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Jueves, 14 noviembre 2019
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BALANCE

El debate, en debate: un formato sin tiempo, ni confrontación 

La segunda edición del debate obligatorio presidencial dejó varios interrogantes sobre cómo estuvo planteado. El tiempo de exposición, la falta de repreguntas y la poca incidencia en el electorado. Qué opinan los especialistas y cómo es en otros países del mundo.

El debate, en debate: un formato sin tiempo, ni confrontación 
Anoche, a las 21 horas, los seis candidatos presidenciales que competirán el próximo domingo 27 de octubre en las elecciones generales volvieron a debatir en televisión abierta. 

El balance que hizo la mayor parte de la audiencia fue un nuevo sin sabor, que ya se había percibido en la primera edición que tuvo lugar en la Universidad Nacional de El Litoral, en Santa Fe. 

Falta de confrontación, poco tiempo de exposición e intercambio de propuestas e ideas entre los candidatos, fueron las principales observaciones. Si bien hubo algunas chicanas, los espectadores esperaban un poco más. 

“En primer lugar, este debate llega cuando los hechos están muy consumados. En el contexto de este proceso electoral, largo, en donde hubo unas PASO, la gente consolidó su voto. El debate tiende a maximizar su punto de vista. Acá la gente ya votó, entonces para salir de eso y arrepentirse, tiene que ser muy contundente”, consideró en diálogo con LaTecla.Info el analista político Federico González, titular de la consultora que lleva su nombre.

Respecto del formato del debate, González señaló que “no es lo mejor y no da lugar a mucha reflexión y lógica argumental de mayor sustancia, pero me parece que aún dando más tiempo, exacerbaría el estilo chicanero. Ese estilo ‘Intratables’, que paradójicamente es lo que más consume la gente. El concepto mismo de debate lleva a la confrontación, que garpa más que la mesura”. 

En este sentido, para el analista, el debate tendría que ser entre dos candidatos, “o sino hacerlo antes con más candidatos y finalmente haber uno. Tiene que durar 2 o 3 horas, con reglas más flexibles que permitan a todos participar, que se ensayen distintas líneas más espontáneas”. 

Por ello, apuntó que no hay que olvidar que los candidatos son humanos y que poco pueden hacer con cómo está planteado el formato del debate. “Es muy difícil transmitir una idea y al mismo tiempo rebatir argumentos con ese clima. Lavagna creo que podría dar más, pero es un hombre de hablar pausado que tiene una gran virtud que es el pensamiento reflexivo en tiempo real, pero para eso el debate no lo ayuda. Ayuda a los verborrágicos”.  

"Si no queremos un debate aburrido pongamos a Luis Juez con Miguel del Sel y eso no va a ser aburrido, pero el punto no es que sea divertido”, concuyó González.


El debate en otros países

Si bien hubo debate en 2015, en nuestro país es obligatorio desde 2016 cuando el Congreso sancionó la ley 27.337, que otorga la responsabilidad de su organización y desarrollo a la Cámara Nacional Electoral.

En México, por ejemplo, el debate presidencial se realiza desde hace 25 años, siendo en 2018 cuando incluyó ciertas modificaciones, como la incorporación de preguntas de la audiencia, algunas tomadas de las redes sociales.

Además, se modificó la interacción entre los moderadores con los candidatos, así como la contraposición de propuestas entre los aspirantes a la presidencia.

En Estados Unidos, llamativamente, el debate no es obligatorio, pero sí tradicional. Lo organiza una ONG llamada Comisión sobre Debates Presidenciales, que prevé una interacción más participativa de los moderadores que pueden participar de las discusiones para repreguntar o intervenir.

Si bien existen preguntas establecidas previamente, el formato permite que se elaboren nuevas en el transcurso del evento. 

En Francia, por su parte, el debate se lleva adelante en la “segunda vuelta”, por lo que sólo participan dos candidatos mejor posicionados luego de una primera ronda de votación. 

En este país, el moderador tiene un papel más limitado, aunque puede intervenir para realizar una pregunta improvisada o solicitar una respuesta concreta. Además, se permite una discusión libre entre los dos candidatos. 

En Chile, por último, no hay interacción entre los candidatos, pero los moderadores sí pueden realizar preguntas específicas y personalizadas hacia uno de ellos. 
 
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