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BOROCOTAZO
Pasado, presente y futuro: efecto Othacehé
La historia de un intendente relacionado siempre con las controversias, las batallas y hasta la muerte.
Cómo queda la otrora Primera sección kirchnerista. Las puertas que se abren. El poder de “El Vasco” en la Legislatura y la palabra de sus enemigos
Pasado, presente y futuro: efecto Othacehé
El pase de Raúl Othacehé a las filas de Sergio Massa estaba decidido desde mediados del mes de enero. Se dio en el marco de un ameno almuerzo llevado a cabo en la ciudad de Pinamar. Sólo faltaba oficializarlo, darlo a conocer; aunque en el medio “El Vasco” tuvo alguna que otra pequeña duda. No era para menos. Apenas unos días atrás, a finales de diciembre de 2013, había participado del Congreso del PJ bonaerense. Se lo veía contento.

Las intensas lluvias sobre el Conurbano la semana anterior y los consecuentes problemas terminaron de convencer al viejo caudillo. Desde las zonas más afectadas de Merlo, Othacehé lanzó duras críticas a la administración provincial por la falta de obras en el río Reconquista, y luego, pensativo, regresó a su casa. La comunicación con el tigrense fue corta y concisa. “Lo hacemos el lunes”, coincidieron.

Se conocen desde hace muchos años, son viejos amigos; tanto, que “El Vasco” fue quien pagó la luna de miel de Massa y Malena Galmarini, allá por 2001. Por ese motivo, el líder del Frente Renovador hace caso omiso al pasado, ya que, como bien señalan los críticos, Othacehé tiene poco y nada de renovador. Sus veintitrés años al frente del municipio lo dicen casi todo,
y su relación con el peronismo dicen el resto.

En este caso son otras las cuestiones que pesan. Justamente, el peso de Raúl Othacehé. Más allá de los cuestionamientos, las denuncias y las causas en su contra, “El Vasco” es uno de los últimos viejos barones del Conurbano, un emblema del justicialismo. “Un ganador de elecciones, un político tiempo completo, un verdadero jefe”, resume, a modo de explicación, un joven kirchnerista de la Primera, que, en silencio, lamenta la fuga.

Como tantos otros K, teme que, tras el salto de Othacehé, la cerca se haya bajado demasiado y varios otros jefes comunales se animen a imitarlo. En el Frente Renovador, como desde el mismo día que se fundó, aguardan con los brazos abiertos. “Hay lugar para todos”, resaltan, y no paran de celebrar el arribo del veterano alcalde. Por supuesto, es mucha la historia y el agua que corrió bajo el puente, y hay excepciones.

“Tenemos la satisfacción de sumar un liderazgo nítido en Merlo, no sólo porque conocemos el gran trabajo de Othacehé acá, sino también por lo que simboliza su capacidad de gestión. En términos de trascendencia política, sumamos la experiencia de un intendente de los quilates de Raúl”, dijo Massa a la hora de la amistosa bienvenida.

Lo cierto es que el caudillo se relacionó con la gran mayoría de los presidentes y gobernadores peronistas, pero al cruzarse de bando, poco tuvo de amistoso. Se peleó con casi todos. “Siempre se las rebuscó para caer bien parado, pese a que muchas veces los cambios fueron más que abruptos, como cuando, de un día para el otro, pasó de jugar con los Rodríguez Saá a enrolarse activamente en el kirchnerismo”, cuenta un viejo PJ merlense.

Luego de una ardua militancia durante la juventud, trabajar en la Asesoría Letrada del municipio y permanecer en la Cámara de Diputados bonaerense durante cuatro años, llegó el momento de convertirse en intendente. La oportunidad se la dio su antecesor, Gustavo Green, quien, con bombos y platillos, anunció en 1991 que Raúl Alfredo Othacehé iba a ser el candidato del oficialismo. “El Vasco” aceptó, se postuló y ganó.

Ya en el sillón principal de la comuna, Othacehé mostró sus primeras diferencias con el por entonces diputado Green y despidió a unos 1.200 empleados municipales de la gestión anterior, o sea, de la gestión Green. Por si fuera poco, le realizó una denuncia por estafa con dinero público. Ambos estaban con Cafiero, pero, con el correr de los días, el flamante massista se alineó a la tropa duhaldista (de la mano de la Lipebo), y el por entonces legislador se volcó hacia el menemismo.

Las controversias no iban a quedar ahí. Cuatro años más tarde, en 1995, cuando Green estaba al frente de la Secretaría de Lucha Contra el Narcotráfico, recibió una denuncia por secuestro y tortura contra dos militantes de Othacehé que lo llevaría a prisión en 1998. Dos años antes, el lunes 15 de abril de 1996, una bomba explotó en la unidad básica del PJ local, sin dejar heridos. El viernes previo, el edificio municipal fue desalojado por amenazas de atentado.

