discurso oficialista, que en su momento pedía terminar con los "privilegios" de los clubes y cuestionaba los costos operativos para el municipio, parece haberle dado la hoja de ruta a la empresa para avanzar sobre las economías de las instituciones deportivas. Sin embargo, el costo de esta decisión trasciende lo contable: en el inicio de un año legislativo con un Concejo Deliberante recientemente renovado, la oposición ya prepara pedidos de informes para determinar por qué el Ejecutivo permite que una firma privada ignore una ordenanza que nunca fue derogada ni modificada.
A este conflicto por los aranceles se suma un clima de desconfianza que ya sobrevuela el sector empresarial y artístico. Si la concesionaria es capaz de alterar las reglas de juego con las instituciones históricas de la ciudad, los promotores nacionales e internacionales de espectáculos y eventos deportivos comienzan a ver a Mar del Plata como una plaza con baja seguridad jurídica. El temor a que los "gastos operativos" se conviertan en una variable arbitraria podría espantar los flamantes y diversos eventos que la firma prometió para el predio. Todo esto sucede mientras la sombra de las investigaciones federales sobre Eduardo Spinosa y la financiera Sur Finanzas —vinculada al armado original de la concesionaria— sigue proyectando dudas sobre la idoneidad moral de los actores que hoy tienen las llaves del patrimonio marplatense.
Para los vecinos y el mundo del deporte, la realidad es amarga. Mientras la empresa solicitó una prórroga de 30 días para presentar el proyecto ejecutivo de obras —postergando una vez más las reformas estructurales urgentes—, el cobro a los clubes se implementó con una celeridad sorprendente. Por ahora, el "cambio de era" en el Parque de los Deportes se traduce más en alambrados perimetrales y facturas en dólares para los clubes locales que en los renders de modernidad que se exhibieron en la campaña. Mar del Plata, en su rol de vidriera nacional, muestra hoy una imagen de improvisación donde lo público y lo privado se confunden, dejando a los clubes de la ciudad como los primeros rehenes de un negocio que aún no ha puesto el primer ladrillo de su prometida transformación.