La inteligencia artificial (IA) se posiciona como una herramienta clave para combatir el alto consumo energético en los hogares, no solo automatizando tareas, sino adaptándose de forma inteligente a las rutinas de cada familia.
El aprendizaje automático permite que los electrodomésticos entiendan los patrones de uso de los usuarios y ajusten su funcionamiento para maximizar la eficiencia.
Los refrigeradores aprenden la frecuencia con la que se abre la puerta, estabilizan el motor y mantienen el nivel de frío óptimo, evitando picos de consumo y prolongando la frescura de los alimentos por más tiempo.
Los lavarropas optimizan los ciclos de lavado para hacerlos más rápidos y eficientes, lo que se traduce en un menor consumo de energía y agua sin comprometer la limpieza.
En el ámbito de la robótica doméstica, prototipos como CLOiD, un robot asistente que se comunica con otros dispositivos, ejecuta órdenes y propone acciones autónomas para optimizar recursos.
Por su parte, los televisores reducen componentes electrónicos gracias a tecnologías, mejorando la calidad de imagen y sonido mientras bajan el impacto ambiental y el consumo energético.
La IA puede generar ahorros en el hogar, optimizando también procesos internos como motores y compresores para una operación más estable y eficiente.