En la Provincia había preocupación. “Aunque es muy apresurado adjudicar responsabilidades, no se descartan peleas internas como móvil de este delito”, decía Alejandro Pérez Cárrega, subsecretario de Seguridad bonaerense, en referencia al hecho y a las disputas que se venían sucediendo entre los espacios antes mencionados. Por ese entonces, Green, debido a la denuncia por secuestro y tortura, ya había renunciado al ente antidroga.

A todo esto, no se deben pasar por alto los comicios de 1995, que le significaron a Othacehé su primera reelección como jefe comunal. En las generales, la victoria fue contundente: obtuvo el 64 por ciento de los votos. Los problemas y trabas estuvieron en la interna del PJ. Allí, el que no la iba a pasar del todo bien sería Juan Carlos Lucena (aliado de Oscar Palacio, senador provincial que había sido derrotado en la interna del ´91), el dirigente que se le animó al caudillo y terminó, en medio de un acto, con una herida de bala en el pecho.

Los que conocen la historia aseguran que ésa fue la elección que más sufrió “El Vasco”, la que lo hizo transpirar de verdad. Tal vez por ese motivo, Lucena -además de político, empresario bailantero- se cansó de denunciar distintos tipos de aprietes y hostigamientos contra su persona y su familia y decidió mudar su boliche, conocido como “El Monumental”, a la vecina localidad de Moreno.

En 1999, tras ser nuevamente reelecto intendente, Othacehé fue designado por el Gobernador Carlos Ruckauf ministro de Gobierno de la Provincia. De todos modos, nunca se alejó del municipio, más allá de haber pedido licencia. “Hacía y deshacía todo desde su lujosa casa de Merlo, rara vez se lo veía por La Plata”, cuenta un ex funcionario bonaerense, ya retirado del mundillo de la política.

Una de esas raras veces fue el 10 de abril de 2001, cuando el ex senador radical y comerciante merlense Manuel de Arma intentó entregarle dos cartas tanto a él como al mandatario provincial. El hombre no tuvo suerte y, a los gritos, decidió prenderse fuego a lo bonzo en la puerta de la Gobernación. Las heridas sufridas le provocaron la muerte un par de días después.

“En Merlo, quienes no compartimos el proyecto político de Othacehé vivimos un clima de terror”, decía una de las dos cartas escritas por el fallecido dirigente, que en otro tramo agregaba: “Lloro porque no quiero morir y tengo el miedo que no tuve cuando los militares me convirtieron en el primer secuestrado de Merlo”. Conmoción, estupor y mucho más. Pero nada cambió.

Al año siguiente, el viejo caudillo regresó al municipio, luego de haber renunciado al cargo que ocupaba en Provincia. Se preparaba con fuerzas para las elecciones de 2003, las que, prácticamente de rebote, lo iban a hacer desembarcar en el kirchnerismo. En ese entonces, Eduardo Duhalde pidió que los suyos jugaran con Kirchner. Pero Othacehé, tal vez pensando en una candidatura a vicepresidente (situación que finalmente no se dio) se inclinó por Adolfo Rodríguez Saá.

Tras la primera vuelta, cuando había que optar entre Néstor Kirchner y Carlos Menem, “El Vasco”, esta vez sí, se decidió por el patagónico. Allí se iniciaba la relación del hoy hombre del massismo con el Frente para la Victoria, espacio que lo llevaría al triunfo en 2007 y 2011, años entre los que tuvo lugar la mayor cantidad de denuncias en su contra (ver aparte). “El Vasco” ya era duro, pero se ponía cada vez más duro.

El propio alcalde reconoció su condición antes de asumir como ministro de Gobierno. “Para gobernar Merlo hay que ser duro. Allí ningún intendente terminaba su mandato y las instituciones terminaban naufragando. En toda mi historia política no puedo decir que el común denominador sea mi dureza, en todo caso soy un dialoguista”, declaraba en una entrevista concedida a Página 12.

Con el kirchnerismo tuvo buenas y malas. Las buenas, sobre todo, cuando las cosas andaban un poco mejor y durante el gobierno de Néstor Kirchner. Con Cristina no fue lo mismo; aunque cuando pegó el salto al massismo, quizá a modo de saludo y despedida, Othacehé tuvo elogiosas palabras para con la Presidenta. “La respeto, la quiero”, dijo el alcalde en declaraciones radiales y, además, no la culpó por su salida. “Son decisiones políticas”, expresó.

Ya de lleno en el Frente Renovador, ese que Massa dice que a cada agresión responde con una propuesta, “El Vasco” se la agarró con Ishii, Donda, Mariotto y algún otro más. Como si nada hubiera pasado, Othacehé apunta los cañones a 2015, y apuesta de lleno a la eventual Presidencia de Massa, por cierto, contrario a las reelecciones indefinidas de los alcaldes.

¿Qué le deparará el destino al experimentado barón del Conurbano? ¿Una candidatura a Gobernador? Todo puede ser. Lo cierto es que nada ni nadie cambiarán su impronta. Al igual que en sus inicios y durante toda trayectoria, “El Vasco” será un dirigente peleador, al que difícilmente puedan torcerle el brazo cuando algo se le ponga en la cabeza.
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